Opinión

6 de diciembre de 2018 08:30

Política: lo correcto y lo efectivo


Lo políticamente correcto es opinar con ideas brotadas del corazón, del espíritu cultivado y de la razón entrenada; pero lo políticamente efectivo es discursear con frases pegajosas, como declamando poesía, y con opiniones que no son fruto sino de la autocomplacencia. Pero bien, a pesar de todo lo seductor que puedan sonar las palabras de esta última clase de accionar, no siempre la oratoria y la narrativa seductoras son tan eficaces como se piensa. A la larga, como veremos más adelante, pueden restar más bien que sumar. Al fin y al cabo, y para bien de todos, es de dominio público que la verdad se termina imponiendo en todos los órdenes de la vida.

Es sabido que los líderes imprudentes e incultos son, por lo común, los más proclives a actuar de una forma políticamente atractiva y vistosa ante la mirada del pueblo en general. Son los llamados populistas (aunque, eso sí, hay uno que otro letrado y no tan malo). No importa que no se crea en lo que se piensa –si es que se hace el ejercicio de pensar-, lo que importa en verdad es caer bien ante la opinión pública del momento, ante el juicio efímero del instante y ante los utópicos que creen que mañana se hará el Edén. No interesa lo más mínimo que no se crea ni una línea de lo que dice Marx ni que se ame con todas las fuerzas la vida de un pequeñoburgués (con las convencionalidades de una vida de conservador), lo importante es decir que se es de izquierda, y de una radical. Lo que importa más que nada es adecuarse, de una forma poco menos que ridícula y aunque no se crea nada de lo que se dice, a las tendencias de la sociedad progresista. En toda esta manera de actuar, vistas las cosas con ojos de miope y desde una perspectiva de muy corto plazo, sí hay cierta efectividad para el político, porque consigue aunque sea por momentos cortos —pero lo consigue—, encandilar a las masas de la vanguardia.

Y entonces, ante la mirada del momento, aparece como el político de la demanda social revolucionaria, como un delegado de las masas, como un iluminado. Pero lo cierto es que es un hombre impostado, una caricatura que no vale mucho, una falsedad sistemática que no posee valores reales. Es una persona que predica el cambio de la sociedad y la trasmutación del plomo en oro, como si se tratase él de un alquimista. Su discurso provoca, incita a verlo como un dios, pero es una pantomima. Por tanto, una mentira bonita.

Por otro lado está el político con mirada de largo alcance, con un instinto crítico de servicio, quizá no con un alto sentido de pragmatismo, pero sí con una elevada concepción de la verdad y la vida. Permanece menos tiempo en el poder que el otro político, pero su obra es mucho más duradera y hasta gloriosa. Este hombre analiza las cosas desde su escritorio, lee mucho y escribe, pero también sale a las calles a protestar y a mirar cómo está su pueblo, y mira los problemas de su sociedad para intentar proponer soluciones no muy agradables, talvez dolorosas, pero sí muy eficientes. El hombre y la mujer correctos no apuntan ni a la derecha ni a la izquierda porque saben que en ningún extremo está la solución; dirigen su vista, más bien, a ese punto de oro que sugería el poeta latino Horacio: el justo medio de las cosas, la áurea medianía.

Hacer lo correcto en política siempre tiene que ver con la ética. Actuar de una forma efectiva –en el sentido mediocre del término y, como se dijo, efectiva en el corto plazo- siempre está peleado con la ética. El pragmatismo político, muy útil para resolver los problemas de momento, en la mayoría de los casos termina peleándose con la ética y, por tanto, con lo correcto. Nada que no es correcto termina siendo consagrado por el tiempo ni por la historia. Nada incorrecto pervive en el tiempo. Por tanto, valoremos a aquellos ejecutores de la política que creen en ideales que, aunque no muy populares, son los más sensatos porque son de largo alcance y buscan aportar con un cambio estructural a la transformación de una nación.

Ignacio Vera de Rada es licenciado en Ciencias Políticas
Twitter: @ignaciov941