Opinión

30 de julio de 2017 09:24

Insistencia sobre el separatismo cruceño


No existe ocasión en que S.E., el Vice, o los más altos jerarcas del régimen, dejen de acusar Santa Cruz de separatista. Sabemos que esas afirmaciones son políticas y que sirvieron para descabezar a la oposición cruceña que se había manifestado dura contra el MAS. Sin embargo, no ha existido ni una sola prueba que justifique el agravio, al extremo de que las acusaciones de separatismo en el “juicio del siglo” que se lleva a cabo desde hace más de ocho años han salido de la acusación por ausencia de pruebas, como también aquello del absurdo “magnicidio”. No obstante, pese a que la injuria ha caído por falta de sustancia, no hay acto público o mensaje oficial, donde sibilinamente no se mencione a los “separatistas”, a los traidores que quisieron dividir Bolivia. No se necesita ser adivino para advertir que dichas acusaciones están destinadas a ofender a los cruceños.

Ha sido suficiente que una persona afirme que los WikiLeaks que tanto escándalo armaron en Estados Unidos establecen que USAID habría entregado al menos cuatro millones de dólares a presuntos movimientos separatistas cruceños, para que S.E. salga al aire afirmando que esa – la información de los WikiLeakes – era una prueba clara de que el gobierno norteamericano planificó dividir el país y de paso matarlo a él. Menos mal que ahora ya no somos los cruceños únicamente los que intentamos la secesión de Bolivia ni la muerte de S.E., sino quienes S.E. culpa diariamente de todos los males habidos y por haber en el universo: el imperialismo yanqui.

Ni cruceños ni yanquis han pretendido dividir la nación ni asesinar a S.E. Todo fue un montaje realizado desde las más altas esferas del poder en la Plaza Murillo de La Paz, para dejar fuera de acción a quienes el MAS consideraba enemigos peligrosos, aquellos que desde el primer momento intuyeron que el “proceso de cambio” sería una farsa destinada a encumbrar a algunos idealistas exóticos, pero, lo más peligroso, a pícaros que ansiaban enriquecerse. Una y otra cosa se ha visto durante esta última década, que se puede representar con muchísimos ejemplos.

Sin embargo – ya lo hemos repetido mil veces – lo del “juicio del siglo”, como en su estupendo libro llama Harold Olmos a toda la tramoya, no ha logrado hasta ahora sino obligar a inculparse a quienes perdieron la fe en poder salir en libertad dignamente. Y admitir que los únicos tres asesinatos a sangre fría del supuesto terrorismo, lo cometieron las fuerzas de seguridad del Estado. Los únicos muertos en todo este repugnante enredo de terrorismo-separatismo en que han involucrado a los líderes cruceños los provocó la UTARC y eso está comprobado. Tan frágil y ridícula quedó la posición del Gobierno en todo esto, que hasta el fiscal encargado de las investigaciones huyó al Brasil acobardado, no sin antes extorsionar a quienes pudo. Sin embargo, existe un grupo de ciudadanos que incompresiblemente permanecen encarcelados desde hace ocho años en un juicio estúpido sin pies ni cabeza.

Sobre la denuncia que lanzó S.E. sobre que los WikiLeaks afirman que hubo un afán separatista por un lado y una intención criminal contra su persona, la embajada de Estados Unidos no ha podido callar y ha calificado todo esto como “acusaciones graves, completamente infundadas y (que) están basadas en invenciones ideológicas y basadas en una fuente extremadamente sesgada y carente de toda credibilidad”. Mientras tanto, Santa Cruz seguirá recibiendo gentilmente en su seno – y  hasta con vergonzosos aplausos – a quienes la maltratan abusando de su poder pasajero.