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8 de mayo de 2021 09:00

Biden entre Trump, Sanders y FDR

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En una convención del Partido Republicano, el centrista rival de Obama y senador Mitt Romney es abucheado por la base trumpista. Días después, la hija de Dick Cheney (antes campeón neocon y cerebro gris-vicepresidente de George W. Bush,) le recuerda a su partido que quien alegue que la elección de 2020 fue “un robo” está divulgando una gran mentira. Acto seguido, el trumpismo procesa la remoción de Liz Cheney como cabeza de su bancada de representantes.

No solo parte de la izquierda latinoamericana denosta el pasado en pro de su poder en el presente. También el trumpismo alienta ese desdén por el pasado. En este caso, por el establishment republicano. Lo hace para afianzar a Trump, el portador de una idea simple: “nosotros o ellos”.

El expresidente George W. Bush pone el corolario. Quien parecía un torpe hace 20 años, suena hoy como Marco Aurelio; así están los tiempos. Bush alega que, con el nacionalismo blanco (que, sin embargo, no es todo el trumpismo) que le resurge, el Partido Republicano puede acabar expresando solo a los anglo-protestantes blancos. Es la perfecta receta para no gobernar nunca, advierte Bush. Y si el establishment republicano adivina en Estados Unidos la necesidad de coaliciones étnico-político-religiosas plurales, el centro y la derecha no la asimilan aún en países como Bolivia.

El trumpismo le responde a Bush que una mayoría republicana cree que las elecciones del 2020 fueron una estafa, según las encuestas. Por eso varios congresistas que se desmarcaron en la toma del Capitolio, hoy niegan sus propios videos acusatorios de Trump. El ostracismo es impensable para los políticos, poco dados a dejar su oficio, aunque pasen vergüenzas del tipo: “donde dije Diego, digo digo”.

La cadena Fox, por su lado, se alinea con los libertarios contra la élite liberal (de izquierda). Por ejemplo, secundando a los antivacunas Covid republicanos, el comentarista de Fox Tucker Carlson señala que la élite liberal ya condiciona, universidad por universidad, el retorno a clases de sus alumnos a que se pongan la vacuna contra el Covid. Para el hombre de Fox, eso muestra la coordinación de esas entidades dirigidas por liberals para restringir las libertades individuales. Según Carlson, los jóvenes no corren riesgo de muerte con el Covid y ninguna vacuna ha sido aprobada sino por emergencia, ignorando aún todos sus efectos secundarios. En Fox alegan también que el uso de barbijos es inútil en lugares abiertos y lo compara con mantener puesto el cinturón de seguridad de un auto cuando ya no estás en él.

La izquierda, en la otra alforja, ha tenido horas de éxtasis al oír a Joe Biden punzando a Wall Street, clamando que Estados Unidos fue construido por las clases medias, a su vez erigidas por los sindicatos. Es la visión de Biden, otrora demócrata centrista, más cercano hoy a Bernie Sanders.

En Latinoamérica y España se ha querido leer a ese Biden como una confirmación de las intuiciones peronistas. Voces llaman a dejar la resistencia contra el “neoliberalismo” y a construir más bien un discurso de ofensiva. Los más escépticos apuntan, en cambio, que Biden requiere a la izquierda neutralizada; sabe que, aunque su partido controle ambas cámaras congresales, sus medidas tributarias y económicas precisarán de pactos con la derecha. Esta incluye a algunos congresistas demócratas. Y Biden espera que en esa vía natural, la izquierda quede sin dientes para morderlo después, alineada ya por su discurso.

No obstante, Biden ha puesto el busto de Franklin D. Roosevelt (FDR) en la Oficina Oval. Hace 90 años, este expresidente sacó a su país de la Gran Crisis. FDR nombró en 1933 como abogado del Estado a Thomas J. Walsh, dedicado desde siempre a investigar a la élite empresarial estadounidense. “Su nombramiento mandó una señal clara de que los intereses especiales no eran ya inmunes”, dice uno de los biógrafos de FDR.

No sabemos pues si Biden habla con guiños a la izquierda para aplacar a Sanders & Co., o tiene antojos mayores. Por ejemplo, un busto como el de FDR, pero que diga JRB.

Gonzalo Mendieta Romero es abogado

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