Acceso a clientes

Opinión

3 de mayo de 2021 10:37

San José Obrero (I)


La Iglesia Católica celebra la Fiesta de San José Obrero el 1º de mayo. Esta celebración tiene antecedentes históricos sociales en la lucha de los trabajadores por tener mejores sueldos y condiciones de trabajo, concordes con la dignidad humana. En Estados Unidos el 1º de mayo de 1868, la Federación Americana del Trabajo convocó a una huelga general pidiendo que se estableciese la jornada máxima de trabajo de 8 horas. En Chicago se realizó la huelga, prolongándose durante los días 2 y 3 con numerosos heridos y también muertos. A partir de ese momento la voz de los trabajadores trató de unificarse y comenzó a tenerse en cuenta.

En 1889 se reunió en París, Francia, el Congreso Obrero Socialista de la llamada Segunda Internacional. Aceptaron la fecha del 1º de mayo como la jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. La fiesta del trabajo se fue extendiendo en muchos países con un carácter reivindicativo de conquistas sociales.

La Iglesia Católica, aunque no apoyó los postulados marxistas revolucionarios, luego aceptó las reivindicaciones laborales, elaborando la llamada “Doctrina Social de la Iglesia”, que se ha ido ampliando para mejorar los derechos laborales de los trabajadores, en concordancia con la dignidad de toda persona humana.

Por lo que se refiere a San José, tanto las iglesias ortodoxas y también la Iglesia Católica han promovido su veneración como esposo virginal de María y también como padre adoptivo de Jesús. Según el Evangelio de Lucas (1,26-38) María estaba desposada con José, aunque no habían convivido juntos. El Ángel Gabriel le comunicó que había sido elegida para ser la madre virginal de Jesús, dio su consentimiento. Entonces el Hijo de Dios Padre se encarnó en el seno de María, por obra y gracia de la Divina Rúaj (Espíritu).

Obviamente en aquellos tiempos los conocimientos biológicos sobre el embarazo eran escasos. Hoy podemos entender que María, como toda doncella, al llegar a la  pubertad, ovuló y en ese óvulo se encarnó el Hijo de Dios Padre, constituyéndose el cigoto,  embrión monocelular, que se fue desarrollando hasta el parto. Así nació el Hijo de Dios Padre e hijo de la Virgen María. Este es el gran misterio inescrutable de la Encarnación del Hijo de Dios.

Por lo que se refiere a José, sabemos que fue el esposo de María. Según un documento antiguo valioso, el “Protoevangelio de Santiago”, José, entre varios viudos, fue elegido por el Sumo Sacerdote Zacarías para ser el esposo virginal de María. José era un viudo ya mayor, de profesión carpintero albañil, padre de varios hijos e hijas con quienes habitaba en Nazaret, donde fue llevada María, incorporándose así a la familia de José.

Obviamente José cuando meses después de estar fuera trabajando se dio cuenta del embarazo de María, pensó que ella habría tenido relaciones con algún varón y dudaba sobre si debía dejarla. Pero según el Evangelio de Mateo (1,18-25) estando José dormido, en sueños se le apareció un Ángel quien le hizo ver que María no había tenido relaciones con ningún varón sino que su embarazo se debía a la obra de la Divina Rúaj (Espíritu). 

También el Ángel le indicó a José que debía poner al niño el nombre de Jesús, que significa “Dios Salvador”, ya que Él iba a salvar al pueblo de sus pecados. Notemos que José era considerado por la población como el padre del niño Jesús, aunque en realidad era su padre “adoptivo” que cumplió a cabalidad la noble misión de cuidar y proteger tanto a Jesús como a María.

Según el mandato del Emperador romano para empadronarse, José, por ser descendiente del Rey David tuvo que ir a Belén de Judá adonde fue acompañado de su esposa encinta. Allí María dio a luz al niño Jesús, cumpliéndose así las profecías de  Isaías (7,14) y de Miqueas (5,2). 

José, su esposa y el niño Jesús permanecieron un tiempo en Belén, donde recibieron la visita de los Sabios del Oriente que habían visto su estrella. Pero luego tuvieron que huir apresuradamente, ya que el cruel Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años, ya que esos Sabios del Oriente, en Belén nacería el Rey de los judíos. Por la noche José con su esposa y con el Hijo Jesús, huyeron de Belén y marcharon a El Cairo en Egipto. Allí permanecieron varios años, hasta que supieron la noticia de la muerte de Herodes. 

Después regresaron a Nazaret en Galilea. Allí vivió José con sus hijos e hijas anteriores a su viudez y también con María y su hijo Jesús, quien permaneció allí hasta sus 30 años. Aprendió el trabajo de su padre adoptivo, a quien ayudaría como carpintero, tal como también se le conocía a Jesús (Mateo 13,55). San Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús, afirma que hacía arados y yugos. Tal vez  basándose en esas palabras, San Isidoro de Sevilla concluye que José era herrero. En todo caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus conciudadanos, que tenía una habilidad manual, fruto de años de esfuerzo y de sudor. 

Ya en tiempos recientes, Pío IX  el año 1847 estableció para la Iglesia universal la fiesta de San José como patrono de los trabajadores, fijándola para el tercer domingo de Pascua. León XIII, en su encíclica resaltó a San José como ejemplo para los trabajadores. Pío X trasladó esta fiesta al miércoles anterior. Finalmente Pío XII en 1955, estableció con el título de San José Obrero la fiesta del 1 de mayo, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, coincidiendo así con el día que el mundo del trabajo ha fijado como su fiesta propia.

Miguel Manzanera, S.J.

26_untitled
portal

Opinión

Noticias