Opinión

1 de marzo de 2020 07:33

Mensaje Cuaresmal


Para esta Cuaresma el Papa Francisco ha enviado este Mensaje, invitándonos a dialogar con Dios, a contemplar el Misterio Pascual y a aceptar la invitación de Cristo a la conversión. Aceptemos esta invitación y meditemos en este Misterio con la mente y con el corazón para que lo comprendamos cada vez más, nos dejemos involucrar por su dinamismo espiritual y respondamos libre y generosamente.

1. Todo cristiano debe alegrarse al escuchar y aceptar el Evangelio (Buena Noticia) de la muerte y resurrección de Jesús, como síntesis de su predicación del amor. Ese  amor es tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una amistad llena de diálogo sincero y fecundo. Este anuncio nos revela que no somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, ya que ésta nace del amor de Dios Padre y de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Juan 10,10).

Por el contrario, si nos dejamos engañar por la voz engañadora del diablo, el padre de la mentira (cf. Juan 8,45), corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, llegando incluso en la tierra a vivir ya aquí el infierno, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.

Por eso el Papa nos pide a todos y a cada uno que dialoguemos con Jesucristo en la cruz: Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez. Por eso la Pascua de Jesús no es un acontecimiento pasado, sino que, aunque fue iniciada por el Espíritu Santo, es siempre actual y nos permite mirar y tocar en la fe la carne de Jesús en tantas personas que sufren.

2. Viviendo el Misterio Pascual comprendemos y recibimos la misericordia de Dios, en un diálogo cara a cara, de corazón a corazón y de amigo a amigo con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Gálatas 2,20). Por eso es tan importante en el tiempo cuaresmal hablar con Dios para corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. Todo cristiano debe rezar con la conciencia de ser amado sin merecerlo. Lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es penetrar dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón para convertirlo cada vez más a Él y a su voluntad.

El Papa nos invita a dejarnos guiar como hizo Israel en el desierto (cf. Oseas 2,16). Así finalmente podremos escuchar a nuestro Esposo, para que su voz de resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Ojalá experimentemos su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, ni tengamos la ilusión presuntuosa de que somos nosotros quienes decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.

3. El Señor nos ofrece una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión, pero nunca la demos por supuesto. Esta nueva oportunidad debe suscitar en nosotros un sentido de agradecimiento que sacuda nuestra modorra y nuestra inclinación al mal, tanto en nuestra vida como en la de la Iglesia. Dios quiere tener el diálogo de salvación con cada uno de nosotros.

Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2ª Carta a los Corintios 5,21), cargó con todos nuestros pecados, llegando a  “poner a Dios contra Dios”, como dijo el papa Benedicto XVI (cf. Enc. “Deus caritas est”, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mateo 5,43-48).

Mediante el Misterio pascual de su Hijo Dios quiere dialogar con cada uno de nosotros para que no hagamos como hacían algunos atenienses, quienes «no se ocupaban en otra cosa sino en decir o en oír la última novedad» (Hechos 17,21). Esta charlatanería, fruto de una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos. En nuestros días puede verse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.

4. Por último hay que poner el Misterio pascual en el centro de nuestras vidas para sintamos compasión por las llagas de Cristo crucificado, presentes hoy en tantas víctimas inocentes que sufren las guerras, los abusos contra la vida, tanto el no nacido como el anciano, las múltiples formas de violencia, los desastres medioambientales, la distribución injusta de los bienes de la tierra, la trata de personas en todas sus formas y la sed desenfrenada de ganancias. Todo ello es una forma de idolatría.

Acumular bienes conlleva el riesgo de embrutecernos, ya que nos cerramos en nuestro egoísmo. Por ello el Papa invita a los varones y mujeres de buena voluntad a compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, participando así en la construcción de un mundo más justo.. Compartir con caridad nos hace más humanos. Con el Espíritu de las bienaventuranzas Debemos ocuparnos de los más pobres y necesitados.

Escuchemos el llamado de Dios a dejarnos reconciliar. Fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y con corazón abierto y sincero dialoguemos con el Señor. Así seremos sal de la tierra y luz del mundo como Jesús pide a sus discípulos (cf. Mateo 5,13-14). Invoquemos en esta Cuaresma la intercesión de la Bienaventurada Virgen María que educó al Niño Jesús a socorrer  los pobres y necesitados.

Miguel Manzanera, SJ es jesuita y teólogo

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