Opinión

2 de julio de 2018 10:09

Consagración del Cardenal Toribio P. Ticona


El 28 de junio de 2018, víspera de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el Papa Francisco consagró a 14 nuevos cardenales en un Consistorio Ordinario Público, celebrado en la Basílica de San Pedro en Roma. La Iglesia Católica cuenta ahora con 226 cardenales. De ellos, 125 tienen menos de 80 años, edad máxima, antes de declararse la vacancia, para poder elegir en votación al nuevo Papa. De ellos 72 no son europeos. De los 14 nuevos cardenales uno es boliviano: Mons. Toribio P. Ticona, Obispo Prelado emérito de Corocoro (La Paz).

La solemne celebración se inició con las oraciones e invocaciones al Dios de la Misericordia. Luego se leyó el pasaje del Evangelio de San Marcos (10,32-40). Dos discípulos, Santiago y Juan, piden a Jesús que les conceda puestos elevados en el reino de Dios. La respuesta del Señor fue muy clara: “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor” (Mc 10,43).

Después el Papa Francisco dirigió una predicación a los nuevos miembros del Colegio Cardenalicio. Les recordó que la máxima grandeza a la que pueden aspirar es el servicio al prójimo que llega hasta entregar la vida por los demás. La mayor condecoración que el cristiano puede recibir es servir al Pueblo de Dios, siguiendo el modelo de Jesús.

El Papa puso en guardia a los nuevos cardenales para ayudarles a vencer las tentaciones del egoísmo. El Obispo de Roma observó que “en la búsqueda de los propios intereses y seguridades, comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón. Poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor”, y así, “se pierde la alegría, y se termina secando el corazón”.

Este servicio al prójimo necesitado se realiza atendiendo al hambriento, al olvidado, al encarcelado, al enfermo, al tóxico-dependiente, al abandonado y a otras personas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas.

Asimismo, el Pontífice reafirmó que, sólo actuando de esta manera, la autoridad del pastor tendrá sabor a Evangelio, y no será como “un metal que resuena o un címbalo que aturde” (1 Co 13,1). Los cardenales, también llamados “príncipes de la Iglesia”, en la práctica deben comportarse como pastores para servir a la Iglesia, sin sentirse superiores a los demás ni mirarles desde arriba por encima del hombro.

Francisco exhortó a estar bien dispuestos y disponibles, especialmente en los momentos de dificultad, para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y sin provocar rechazos o estrechez de miradas. En todo caso hay que evitar pasar el tiempo discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante. El Papa puso de relieve otra enseñanza de Jesús: la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia en clave misionera, que exigen dejar de ver y velar por los propios intereses para mirar y velar por los intereses de Dios Padre.

Después de la alocución papal todos los designados han profesado la fe, recitando el Credo. Luego cada candidato se ha acercado al Papa, se ha puesto de rodillas en señal de obediencia y ha jurado fidelidad en sus nuevos cargos. El Papa ha impuesto en la cabeza de cada uno de ellos el birrete, un gorro de color rojo, símbolo de la sangre a derramar si fuera necesario en defensa de la Iglesia. Después el Papa ha entregado el anillo cardenalicio como signo de su dignidad como servidor del pueblo, unido a la Santa Iglesia Católica Romana.

Además el Papa ha otorgado a cada cardenal un título sobre una iglesia de Roma o de sus alrededores para recordarles que comparten con Él el gobierno de la Diócesis de Roma. Por último el Papa y cada uno de los cardenales han intercambiado el beso y abrazo de paz, haciendo así visible la comunión y el afecto mutuo.

Luego los nuevos cardenales han intercambiado el mismo signo entre ellos y con otros cardenales, obispos y personas presentes en la ceremonia. La solemne ceremonia concluyó con la oración de los fieles y el rezo del Padrenuestro. Al finalizar el Papa y los nuevos cardenales han salido de la Basílica Vaticana en procesión, recibiendo el aplauso de los numerosos feligreses.

Miguel Manzanera, S.J.

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