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Opinión

9 de mayo de 2016 00:00

MUJER AHÍ TIENES A TU HIJO

ESCRITORIO 1


Estando Jesús crucificado ya a punto de morir se conmovió al ver a su madre la Virgen María juntamente con Juan, su discípulo amado, juntamente con otras mujeres al pie de la cruz, todos ellos desechos de dolor al ver al Maestro agonizante. Éste se dirigió a María diciéndole: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" y luego habló al discípulo complementando lo anterior: "He ahí a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Jn 19, 26-27).

Estas palabras de Jesús pueden interpretarse como un gesto caritativo y misericordioso hacia María y Juan para que conformasen un binomio madre e hijo. Pero hay también una interpretación válida de unos desposorios místicos entre Jesús y María, la Mujer constituida como la Nueva Eva que junto al Nuevo Adán, dan a luz a la Iglesia nacida del Corazón traspasado de Jesús agonizante. No olvidemos que, pocas horas antes en la Última Cena, Jesús manifestó su promesa de no dejar huérfanos a sus discípulos, garantizándoles que les enviaría al Espíritu Santo, la Rúaj Divina, para que como una madre les haga renacer en una sola familia.

Ambas promesas son distintas, pero se complementan en el plan de Dios. Jesús sabe que su plan redentor se ha cumplido inicialmente a cabalidad en la cruz y se hará visible en su resurrección y posteriormente en el envío del Espíritu  Santo. Ha sido derrotado Satanás, el Ángel Tentador, y será expulsado del Reino de los Cielos, aunque seguirá en la tierra tratando de tentar a los hombres y destruir el plan divino de formar una familia humana de Santidad, Verdad y Caridad. Para ello era importante que los discípulos tuviesen un doble auxilio.

La primera Auxiliadora humana será la Virgen María que como madre será amada y reverenciada por los miembros de la Iglesia que la sentirán muy cercana a sus penas y alegrías, porque ella también los padeció en su vida mortal. Por otra parte la misma Virgen María les ayudará a renacer de la Auxiliadora Divina, la Rúaj Santa, en el bautismo y así formar parte de la Familia Trinitaria. Ambas madres se complementan y de alguna manera se fusionan, aunque sin confundirlas. María es la creatura humana que alcanzó en su vida terrena una santidad inigualable, por lo que Dios la asoció a su propia Familia. En cambio la Rúaj Divina ya desde toda la eternidad formaba parte de la Familia Trinitaria (Sb 8, 22; 9, 1-6).

Jesús, antes de morir, se dio cuenta que ambas madres eran necesarias para la prosecución del cumplimiento del plan de Dios. Por eso al final de la revelación bíblica el libro del Apocalipsis refiere cómo la Iglesia creyente clamaba insistentemente: “La Rúaj Santa y la Novia claman: “¡Marana tha!” (Ap 22, 17). Esta oración hebrea significa “Ven Señor”, dirigida a Jesús”, quien se revela como el Novio que viene a desposar a su Iglesia que brotó del Corazón de Jesús en la Cruz. 

Recordemos que fue el Papa Pablo VI quien el 21 de noviembre de 1964 en la sesión de clausura de la tercera etapa conciliar, declaró a María como “Madre de la Iglesia”, la esposa de Cristo para que fuese honrada e invocada por todo el pueblo cristiano como Madre y Maestra.

También el santo Juan Pablo II, en su catequesis del 23 de abril de 1997, explicó que “Jesús en la cruz no proclamó formalmente la maternidad universal de María, pero instauró una relación materna concreta entre ella y el discípulo predilecto. En esta opción del Señor se puede descubrir la preocupación de que esa maternidad no sea interpretada en sentido vago, sino que indique la intensa y personal relación de María con cada uno de los cristianos. Ojalá que cada uno de nosotros, precisamente por esta maternidad universal concreta de María, reconozca plenamente en ella a su madre, encomendándose con confianza a su amor materno”.