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Opinión

19 de diciembre de 2016 14:57

Año jubilar centenario de la Virgen de Fátima


Una buena noticia para todos los devotos de la Virgen María ha sido la proclamación del Año Jubilar Centenario de la Virgen de Fátima, realizada por Mons. António Marto, Obispo de Leiría-Fátima (Portugal), el 27 de noviembre de 2016, primer domingo de adviento del nuevo año litúrgico. Uniéndose a esa iniciativa el Papa Francisco ha concedido la indulgencia plenaria durante todo ese Año Jubilar que terminará el 26 de noviembre de 2017. 

Para obtener la indulgencia hay que cumplir las condiciones habituales de confesarse, comulgar y rezar el Padrenuestro y el Credo por las intenciones del Papa, además de invocar a la Virgen María. También hay que peregrinar al Santuario de la Virgen en Fátima en cualquier tiempo del Año Jubilar. Pero en lugar de ir a Portugal se puede visitar el 13 de cada mes desde mayo, día de las apariciones, hasta octubre un templo, oratorio o local adecuado, en cualquier parte del mundo donde se exponga una imagen de Nuestra Señora de Fátima. Para las personas enfermas, ancianas o impedidas de movilizarse basta rezar ante una imagen de la Virgen de Fátima en los días 13 de cada mes, entre mayo y octubre, ofreciendo sus oraciones y dolores o los sacrificios de su propia vida a Dios misericordioso, a través de María.

El Obispo de Fátima explica que la Virgen se apareció para confirmar la esperanza firme de paz. “Por eso debemos convertirnos, cambiar de actitud y revestirnos con las armas de la luz, como el rearme moral y espiritual de la conciencia de vivir la paz de Dios, la paz del corazón, la paz con los demás". 

Además subraya que “el milagro más importante de Fátima no es propiamente la danza del sol, sino la conversión del corazón y de vida de tanta gente que sucede aquí sin que se vea, y que también podemos llamar la ‘danza de conversión’, al ritmo de la música de Dios que resuena en el Magnificat de la Virgen y llena de alegría”. Debemos vivir este año como “un tiempo favorable de acción de gracias por el don de la visita y del mensaje de la Virgen y por las gracias recibidas”.

Por ello invita a realizar “la experiencia de la ternura y de la misericordia de Dios, de la devoción tierna al Inmaculado Corazón de María, de conversión y de compromiso con Dios y a favor de los otros y de la paz del mundo a ejemplo de los tres pastorcitos”. El Prelado repite el llamado de la Virgen de Fátima a “la oración y a luchar por la paz y la defensa de la dignidad de los oprimidos y de los inocentes, víctimas de guerras y genocidios sin precedentes en la historia”.

El Obispo se refiere a las apariciones de la Virgen María en Fátima a los tres pastorcitos, Lucía, Francisco y Jacinta, en 1917 en las que la Virgen para evitar la primera guerra mundial pidió la conversión de Rusia que lamentablemente no se dio.

La advocación mariana de Fátima se remonta al tiempo de la reconquista de la Península Ibérica hacia finales del siglo IX cuando las tropas cristianas expulsaron a las musulmanas hasta el río Duero. El último jefe musulmán en esa región tenía una hermosa hija llamada Fátima. Un distinguido joven católico portugués se enamoró y se casó con ella, quien abrazó la fe católica. El joven esposo puso a la localidad en la que vivían el nombre de su esposa Fátima.

Recordemos que la hija más conocida del profeta Mahoma fue Fátima az-Zahra (en árabe 'la luminosa'), transmisora de la sucesión consanguínea de su padre. Se casó con Alí, el cuarto de los califas musulmanes y primer Imán de los musulmanes chiitas. En el Corán se la venera con gran devoción al igual que a la Virgen María. Esa coincidencia pasó desapercibida durante muchos siglos hasta que en 1917 tuvieron lugar en Fátima las apariciones de la Virgen María, conocida por esa advocación. Por esa razón muchos musulmanes peregrinan allí movidos por su fe. El Arzobispo Fulton J. Sheen (1895-1979), cuya causa de beatificación está avanzada, promovió mucho esa devoción para llegar a la reconciliación entre musulmanes y cristianos.

Ante la magnitud del actual conflicto bélico en Siria y en otros países, el Papa Francisco, teme la posibilidad de desencadenarse la tercera guerra mundial de imprevisibles dimensiones mortíferas. Por ello promueve la urgencia de orar a la Virgen María de Fátima pidiéndole la reconciliación entre musulmanes y católicos para alcanzar la paz. Ya ha anunciado que peregrinará a Fátima el 12 y 13 de mayo de este Año Mariano Jubilar.

Por Miguel Manzanera, S.J.