Opinión

6 de junio de 2019 11:32

Arroz, pedido subliminal de exportación


Un planteamiento económico no siempre correcto es el de presumir “que lo que es verdadero para un individuo o un grupo de la población, debe ser verdadero para todo el grupo o para toda la población”, a esto se le llama FALACIA DE COMPOSICIÓN, error en el que se incurre frecuentemente, en especial al momento de hacer política económica, más aún si se trata de hacer populismo, lo que se puede ejemplificar en diferentes aspectos de la vida real. Uno de los más típicos tiene que ver con el sector agrícola; si un agricultor recoge una excelente cosecha (lo que le permite obtener una buena ganancia por la venta de sus productos) o si esta bonanza le toca a determinado número de agricultores (los cuales, sumando toda la producción no perjudica su precio), genera beneficios; pero si la bonanza es generalizada, hasta tal punto que se da un exceso de oferta irá en detrimento del conjunto de productores o por lo menos para la mayoría.

El fin de semana salió una nota de prensa en la que los entrevistados expresan su preocupación por la actual situación del sector arrocero, denotando un futuro incierto si es que el gobierno no toma cartas en el asunto. Aunque muy de refilón se hace mención a diferentes cuestiones, el planteamiento de fondo es el incremento de productividad vía transformación de sistema de producción, de secano a riego, lo que resulta contradictorio. Si con las condiciones actuales, 90% de la producción a secano, ya se tiene cubierta la demanda nacional y además una sobreproducción de 100.000 toneladas almacenadas en silos, una mejora en la productividad vía sistema de riego que triplique la producción sin un mercado donde acomodar el producto solo acentuará el problema. Esto lleva a pensar que, ya sea de manera subliminal o de facto, se busque el incremento de producción para presionar a que se dé vía libre a la exportación; o por el contrario, que el gobierno se dé por avisado que los silos ya tienen 100.000 toneladas acumuladas, disminuyendo el espacio disponible para la siguiente cosecha.

Algunos temas llamaron mi atención, primero, que los entrevistados indiquen que dicha sobreproducción sea sorpresiva, ya que a las zonas tradicionales este año se adhirieron Guarayos y Beni; sin embargo, revisando en la prensa del año pasado, claramente instituciones gubernamentales ya indicaron la ampliación de la frontera agrícola arrocera, lo que muestra que fue intencionado, pero en su momento nadie cuestionó donde se acomodaría dicho producto sin que afecte al precio, tal vez haya sido porque la demanda nacional no estaba aún cubierta -lo que mostraría una mala planificación-.

Ahora bien, que el país se encuentre en la cola de la región en cuanto a productividad se refiere y que es un tema a enfrentar de manera inmediata, nadie lo cuestiona. El punto es que si no se trabaja de manera integral: cambio de sistema de producción, apertura de mercados, etc., el país se enfrascará en pérdidas enormes, un lujo que no se pueden dar; a lo mejor mientras no se resuelva el problema haya que planificar cubrir el mercado nacional y al resto de los agricultores guiarlos a un cambio de producto cuya demanda aún se encuentra insatisfecha como el trigo, por ejemplo. El gremio empresarial y los pequeños productores deberán participar activamente conjuntamente con instancias gubernamentales, EMAPA, INIAF, CIAT, etc.

Lo que si queda claro es que el país, aún sin tener las mejores condiciones de producción puede cubrir el mercado nacional y generar excedentes, tiene el potencial para exportar; sin embargo, exportar implica que debe competir con potencias como Argentina y Brasil, que cuentan con mejor tecnología y know how. No solo se trata de intentar competir sino de competir en condiciones adecuadas, no sea que una vez iniciada tal empresa sea un fiasco por no haber tomado en serio estas consideraciones.

Juan Pablo Quiroz es Economista