Opinión

22 de noviembre de 2021 10:38

Mensaje de los Obispos de Bolivia (Resumido)

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“Les dejo la paz, les doy mi paz, no como la que da el mundo” (Juan 14,27)

Los Obispos de Bolivia, reunidos en la 109ª  Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal, mirando la realidad que vive el pueblo en nuestra Patria, queremos transmitir un mensaje de esperanza y paz a la luz del Evangelio.

Como hecho preocupante señalamos la pandemia del COVID 19 que ha traído y trae mucho sufrimiento y luto a la familia boliviana. Nos pone a prueba y nos exige responder con responsabilidad y solidaridad. Recordemos que el Señor en las bienaventuranzas (Mateo 5,4) promete consuelo a quienes lloran y elevan su mirada confiada hacia el Padre del amor y de la misericordia.

Necesitamos consenso en proyectos y leyes, pero no de dudosa constitucionalidad y sin el adecuado estudio, consenso y socialización como debe ser en un estado de derecho y plena democracia. Varios sectores del pueblo con sacrificio y renuncias han tomado medidas para abrogar estas normativas, percibidas como intento de sometimiento y vulneración de la libertad y de los derechos fundamentales.

Valoramos como un paso positivo la abrogación de una de estas leyes, con la esperanza de que se abra el diálogo sincero y constructivo sobre una agenda nacional. La respuesta a un Estado autocrático no  debe ser la confrontación en la calle, enfrentando hermanos contra hermanos. Eso genera dolor, heridas y muerte, además de odios y resentimientos que tardarán años en ser superados.

Otro problema grave al que hay que dar respuesta justa y consensuada es el avasallamiento de parques, reservas protegidas, tierras comunitarias y privadas, llevado a cabo por grupos violentos contra los derechos humanos de grupos y personas. Estos hechos quedan en la impunidad del Estado e incrementan  el riesgo de nuevos grupos irregulares con posibles vínculos con el narcotráfico.

Las Bienaventuranzas de Jesús nos abren a nuestro compromiso por la justicia y la verdad: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5,9). La necesidad de muchas familias de poseer  tierra propia en todas las regiones de Bolivia, exige un programa legal y sostenible que dé una respuesta ecuánime sin discriminaciones.

Como obispos y pastores  nos preocupan los hechos que afectan a personas y comunidades: violaciones, ultraje contra menores de edad y mujeres que llega al extremo del feminicidio, abandono y maltrato infantil, infanticidio y atentados a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
Estos delitos contradicen los valores humanos y cristianos ya que son perpetrados contra  personas inocentes con la indiferencia o complicidad de quienes están llamados a defenderlas. El verdadero diálogo nos debe llevar a ver al prójimo como a un hermano al que acoger. No dejarlo fuera de nuestro horizonte personal de vida, transformándolo en un adversario al que hay que dominar. El Papa Francisco nos recuerda que ese tipo de rechazo nos afecta a todos.

Debemos escuchar de verdad a todos los sectores del pueblo, sobre todo a quienes están afectados, para instaurar un diálogo serio, transparente y abierto, generando respuestas equitativas y consensuadas en las instancias pertinentes.  Las autoridades legítimas deben responder al clamor de los sectores involucrados, dando señales concretas y viables de buena voluntad. La escucha y el reconocimiento del otro nos ayudarán a avanzar hacia una identidad boliviana que aúne a regiones, culturas y pueblos.

Construyamos juntos Bolivia como casa común de todos los ciudadanos con sus derechos y sus deberes. Así  tendremos una vida digna de hijos de Dios en una sociedad unida, fraterna, justa y solidaria. En cambio, optar por la violencia y la confrontación nos traerá pobreza, sufrimiento y más control y limitación de la libertad.

Recordamos las próximas iniciativas de la Iglesia a nivel latinoamericano y universal. Juntos caminemos como pueblo de Dios y respondamos a estos desafíos con el testimonio de Jesús, Señor de la paz y la vida. “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Juan 10,10). Este 21 de noviembre, se reunirá la Asamblea Eclesial de América Latina y Caribe para repensar y renovar nuestro compromiso cristiano, sin miedo a las dificultades: “Nada nos separará del amor de Cristo”, nos recuerda San Pablo (Romanos 8,35).

Que esta  Asamblea Eclesial nos recuerde el compromiso de caminar juntos hacia una única meta: Anunciar la alegría del Evangelio de Cristo y ser misioneros y servidores del Reino de Dios, en un mundo sediento de autenticidad y de paz y de una “casa común” ecológica  para nosotros y las futuras generaciones. En pocas semanas llegaremos a la Navidad. Que el Niño Jesús nos ayude a construir juntos un verdadero ambiente de paz y de entendimiento para fortalecer una verdadera concordia. María, Madre de Cristo y Madre nuestra, intercede por nosotros ante tu Hijo para que seamos forjadores de vida, armonía y paz.

Miguel Manzanera, S.J.

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