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Opinión

17 de agosto de 2018 10:55

Un Primer Efecto del Segundo Aguinaldo: la Base Empresarial del País

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Antes de culminar el primer trimestre del año, a tiempo de reconciliarse con la COB y sin que el INE haya tenido la capacidad de procesar la cifra de crecimiento del país, el gobierno ya había comprometido el pago del segundo aguinaldo, no obstante a que la norma establece que su efectivización depende de un mínimo desempeño económico del 4,5%, haciendo de dicho compromiso, político desde cualquier punto de vista.

Días previos al 6 de agosto el instituto responsable de las estadísticas oficiales del país salió a defender las promesas políticas del régimen, lo cual no es muy responsable, indicando que tiene la certeza de retomar el segundo aguinaldo el presente año y que su pago no tendrá consecuencias negativas, ya que en el 2015, último año en que se pagó el doble aguinaldo, no se registraron grandes cambios o fluctuaciones en el desempleo, considerando que en 2017 la tasa de desempleo fue de 4.48% y que cada día se inscriben más de 70 empresas, desvirtuando las posiciones alarmistas de analistas económicos que tendría sobre el desempleo si se efectivizaría el segundo aguinaldo, pero todos sabemos las esperanzas gubernamentales se apoyan en altos precios de hidrocarburos y cada vez se cuestiona más la calidad de información que procesan.

Teniendo en cuenta lo expresado, deseo centrarme en cómo ha afectado el segundo aguinaldo a la base empresarial del país, ya que hablar del promedio de empresas que se registran es una verdad a medias, primero porque no muestra cómo ha evolucionado dicho promedio desde la aplicación del doble aguinaldo y peor aún, como se ha comportado el dato de las empresas que cierran su matrícula; empecemos.

Tal como se observa en el gráfico # 1, la base del 2017 registró una alentadora cifra de 295.829 empresas a nivel nacional, eso responde a que desde 1987 que el país no conoce de recesiones, aunque si momentos serios de desaceleración económica, el último periodo de crecimiento sostenido recomenzó en 2009 con 3,4% de incremento, después de la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos y así hasta llegar a un record de 6.8% el 2013 impulsado por una bonanza internacional de los precios del petróleo, que rondaban los 103 $us el barril, apoyado por un proceso de inscripción de más de 65 mil nuevas empresas, lo que significó un crecimiento empresarial de más del 41% cuando el promedio del periodo 2010-2017 fue de 10,7%; a partir de ese momento se da una tendencia desaceleradora galopante, el 2014 el crecimiento fue 22.6 puntos porcentuales inferior (18,6%), el 2015 siguió cayendo en 12,9 puntos porcentuales (5,7%), cuando el precio de los hidrocarburos se desmorono a la mitad, 51.2 $us por barril; el 2016 el crecimiento fue del 4,4% y el 2017 se acento en 4,1%.

Si se consideran 249 días laborales (52 sábados, 52 domingos y 12 feriados), tomando en cuenta el promedio diario de empresas que se obtienen su matrícula de FUNDEMPRESA para funcionar formalmente, se puede dividir la tendencia en 3 periodos, el primero entre 2002 y 2011 cuyo promedio es de 31,56 matrículas día. El segundo entre 2012 y 2014 cuyo promedio diario se dispara a 167,37, aunque estos tres años marcan records históricos, el 2013 llega a un pico de 261,13 promedio diario. El tercer periodo entre 2015 y 2017 cuyo promedio se contrae a 77,52 por día, asentándose el 2017 en 75,83, el más bajo de éste tercer periodo; tal como se puede apreciar, la preocupante tendencia decreciente de apertura de empresas desde la implementación del segundo aguinaldo.

Veamos ahora el promedio de empresas que cierra su matrícula empresarial en FUNDEMPRESA, considerando también 249 días laborales al año, la tendencia se puede dividir en dos periodos, la primera desde 2002 hasta 2013, en el que el promedio apenas llegaba a 1,43 empresas cerradas por día, aunque los últimos tres años muestran cifras con mucho superior al promedio, 5.47, 8.17 y 5.27respectivamente, se mantienen en 1 dígito. La segunda etapa entre el 2014 y el 2017, cuando el promedio diario se trepa a 20,86, lo preocupante de este periodo es que coincide exactamente con la aplicación del doble aguinaldo, el 2014 aunque pasa la barrera de los 2 dígitos, 10.38 promedio/día, es la mitad del periodo, pero el 2015 crece sustancialmente superando al promedio del periodo, 21.47; el 2016 alcanza las 28.84 diarias para encumbrarse en las 29.44 empresas cerradas por día el 2017.

Con esto, tal como se puede apreciar, hasta el 2013 la propensión del spread la marcaba la cantidad de empresas que abrían, el 2014 el promedio (10,38) duplica a las del 2013 (5,27), con lo que empieza punto de quiebre y a partir del 2015 la cantidad de empresas que cierran están dominando la tendencia, acortando las distancias con el promedio diario de las que abren, inferior a la diferencia a la que se tenía el 2009.

