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Opinión

11 de febrero de 2020 10:17

Jornada Mundial del Enfermo 2020


En este año 2020 el mensaje del Papa Francisco para la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo a celebrarse el 11 de febrero lleva como título: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré”, palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo (11,28). Hacemos aquí una síntesis del mismo (P. Miguel Manzanera SJ)

Francisco subraya que estas palabras pronunciadas por Jesús “indican el camino misterioso de la gracia que se da a conocer a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados”. “Expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre”. El Papa les recuerda a los enfermos que Jesús les mira con ternura.

Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los que sufren: “que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados”. Ante la fragilidad, el dolor y la debilidad, “el Hijo de Dios no impone leyes sino que ofrece su misericordia a la humanidad herida”, sin descartar a nadie y siempre lo hace con ternura.

En este sentido cabe preguntarnos: ¿por qué Jesucristo comunica estos sentimientos? El Papa responde: “porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre”.

Francisco menciona algunas de las formas graves de sufrimiento que padecen millones de personas en todo el mundo como son las enfermedades incurables y crónicas, las patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades y las enfermedades propias de la infancia y de la vejez. Subraya también la carencia de humanidad hacia los enfermos que a menudo se percibe en estas circunstancias.

Por eso resulta necesario “personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar”, para lograr una recuperación humana integral, ya que el enfermo además de recibir los tratamientos médicos para combatir su enfermedad, espera también recibir apoyo, solicitud, atención, en definitiva, amor. Tampoco debemos olvidar que detrás de cada persona enferma hay una familia que sufre y que a su vez pide consuelo y cercanía.

En medio de este sufrimiento, el Obispo de Roma señala que Jesús al llamar especialmente a los “cansados y agobiados” se refiere a los enfermos y les dice: “Vengan a mí”. “En Él encontrarán la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en ustedes”.

El Papa saluda muy cordialmente a los médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que trabajan procurando alivio a los hermanos enfermos. “Cada intervención para diagnosticar, prevenir, curar o investigar, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo ‘persona’ está siempre antes del adjetivo ‘enferma’”. “Por lo tanto, la acción de ustedes debe priorizar constantemente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.

El Papa subraya: “la vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina, puesto que así lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida”.

Finalmente Francisco dedica un pensamiento especial al personal sanitario y a los centros que se ocupan de atender a los enfermos en países de guerra en los que “el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor”, sin olvidarse de los pobres que “no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza”. Asimismo el Papa agradece a los voluntarios “que ponen al servicio de los enfermos la imagen de Cristo Buen Samaritano con gestos de ternura y de cercanía”.

El Papa exhorta a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, para que no consideren únicamente el aspecto económico que conlleva la enfermedad, sino que también practiquen la justicia social.

Podemos añadir que este mensaje del Papa puede y debe aplicarse también a la epidemia del terrible “coronavirus” que se ha iniciado este año en China con el trágico balance de más de 400 muertos en unos 20 países. Ya es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una epidemia sanitaria internacional con múltiples focos. Pidamos al Dios de la Vida que ayude a controlar esa amenaza a la humanidad. 

El Papa Francisco concluye su mensaje encomendando a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. “A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica”.

Miguel Manzanera, S.J.

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