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Opinión

27 de agosto de 2019 09:16

De lesa democracia y ecología

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Otro episodio, con rasgos de catástrofe esta vez, pone en evidencia que estamos ante un régimen que en la ola de desdemocratización mundial nos muestra el manejo arbitrario y de privilegio para ciertos sectores, no importa si populares o empresariales, a sola condición de ser sus seguidores o adeptos. Los incendios en la Chiquitanía son el corolarios de ese tipo de hábito que a despecho de la retórica, atentan al bien común que es la preservación de la naturaleza, no solo para los actuales habitantes sino para las generaciones venideras. Ampliar la frontera agrícola, con autorización de más superficie para chaqueo es un claro signo de que persiste un paradigma del desarrollo de mediados del s. XX y no se conduele de las nuevas condiciones de precariedad y fragilidad del planeta.

Además de la reacción tardía, la reticencia a convocar ayuda internacional y el reflejo de nuevo rico de cotizar para comprar un avión gigante ratifica la improvisación y el poco sentido de Estado moderno que se orienta por políticas responsables y bien concebidas, con participación de gente entendida en las materias y no simples beneficiarios circunstanciales.

Y es que la idea de bien común, no como simple acumulado de intereses particulares, digamos expresados en voto, es de lo que se carece. Del mismo modo que se porfía en ser candidatos contra expresa prohibición constitucional reiterada con explícito voto popular (el 21F) no da lugar a intervención de tribunal alguno. Por eso, la laxitud con la que ciertos sectores nacionales e internacionales reaccionan ante ello es un claro síntoma de debilitad del ethos democrático. Porque vulnerar tan aviesamente un límite al poder, demasiado concentrado en un régimen presidencialista, no es igual que modificar un reglamento para dar paso a la continuidad de un gerente o director. No debemos admitir la normalización de semejante violación, como tampoco que el capricho o falso orgullo de los temporales administradores del Estado rijan en los momentos de máxima gravedad de nuestra base de sustentación de la vida misma.

De nada nos sirve la suspensión de la campaña electoral, si siguen los spots triunfalistas que se solazan con los vuelos del supertanker y su riego, mientras sabemos por los compatriotas que el infierno continua y se ha reactivado en la Chiquitanía y amenaza otras áreas y bienes. No hay ideología (nacionalista o cualquier otra) que avale la negligencia de una reacción adecuada. En Brasil, vemos una tozudez similar, culpando a los defensores de la Amazonía, que nos confirma la obsolescencia de dichas ideologías y referentes, cuando la desnudez del poder grosero. A las voces de comprometidas ONG y de la academia, deben sumarse las voces del sistema político que no tiene las voces embargadas, para viabilizar esa ayuda internacional eficaz, cuanto la derogación del criminal (no “angelical”) D.S. 3973. Las voces de la conciencia humana lo reclaman.

Gonzalo Rojas O. es politólogo, coordinador del Doctorado Multidisciplinario de la UMSA.
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