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Opinión

20 de septiembre de 2021 16:05

Nuestra Señora de la Merced, Corredentora de cautivos


El 24 de septiembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Virgen de la Merced o de las Mercedes, como una advocación mariana que muestra la colaboración en la redención que Jesús Redentor ha encomendado a María. El origen de esta advocación, muy extendida en España y otros países católicos europeos y latinoamericanos, se remonta al inicio del siglo XIII. Los musulmanes mantenían bajo su dominio gran parte del sur y del levante de la actual España. Además merodeaban en el Mar Mediterráneo, atacando a los barcos y llevándose cautivos al Norte de África a muchos cristianos para exigir un rescate a los que solicitaban su rescate.

Pedro Nolasco, un fiel católico que se encontraba en Barcelona, tuvo una visión de la Virgen invitándole a rescatar a los infortunados cautivos. Pedro aceptó esa invitación. Se las ingenió para reunir algunos colaboradores y conseguir  el dinero necesario para viajar en barco al territorio de los musulmanes, actual Marruecos, en el año 1203 consiguiendo el rescate de unos 300 encarcelados en situación inhumana. Después siguió haciendo nuevos viajes y rescatara más cautivos. La Virgen María se le apareció a Pedro Nolasco, bendiciendo su iniciativa. En 1218, juntamente con algunos compañeros y con el apoyo de Raymundo de Peñafort y del Rey Jaime I de Aragón, fundaron la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced para redimir a los cristianos cautivos en poder de los moros.

La Orden de la Merced fue aprobada en 1235 por el Papa Gregorio IXcomo orden religiosa militar bajo el patrocinio de la "Virgen de la Misericordia de los Cautivos". Los frailes mercedarios vestían el hábito blanco según el modelo que llevaba la Virgen en su aparición y con el voto de quedarse prisioneros si fuese necesario para liberar a los encarcelados. Lograron liberar a miles de cristianos prisioneros. La devoción a Nuestra Señora de la Merced se extendió muy pronto en Cataluña y en otros territorios que hoy forman España, Italia y Francia.

Cuando Cristóbal Colón con sus navegantes arribó a las costas desconocidas, los navegantes pensaron que eran las Indias. Además de los soldados estaban también algunos sacerdotes y religiosos, entre ellos también quienes veneraban a la Virgen de La Merced. Notemos que la palabra merced en el idioma español de aquella época tenía dos significados más usados: El primero equivalía a un favor, como cuando se decía “Hágame la merced”. El segundo significado era más el título reverencial que se daba a una persona “Vuestra Merced”, para pedirle una gracia con la confianza de que la concederá.

Los religiosos mercedarios acompañaron a los soldados españoles, y también a los indios encarcelados y liberados, tratando de atraerles a la fe católica. Pero también tuvieron que oponerse a los abusos cometidos por los comerciantes españoles que explotaban a los indígenas haciéndoles trabajar duramente sin reconocer su dignidad humana y con bajos salarios, como sucedió en el cerro el monte de plata que atrajo a muchos negociantes convirtiendo a Potosí en una de las ciudades más pobladas del mundo y con mayores ingresos.

El culto a la Virgen de la Merced se extendiendo en los nuevos territorios latinoamericanos, entre ellos República Dominicana, Cuba, Ecuador, Perú, Colombia y Argentina. En Bolivia arraigó esa devoción, particularmente en Potosí, La Paz, Sucre, Cochabamba y Santa Cruz. En Cochabamba se venera también a la Virgen de las Mercedes como la Virgen Patriota, cuya imagen acompañaba a las tropas rebeldes en la lucha contra el ejército realista en la batalla de Amiraya, en 1811, allí la imagen perdió dos dedos de la mano derecha que más recientemente se ha restaurado.

En otra escaramuza en la ciudad de Cochabamba en 1812 varias mujeres patriotas, llamadas más tarde las “Heroínas” fueron bendecidas por la imagen antes de acudir al cerro de la Coronilla donde muchas de ellas murieron heroicamente tratando de defenderlo frente a las tropas españolas.  Cuando se proclamó la independencia de Bolivia los gobernantes de Cochabamba retiraron de la “Iglesia Matriz”  la imagen de la Virgen de la Asunta por considerarla la “Virgen de los Realistas” y la llevaron al cercano Monasterio de Santa Clara donde actualmente se la venera. En su lugar se puso a la Virgen de las Mercedes, tal como ahora se la venera en la actual catedral.

Ya en las postrimerías del siglo XIX el venerado Obispo de Cochabamba, Mons. Francisco María del Granado, solicitó al Papa León XIII la declaración de la Virgen de las Mercedes, como Patrona Cotitular, juntamente con San Sebastián, de la Diócesis de Cochabamba. El Papa León XIII por medio de la Congregación de Ritos, accedió a esa petición el 26 de noviembre de 1881.

En la actualidad se ha ampliado el patrocinio de la Virgen de la Merced a las personas encarceladas quienes la festejan con fervor implorando el perdón y la liberación. La Iglesia Católica a través de la Pastoral Carcelaria se esfuerza en llevar y acrecentar la fe de esas personas que han perdido su libertad. También es patrona de las personas adictas al alcohol, a la droga, al sexo o al dinero para que puedan liberarse esas adicciones que llegan a destruir la libertad, la salud e incluso la vida.

Además han surgido nuevas esclavitudes, provocadas por la cultura globalizada, que enfatiza el individualismo, el materialismo, el hedonismo y la violencia, que lleva a muchas personas a situaciones de marginación. La protección maternal de la Virgen de la Merced se extiende también a las personas adictas al alcohol, a las drogas y al sexo, así como a las que están esclavizadas por la prostitución o por otras ocupaciones deshumanizantes.

Hoy más que nunca necesitamos la poderosa intercesión de la Virgen que en la cruz se mantuvo fiel en medio del dolor, asociándose plenamente a la redención del Señor Jesús. Por eso muchos creyentes celebran a María, la Madre del Hijo de Dios hecho hombre, como la Corredentora, Esposa del Redentor y Madre de la Iglesia. Pidámosle que interceda ante Jesús, el único Liberador, para que seamos liberados de todas las maldades y se nos conceda el don de la verdadera libertad para aprender a amarnos unos a otros tal como Ella, asociada a la Divina Trinidad, también nos ama.

Miguel Manzanera, S.J.

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