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Opinión

17 de octubre de 2019 09:02

La voz de nuestros cabildos

ESCRITORIO 1

Un solo partido político pone en riesgo 37 años de vigencia institucional democrática, por imponer un proceso disfrazado de ideología de izquierda, que ha incrementado la mayor serie de actos de corrupción y explotación medioambiental de la última década.

A escasos días de las elecciones presidenciales, se recordará que fue una de las campañas electorales más funestas de nuestra historia. Para algunos partidos políticos la contienda fue fácil, porque solo electoralizaron con el dolor de la manera más pretenciosa y notable. Sumada la candidatura ilegal de Morales, el oficialismo continúo con una campaña alejada de la realidad, politizando los abusos y las injusticias que ellos mismos cometieron a lo largo de estos 14 años, que nos les bastaron para responder a las verdaderas necesidades.

No se redujo significativamente la pobreza extrema; abusaron de nuestros territorios comunitarios de origen (principalmente de tierras bajas); incrementaron como nunca antes la corrupción al interior del órgano judicial y el ministerio público; les negaron las justas demandas de renta a los bolivianos con discapacidad; postergaron el pacto fiscal; ignoraron un referéndum democrático; se incrementaron los casos de violencia de género;  aumento exponencialmente la deuda pública, disminuyendo nuestras reservas internacionales a casi la mitad de nuestro producto interno bruto; permitieron una deforestación descontrolada en la amazonia. Son solo algunos de los abusos cometidos.

La devastación de nuestros bosques y la volatilidad de nuestras instituciones “autónomas”, fueron también el reflejo de un centralismo político envuelto de una vergonzosa degradación moral de quienes gobiernan con el mayor cinismo y mezquindad. En tanto estén ampliando la frontera agrícola a más de 12 millones de hectáreas según la última proyección prevista, las tierras solo son parte de un mercado bien valorado, dentro de su nueva colonización.

En cada una de las políticas como: la producción de biocombustibles; la construcción de la carretera que cruza el TIPNIS; el inicio de las operaciones de exploración de gas en áreas protegidas como Tariquia; en las futuras construcciones de represas en los ríos del Bala y el Chepete, y  en la explotación aurífera en el norte paceño. Es ingenuo creer que los actuales planificadores de la economía, lo hacen en favor de nuestro bien común.

Bolivia es uno de los países con más pobreza y hambre en América Latina.  Según el INE, la pobreza ascendió a 36,4 % y la pobreza extrema  llego al 17,1 %. Asimismo, el Banco Mundial, determino que el porcentaje total de desnutrición llego al 20%. Todas víctimas de una violencia sistemática.  La pobreza no fue combatida sustancialmente, todavía existe una precaria situación de oportunidades y seguridad alimentaria.

Paralizaron la distribución equitativa del pacto fiscal y disfrazaron el modelo autonómico en una descentralización aparente, con un fin corporativo, utilizando a las mismas autoridades locales como clientes. Casi el 80% de los recursos públicos los administra el gobierno central, generando una asfixia económica a cada región, bajo regalías y presupuestos desiguales. Un centralismo político y el oligopolio de los recursos naturales, bajo la premisa ideológica del “estado productor” que no produce nada, sino lo extrae todo para enriquecer a una clase dirigente.

No obstante, para demostrar que nadie puede ser indiferente ante tales injusticias, y que siempre habrá una esperanza que nos mantenga en pie. El pasado 4 y 10 de octubre de 2019, los comités cívicos de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, convocaron a sus cabildos departamentales.

A raíz del desastre en la Chiquitanía en Santa Cruz, despertó el sentimiento a la defensa de los bosques y las áreas protegidas, así como el justo reclamo histórico del -federalismo- a causa de una falsa descentralización. Este gobierno en contubernio con algunas empresas cruceñas, transnacionales, y autoridades locales, ocasionaron cruelmente uno de los mayores desastres provocados en los bosques de la Chuiquitanía,  fueron más de 5 millones de hectáreas y 1200 de especies animales arrasadas en menos de dos meses. Y a pesar de que los incendios fueron descontrolados, el gobierno se negó a reconocer la declaración de “desastre nacional”.

Las demandas y decisiones de los 3 cabildos fueron mutuas,  las de mayor relevancia fueron: -el desconocimiento a la candidatura ilegal del MAS en estas elecciones y -el inicio de un juicio de responsabilidades a quienes consumaron dicha candidatura, partiendo del incumplimiento a nuestra constitución política, al desconocer un referéndum constitucional de carácter vinculante el 21 de Febrero de 2016. Asimismo se demandó la -abrogación de la ley 741 y el DS 3973 que incentivaron los chaqueos e impulsaron el proyecto extractivista en bosques que no son de vocación productiva, para  la ampliación de la agricultura, ganaderia, biodiesel y transgénicos.

La sociedad civil le ha dado la mayor iniciativa y ejemplo de unidad a todo el país. Y una gran lección para los partidos políticos de oposición, pues habrá que preguntarse ¿dónde estuvo la unidad de la oposición política en todo este contexto electoral? ¿De qué valió que se hayan atacado toda la campaña, levantando sus banderas partidarias? Sin embargo a pesar de ello, la ciudadanía si brindo la unidad y en los últimos momentos fuimos los únicos que estuvimos de pie y no dejaremos que la mezquindad y cinismo de este gobierno acabe con nuestra dignidad, nuestros bosques y recursos comunes.   Y sobre todo, con nuestra conciencia patriótica de libertad y democracia.

Desde ahora la ciudadanía ya no será neutral ante este escenario electoral, será más participe en estas elecciones que en otras. Estaremos para hacer el debido “Control Electoral” como ciudadanos facultados por la Constitución, y para evitar que los que han dañado nuestra patria y los que quieren estar por encima de nuestra soberanía, continúen gobernando como si nada hubiera pasado. Hoy nuevamente como hace 37 años, los bolivianos resueltos en claridad y valentía estamos llamando a una nueva unidad.

Arturo Castrillo es politólogo
twitter: @CASTRILLOarturo