Opinión

12 de enero de 2018 15:47

Los dos planos del conflicto social


Con el riesgo que representa el espacio que autoriza este tipo de escritos y con un espíritu didáctico, me animo a explicar, a partir de la idea de los dos planos que provocan, el cómo entramos este año en el tema del debe y el haber de los conflictos sociales en el país.

Primer plano, relación gobierno-sectores movilizados: aproximadamente a partir del día cuarenta del conflicto este comenzó a tomar un tono de descartar todo el Código, ya no solamente el Artículo 205, no tanto por los médicos sino porque comenzaron a aglutinarse alrededor de estos de manera diferenciada regionalmente diferentes sectores cuyas tonalidades de protesta eran distintas, desde los más extremistas que piensan que esto es octubre del 2003 hasta aquellos que guardan aún una carga de catarsis contra el gobierno porque ven en este actitudes autoritarias y sobre todo un enfrentamiento inusual y poco rentable contra la clase media en el país.

Del lado del gobierno, de tener a una Ministra de Salud que actuaba más como una Ministra de Gobierno, intentando imponerse frente a los sectores movilizados e incluso usando un atisbo de represión (cerrando farmacias), asegurando que no se tocaría el Código, además con un Ministro de la Presidencia cuyo reiterado envío de cartas a los médicos no hizo más de mostrarlo como alguien con muy poca autoridad.

Se pasó entonces a la acción del Ministro de Gobierno quién en un clima polarizado se encargó de desatar el nudo del conflicto usando la palabra mágica y creativa: reunión de coordinación. Sin embargo, no hay duda que la factura en el caso del oficialismo fue la falta incremental de credibilidad que tienen, el ejemplo es que el colegio nacional de médicos no levantó sus medidas hasta que la Cámara de Diputados aprobó la derogación del artículo 205, además del 137 sobre el sector del transporte. En este plano explicado hasta aquí, el resultado es un escenario parecido al ajedrez cuando se dice que la partida quedó en tablas.

Segundo plano, relación oposición política-sectores movilizados: ya era sintomático el coma en el que estaba la oposición político partidaria en el país, pero no hay duda que después del 21F de 2016 y con mayor claridad si uno mira el conflicto de los médicos, se da cuenta de que lo que hoy se conoce como plataformas ciudadanas y organizaciones sociales han terminado por rebasar a los políticos de oposición.

Hoy más que nunca los partidos de oposición son anacrónicos y responden muy a destiempo de lo que la realidad les demanda, esa apuesta principal que tienen de jugar al desgaste del gobierno para que este toque mínimos electorales y luego entrar recién a disputarle el poder, sin duda juega en contra de ellos porque no se dan cuenta de que lo que la gente les reclama es que les den certidumbres de qué es lo que quieren hacer con el país, o qué es lo que responsablemente hacen para constituirse como alternativa; nuevamente no se trata del pedido de programas políticos, sino de mensajes claros que sirvan de prueba que hay algo al frente que nos ofrece como línea política para hacer, y que no los veamos como aquellos actores que reaccionan en función del titular del medio que ellos prefieren leer. Aquí conviene subrayar algo: no es posible que en un conflicto como el que tenemos hoy a propósito del Código Penal no asuman abierta y sinceramente su parte de responsabilidad por no haber alertado en redes y en la calle respecto a los artículos controversiales que guardaba esa norma, ya no es solamente el que hayan jugado al desgaste del gobierno, sino que como ahora sabemos de la existencia de errores conceptuales de derecho que no se les podía pasar de largo.

Para ir cerrando, estos dos planos que me animo a proponer, creo que siguen alimentando la tesis del ejercicio de la política a lo Carl Schmitt: amigo/enemigo, aquí la peor estrategia es querer imponer razones donde primero hay que atenuar pasiones, porque si no se baja la intensidad del estado emocional de nuestra democracia luego lo que vamos a tener es un caldo de cultivo de aquello que muy inteligentemente define Piketty que es el populismo: una respuesta confusa pero legítima a la sensación de abandono de la clase política respecto de los ciudadanos.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario