Opinión

8 de enero de 2019 09:08

La República de Weimar


Entre las conmemoraciones de este 2019, destaca una muy especial por su parecido con asuntos y personajes de la actualidad y porque, al parecer, no se aprenden sus lecciones. La llamada República de Weimar, surgida después de la derrota germana en la Primera Guerra Mundial, fue un espejismo de intenciones democráticas iniciales, pero cuyo fondo más profundo terminó cobijando al huevo de la serpiente: el nacionalsocialismo.
   
La República de Weimar, con su capital en Berlín, duró del 9 de noviembre de 1918 (Revolución de Noviembre, abdicación del emperador) hasta 1933, aunque se considera su fecha fundacional el 11 de agosto de 1919 cuando en la ciudad de Weimar la Asamblea aprobó la nueva Constitución. La república terminó con el II Reich.
   
La población estaba aliviada por el final de la guerra, una de las más sangrientas de la historia, pero contemplaba asombrada cómo día a día el salario perdía poder adquisitivo. Los sucesivos gobiernos de Ebert y de Hindenburg tuvieron que pagar altísimas indemnizaciones a los aliados vencedores. A ello se sumó en 1929 la crisis económica internacional.
   
Weimar tenía el triste trofeo de la más alta inflación mundial hasta las cifras bolivianas entre 1983 y 1985. Actualmente, la República Bolivariana de Venezuela gana la delantera histórica con el descontrol absoluto de los precios y de los salarios.
   
Por otra parte, los alemanes sentían injusto el Tratado de Versalles, de junio de 1919, porque les quitaba territorios, los alejaba de Austria e imponía condiciones humillantes a su orgullo nacional. Seguramente durante este 2019 se darán seminarios y debates sobre lo que significó ese acuerdo de paz, cómo se rompió y sus consecuencias.
   
Dos años antes había triunfado la Revolución de Octubre en Rusia y la influencia de los bolcheviques de la Unión Soviética era notoria. Desde 1918 se sentía un ambiente revolucionario fuertemente influido por organizaciones marxistas. La más famosa era la “Liga Espartaquista” de los comunistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. La revuelta de noviembre junto a soldados y comandos obreros parecía una reedición rusa en versión alemana. Además, se dieron grandes huelgas de trabajadores y el emperador tuvo que abdicar. Por unos días se anunció la República Libre y Socialista Alemana.
   
En enero de 1919 las fuerzas radicales mantenían las protestas, pero el 15 de enero fueron asesinados Rosa Luxemburgo y Liebknecht por paramilitares de las fuerzas armadas. La reacción popular provoco nuevas masacres hasta mayo de 1919. Hay fotos de escenas patéticas contra los jóvenes manifestantes, similares a las que estos meses protagoniza el dictador Daniel Ortega contra la población nicaragüense.
   
La República de Weimar intentó durante una década sacar adelante a Alemania, pero fracasó. En 1930 asomaban los indicios del nazismo y en 1933 asumió como Canciller Adolf Hitler. Discursos extremistas y poco respeto a la Constitución allanaron el camino al fascismo. Hitler, igual que Jair Bolsonaro, fue recibido con vítores.
   
Los excesos cargados en un péndulo terminan por provocar reacciones aún más negras y tenebrosas.

Lupe Cajías

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