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18 de enero de 2021 08:12

Año de San José (II)

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El Papa Francisco inauguró el 8 de diciembre de 2020 el «Año de San José» tal como expuso en su Carta Apostólica “Patris Corde” (En el corazón del Padre), que en parte hemos resumido en un anterior artículo y que ahora proseguimos.

5. Padre valiente y creativo. José recibió la valentía para superar graves dificultades. Fue el hombre por medio del cual Dios realizó el inicio inmediato de la historia de la redención. Tal como narra el Evangelio de Mateo (cap. 2) José protegió al niño Jesús y a su madre. Al llegar a Belén con María encinta no pudieron encontrar un lugar apropiado para que ella pudiera dar a luz. Pero José arregló un establo de animales hasta convertirlo en un lugar limpio para que allí naciera Jesús.

Un tiempo después vinieron a Jerusalén los Magos del Oriente buscando al Rey de los judíos que nacería en esa tierra. Al conocer esa noticia el Rey Herodes se alarmó, convocó a los sumos sacerdotes y expertos bíblicos que quienes le indicaron que el nuevo Rey habría nacido en Belén. Herodes indicó a los Magos que luego volvieran para indicarle donde estaba el Niño ya que él también quería ir a adorarle. Los Magos encontraron al Niño y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Pero luego, alertados en sueños, se volvieron a su país por otro camino.

El Ángel del Señor se apareció en sueños a José indicándole que tenía que tomar al niño y a su madre y huir a Egipto porque Herodes buscaba al Niño para matarlo. José se levantó tomó a María y al Niño y huyeron a Egipto. Según relatan algunos escritos apócrifos José allí tuvo que trabajar para cubrir los gastos de comida y residencia y afrontar los problemas concretos de una familia migrante, tal como hoy sufren también muchas personas. El Evangelio de Mateo narra que la Sagrada Familia permaneció en Egipto hasta que el Ángel se apareció de nuevo a José y le comunicó que habían muerto quienes querían matar al Niño. Por eso el Papa Francisco propone a San José como “ el santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria”.

6. Padre trabajador. “San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”. El Papa explica la unión entre el trabajo humano y la salvación divina: “El trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?”.

7. Padre educador. El Papa subraya también que para el Niño Jesús la figura de José fue la sombra del Padre celestial en la tierra. José, sin ser su padre biológico, ejerció las funciones de un verdadero padre de Jesús, auxiliándole y protegiéndole sin apartarse de su lado. Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. Pero no para retenerlo, ni encarcelarlo, ni poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir y de ser libre.

Quizás por esta razón la tradición le ha puesto a José, el apelativo de “padre castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario de poseer. La castidad ayuda a controlar el afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz.

Por eso el Papa concluye: “La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, a quienes quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción”. No nos queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.

Por todo ello el Papa Francisco ha proclamado el “Año de San José”, durante el cual los fieles católicos pueden ganar indulgencias plenarias, cumpliendo los requisitos de confesar, comulgar y pedir por las intenciones del Papa Francisco, quien nos invita a rezar esta oración a San José:

Salve, custodio del Redentor

y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo,

en ti María depositó su confianza,

contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,

muéstrate padre también a nosotros

y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía,

y defiéndenos de todo mal. Amén.

Miguel Manzanera, S.J.

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