Opinión

13 de noviembre de 2017 09:00

¿Los electores votan por los programas o por los líderes políticos?


En otros tiempos, los electores se decidían un poco más por las ideas, por los programas de gobierno, etc. hoy aparentemente, se inclinan y deciden más por las personas o más bien los personajes. La consecuencia directa de tal personificación seria la “vedettizacion” de los políticos, en ocasiones hemos sido y somos testigos y hasta víctimas de un duelo de vedettes de escaso talento discursivo, que buscan posicionarse en la mente del elector. Hablamos de lo que muchos denominan como “Estado-espectáculo”.

Para muestra botón, en julio del pasado año Donald Trump compartió a sus 33 millones de seguidores en Twitter lo que llamaron “La épica batalla de los billonarios”, él mismo colgó un vídeo editado en el que golpea a una persona cuyo rostro aparece escondido bajo el logo de CNN. Como única leyenda el hashtag #FraudnewsCNN #FNN, en apenas unas horas superó los 110.000 retuits. Con esto quedó demostrado que Trump es un showman capaz de acaparar la atención mediática del mundo entero.

La hiper-personalizacion es ampliamente favorecida por las características de los medios audiovisuales de comunicación y ahora reforzada por las Redes Sociales.

El sociólogo francés Roger-Gérard Schwartzenberg sostiene que «los hombres políticos se comportan siempre como actores, constituyen un star-system que es muy peligroso para la democracia, ya que los electores eligen a los personajes en lugar de los programas».

A pesar de estar conscientes de esto, en los últimos años hemos podido percibir que las campañas electorales se basan especialmente en la imagen del candidato, lo que conlleva a una elección de personalidades en la política, sin importar si estos son de izquierda o de derecha.

En la jungla política, podemos apreciar diferentes tipos de líderes, nos ocuparemos de los rasgos característicos que vemos en algunos de ellos.

En primer lugar nos toca hablar del líder mesiánico, en los líderes mesiánicos el discurso es profecía; la palabra dogma y las ideas vienen de lo sobrenatural. Este grupo se alimenta de la cercanía y la coincidencia con los electores, son idealistas, emotivos, patriotas, inconformes natos, conservadores en sus valores y muchas veces muestran ideas de revolución.

Aunque algunos discrepan, para muchos Chávez es considerado un líder mesiánico, otro ejemplo es Donald Trump, este líder mesiánico le dio a mucha gente en EE.UU. la sensación de cambio, de que muchos podrían salvarse y revivir, Trump prometió por ejemplo generar 25 millones de puestos de trabajo y con ello convertirse en el mayor generador de empleo que Dios jamás haya creado en su país.

En segundo lugar podemos identificar al líder antihéroe, «el hombre ordinario», que encarna las virtudes comunes de los ciudadanos medios, seres de carne y hueso como tú o como yo, debe ser popular forjado en la parte amplia de la pirámide social, conoce a fondo la problemática nacional, la ha vivido y el pueblo lo reconoce como uno de los suyos, lo aclama, lo sigue y lo defiende de sus detractores, normalmente surgen de las luchas políticas como Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Martin Luther King, etc.

En tercer lugar tenemos al líder carismático y con encanto, que confunde el arte de convencer con el arte de seducir como Kennedy, Obama, Macron o Trudeau, estos tres últimos se muestran tan simpáticos ante los medios, siempre sonrientes frente a las cámaras, algunas veces hasta los hemos visto llorar, utilizan sus cuentas de Redes Sociales de forma habitual, cercana y directa, siempre ocupan los titulares de los grandes medios y podemos verlos con regularidad en Instagram con imágenes que dan la esperanza de una nueva manera de ser político y hacer política.

Podríamos definir y distinguir muchos estilos de liderazgo político, pero el propósito de este artículo es demostrar que la política del espectáculo basada solo en la personalidad del candidato es peligrosa para la democracia.

Es hora de que los partidos políticos nos propongan equipos de trabajo, gente competente, especialistas, grupos y no líderes mesiánicos, pues la historia ha demostrado que éstos representan muchas veces un peligro para la democracia.

Ivanna Torrico es comunicadora social y máster en Marketing político.

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