Opinión

28 de diciembre de 2018 08:23

San José, esposo de María y padre de Jesús


Es importante que en la Navidad contemplemos también a San José, ya que normalmente queda un tanto opacado al centrar nuestra atención en Jesús y en su madre la Virgen María como principales protagonistas. Sin embargo debemos también reconocer a San José, varón justo, esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús, tal como señalan los evangelios de Mateo y de Lucas que exponen dos genealogías de Jesús (Mt 1, 1-18; Lc 3, 23-38). Aunque no son plenamente exactas ni coincidentes, ambas reconocen a José como el padre de Jesús, aunque Lucas añade “según se creía”, ya que como ha explicado antes, la concepción de Jesús en el seno de María fue virginal sin ninguna relación sexual (Lc 1, 34-35).

En la cultura hebrea se daba al árbol genealógico una enorme importancia legal. Cada persona era conocida fundamentalmente por el clan o la tribu a la que pertenecía por el vínculo de la sangre, más que por el lugar donde nació. En las genealogías se daba mayor importancia a los varones, especialmente a los padres por tener la plenitud de derechos en la familia.

Tal como atestiguan los evangelios, Jesús nació en Belén, donde José fue a empadronarse como miembro de la casa y familia del Rey David (Lc 2, 4). Dios le había prometido: “Suscitaré de tu linaje después de ti, al que saldrá de tus entrañas y afirmaré su reino. Él edificará una casa a mi nombre, y yo restableceré su trono para siempre” (2 S7, 12-13).

Lucas relata el anuncio del ángel Gabriel a la Virgen María: “No temas, María, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc 1, 30-34). Hay que aclarar que la concepción de Jesús en el seno de María fue totalmente milagrosa, ya que ella no tuvo ninguna relación sexual. Hoy podemos explicar esa concepción indicando que María al llegar a la edad de la fertilidad ovuló, siendo su primer óvulo fecundado milagrosamente por obra de la Divina Rúaj (Espíritu) formándose un embrioncito en el que se encarnó el Hijo de Dios, naciendo a los nueve meses.

El evangelio de Mateo narra como José después de realizar unos trabajos volvió a Nazaret, se dio cuenta de que María, su prometida, estaba encinta sin haber convivido juntos. Como José era justo, pensó en marcharse a otro lugar, repudiando a la esposa en secreto. Pero en sueños se le apareció el Ángel del Señor y le dijo: “José, Hijo de David, no temas en tomar contigo a tu mujer, porque lo engendrado por ella es de la Rúaj Santa. María dará a luz y tú le pondrás por nombre Jesús (que significa “Yahveh salva”), porque él salvará al mundo de sus pecados” (Mt 1, 19-21).

José, al despertar del sueño, hizo como el Ángel le había indicado y tomó a María como esposa, quien más tarde daría a luz un hijo en Belén (Mt 1, 25). De esta manera José fue constituido como esposo de María y, por lo tanto, padre de Jesús. Según el mandato divino el niño fue circuncidado y recibió el nombre de Jesús (Mt 1, 21; Lc 1, 31). Jesús se llamaba “el Hijo del hombre”, dando a conocer su condición humana mesiánica.

Jesús vivió de manera pobre y oculta en Nazaret, pequeña aldea en Galilea, considerada poco importante. La gente le llamaba también “el hijo de José el carpintero” (Mt 13, 55; Lc 4, 22; Jn 1, 45), aunque también se le conocía como “el hijo de José y de María” (Jn 6, 42). Jesús permaneció la mayor parte de su vida en ese pueblito hasta que, después de la muerte de su padre José, teniendo ya unos 30 años, salió a predicar con Juan Bautista. Durante su vida pública los escribas letrados llegaron a descubrir su ascendencia real que luego fue más conocida. Cuando Jesús entró triunfalmente en Jerusalén la gente le vitoreaba: “¡Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor” (Mt 21, 9).

Además de la filiación davídica Jesús poseía también la filiación sacerdotal por parte de su madre María, quien al igual que su pariente Isabel, esposa del sacerdote Zacarías, descendía de la casa sacerdotal de Aarón (Lc l, 5). Esta descendencia sacerdotal apenas era conocida. Más tarde, la Carta a los Hebreos, escrita antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70, proclamó a Jesús como “el único Sumo y Eterno Sacerdote” (Hb 5-7). Se refería a un pasaje bíblico en el que Abraham fue saludado y bendecido por Melquisedec, Rey de Salem (Jerusalén), de Justicia y de Paz, Sacerdote de Dios (Gn 14, 18-20).

Según documentos antiguos, Jesús hasta sus 30 años vivió en Nazaret juntamente con sus padres y sus hermanos (Jacobo, José, Judas y Simón) y algunashermanas (Mt 13, 55-56, Mc 3, 32). Muy probablemente eran hijos de José, tenidos en un anterior matrimonio, antes de quedar viudo. Todos ellos vivieron en Nazaret formando la Sagrada Familia, bajo la autoridad de José, varón justo, humilde, trabajador y fervoroso quien, cumplida la misión que Dios le encargó, murió en los brazos de María y de Jesús, quien poco después salió a predicar el Evangelio.

El Papa Beato Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones recibidas de los fieles católicos del mundo entero, incluyendo a los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San José como Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.

Miguel Manzanera es sacerdote jesuita

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