Opinión

5 de abril de 2019 09:58

Territorialidad, clave electoral


El proceso que inició la Participación Popular desde abril de 1994 redibujó el imaginario del territorio nacional, más allá de las leyes aplicables a un espacio geográfico determinado como Estado y más allá del antiguo concepto de jurisdicción.
           
Aunque es larga la historia de cómo se dio (o no se dio) la relación territorio-estado-nación en Bolivia, los impulsos de incorporar a todas las fronteras a la realidad nacional tuvieron momentos importantes entre fines del Siglo XIX e inicios del Siglo XX. Los nuevos viajeros/exploradores europeos; las misiones enviadas desde La Paz para ubicar habitantes y riquezas naturales; las aventuras y desventuras de patriotas o de negociantes intentando recorrer la vastedad del país fueron pasos centrales para mirar más allá de las ciudades del eje sur/norte.
           
El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) intentó incorporar a la idea de patria a los confines más alejados, alentado por los sucesos en el perdido Chaco. La aprobación del voto universal fue más que una ilusión pues permitió que el boliviano de las orillas más lejanas tenga al menos la oportunidad de dar su opinión.
           
Nuevamente, el MNR, junto a un equipo multidisciplinario y dentro de la agenda internacional de la descentralización, aprobó la Ley de Participación Popular que es la única medida realmente revolucionaria en los últimos 25 años. Revolucionaria porque entregó recursos a los municipios, de forma institucional, sin la obligación de aplaudir al jefe o de entregar folletitos con su retrato. El poder local, el poder real.
           
La idea de un territorio multi pluri pasó de la leyenda al noticiero nocturno, a las reuniones en Palacio de Gobierno, a los debates participativos, a la planificación anual o quinquenal definida por los actores sociales, hombres, mujeres, ancianos, jóvenes.
           
Cada espacio del millón y poco de kilómetros cuadrados que nos dejaron los militares después de perder todas las guerras internacionales fue ocupado por la sociedad civil activa. En ese escenario, los maestros, los salubristas y los periodistas fueron de los pocos gremios con alcance total.
           
Escasos políticos aprovecharon esa incorporación fantástica. Uno de ellos fue Evo Morales Ayma. Antes de viajar exclusivamente en helicóptero o de ser candidato no constitucional, era el dirigente, el diputado, el boliviano que recorría todo el país. Es una persona que conoce más de 300 municipios, no sólo de visita, porque fue capaz de quedarse a dormir donde fuese, comer el convite hospitalario, compartir con la gente.
           
Morales asistía también a las reuniones de los productores, de las OECAs (organizaciones económicas campesinas), a las asambleas sindicales. Ese conocimiento del país fue siempre una ventaja muy grande sobre cualquier otro político porque lo acumuló en muchos años. No creo que ningún otro lo supere.
           
Ese será un factor muy importante para definir el voto rural. Los agrarios reciben visitas fugaces de candidatos que ni conocen ni compartieron antes con ellos. Es muy difícil que esas acciones aisladas cambien votos ya definidos.
           
El gobierno del Movimiento Al Socialismo logró un alcance territorial que es y será su mayor herencia histórica, aunque ni sus dirigentes ni sus medios se den cuenta de su valor.

Lupe Cajías