Acceso a clientes

Opinión

8 de junio de 2021 15:50

Absurda pandemia en tiempo de "descarte" III

728 x 90 Aniversario

Ésta es la tercera columna que dedico a esta pandemia absurda junto al concepto de “descarte”… y aún no he escrito sobre él. Es hora de hacerlo.

Durante mis años largos dando cátedra, William J. Stanton, Charles Futrell, Philip Kloter y Jean-Jacques Lambin —entre otros más— me permitían introducir en mis áreas lectivas, ya fuera elecciones y campañas políticas o publicitarias o su planificación: El trascendental cambio de paradigma de vender a satisfacer necesidades tras la posguerra sentó las bases de una revolución cultural; saltaré las muchas consideraciones críticas para quedarme en la principal consecuencia de este paradigma mercadotécnico: el consumismo, “creando” presuntas necesidades insatisfechas —más allá de solucionar carencias— y hacer productos más perecederos (más descartables) para conllevar su continuo recambio.

Tras esa explicación a grosso modo —espero que suficientemente inteligible— podemos hablar de una “economía del descarte” que abarca no sólo la vertiginosa urgencia de materias primas —y las consecuencias que conlleva— sino también, por la vía del acentuar la pobreza y la injusticia social —frente a la cual el Papa Francisco promueve capitalismo con visión social: la Economía de Comunión (Focolares)—, a la marginación y abandono de grupos e, incluso, países como consecuencia del descarte social y cuya “solución” muchas veces va por el populismo y las tendencias rupturistas y extremistas (incluyo la llamada Economía del Desorden poscrisis).

Ese descarte social se ha acentuado en esta pandemia. Junto con inequívocas muestras de solidaridad de grupos, instituciones e individuos y con el esfuerzo sacrificado de los trabajadores de la salud, se han dado ejemplos de egoísmo y deshumanización, ya fuera el agiotaje de medicinas e insumos de urgente necesidad o por la corrupción en adquisiciones o por sobreprecios o por bulos, entre otros muchos. La crisis inesperada y demasiado larga de la pandemia —absurda, por ende— ha despertado lo mejor y lo peor en nuestras comunidades y entre muchos países; como Yuval Noah Harari, tengo una gran incertidumbre si, unidos como humanidad, tomaremos decisiones ahora que definirán el futuro porque «no hay nada predeterminado en la manera de lidiar con esta crisis y que hay muchas opciones [y] las decisiones que tomemos […] reconfigurarán el planeta».

Estamos en Bolivia en la etapa de crecimiento de la Tercera Ola, la de mayor morbilidad de las tres que hemos sufrido y aún nos pronostican, al menos, dos semanas de ascensos —la letalidad y mortalidad llegarán a su máximo unas dos semanas después del clímax de contagios, como ha sucedido en las precedentes.

Como ya he sostenido, la estrategia planteada en diciembre por el entonces equipo del MINSALUD: detección —pruebas masivas— y prevención —vacunación amplia— era, por experiencias en otros países, la más adecuada para sustituir a la de detención que la administración precedente aplicó en la Primera Ola, que fuera la estrategia posible —a pesar de los problemas que tuvo— frente al desconcierto de la epidemia desconocida y de la pésima herencia de la sanidad pública. Gracias a la detección, la Segunda Ola fue mucho más corta y con menor morbilidad, letalidad y mortalidad; sin embargo, la irregularidad posterior en la cantidad diaria de pruebas y, sobre todo, los incumplimientos en la provisión de vacunas —consecuencia de decisiones más ideológicas “antimperialistas” que realista para su adquisición, con incumplimientos del proveedor ruso— han sido una de las causas de la alta morbilidad de esta Tercera Ola, así como la virulencia de nuevas cepas virales y el no-importismo de parte importante de la población, a modo de laissez passer, descuidando —cuando no abandonando— las medidas de bioseguridad.

Ésta será mi última columna de la serie Pandemia Absurda… eso espero.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

Twitter: @jrvilar

26_untitled
portal

Opinión

Noticias