Para poder analizar más a fondo el registro empresarial, he construido los índices de apertura y cierre de empresas, considerando que se tienen datos desde el 2002, año que utilizo como base, observando que el periodo 2002-2017 la tasa promedio de crecimiento anual de las que abren es de 11,2% frente a 38,7% de las que cierran, 25,7 puntos porcentuales de diferencia, esto en un contexto de crecimiento económico nacional de 4,4% promedio anual, tal como se puede apreciar en el gráfico # 3.

Así, el índice de empresas que abren nos muestra una tendencia descendente desde la promulgación del doble aguinaldo y estancándose en los 490,7 puntos el 2017; en cambio, el índice de las que cierran da mucho material, por lo que me centraré en éstas. Según la propensión de cierre, se puede dividir en tres periodos, el primero, hasta el 2009 cuya tasa de crecimiento anual fue de 32,7%, con lo que el índice de cierre llegó a los 725.93 puntos. El segundo periodo entre el 2010 y el 2012 cuya tasa de crecimiento se trepó al 73,1%, superando así los 3.766 puntos del índice y el tercero entre 2013-2017 con un 29.2% anual excedió los 13.575 puntos, claro está que, el sustancial crecimiento económico y empresarial del 2013 amortigua el efecto, ya que si descartamos este año por ser atípico, la tasa de crecimiento de empresas que cierran su matrícula entre el 2014 y 2017 se dispara a 53.72% en promedio, debido a que el 2014 creció en 96,8%, el 2015 en 106,9%, el 2016 en 34,35%, no obstante a que el 2017 bajo notoriamente, asentándose en 2,1%.

El gran esfuerzo nacional se ve demostrado en la correlación que existe entre el tejido empresarial con el crecimiento económico, haciendo de la bonanza hidrocarburífera una ilusión pasajera por ser un recurso no renovable que distorsiona la economía y entenebrece la inteligencia gubernamental, una vez que se termine, porque ya empiezan a notar síntomas de desgaste al no poder hacer frente con sus compromisos, o que su precio se desplome, tal como paso hasta el 2015 y continuó hasta el 2017, será la base empresarial quien siga manteniendo al país.

Este análisis se ve respaldado si relacionamos la proporción de empresas que cierran su matrícula respecto a las que abren, hasta el 2010 lo máximo que llegaron fue 4.1%, pero el 2011 más que duplicó alcanzando 9.4%, esta tendencia bajo a 7.8% el 2012 y se asentó en 2% el 2013 gracias a la cantidad de empresas que obtuvieron su registro, pero a partir de ahí retomó la propensión alcista de cierre de empresas llegando a 6% el 2014, se disparó 21 puntos porcentuales el 2015 llegando a 27%, continuo el 2016 superando los 10 puntos porcentuales, 37.4% para alcanzar el 2017 el 38.8%, en los hechos, considerando que el país ha sido calificada como campeón mundial de informalidad, esto muestra que las empresas que cierran su matrícula, en su gran mayoría deciden desenvolverse en el sector informal mientras que las que no aguantan la desaceleración económica y la sobre- regulación optan por cerrar directamente, lo que implica despedir a su personal y dejar de producir bienes o prestar servicios que ponen a disposición de la sociedad para incrementan su bienestar.

Empresarios y analistas económicos a tiempo de la imposición del último incremento salarial, conjuntamente la indignación ciudadana por los regalos gubernamentales con fondos públicos a sectores sociales afines, construcciones onerosas de palacios, equipamientos de lujo, así como el elevado nivel de corrupción reinante, han expresado claramente los motivos que acompañan esta coyuntura: sobre-regulación que recae en los empresarios formales, mientras que otros sectores que no tienen la obligación de matricularse, facturar, pagar impuestos, contratar personal calificado, hacer planillas, registrar a su personal, pagar beneficios sociales, doble aguinaldo, preocuparse de cómo financiar sus actividades, desvelarse para pagar sus créditos, intereses, sufrir competencia desleal por el contrabando, invasión de productos especialmente chinos y cada vez se les aplica nuevas medidas como últimamente el ROE. A todo ello se debe añadir un sistema judicial totalmente amañado, que mandan a la cárcel al que se equivoca en unos datos pero otorga libertad condicional a quien tiene implicancia en desfalcos, o desvían la atención de los que hacen perder laudos internacionales con millonarios costos para el país, lo que da lugar a que, mientras hay unos sectores que cargan al país en sus hombros, son reventados con obligaciones; otros por el contrario representan una carga para el país, que además manipulan la constitución para incrementar sus hectáreas de producción, o declararse en comisión para ganar jugosos sueldos sin trabajar, lo que muestra que no todos los bolivianos somos iguales, más aún cuando se declara que Bolivia es un país de trabajadores, no de empresarios y que si existe empresa es gracias a los trabajadores, siendo el empresariado el generador de empleos, panorama que no permite vislumbrar que se corrija mientras continúe este régimen.

Juan Pablo Quiroz es Economista.


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