Opinión

4 de enero de 2020 10:58

Un año de revueltas y protestas

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En las distintas culturas existentes a lo largo y ancho del planeta, el espacio y el tiempo son experiencias comunes, por lo que tenemos la necesidad de marcar ciclos, que están ligados a lo cósmico, la luna, el sol, y a los ciclos agrícolas y festivos. La existencia del calendario chino, el grecoromano, el azteca, o el maya expresan la fascinación por el tiempo y manifiestan el interés del ser humano por marcar inicios y finales. Así como dejamos un año, solemos iniciar el siguiente, poniendo esperanza, simbolizando mediante rituales, este deseo de que sea mejor. En ese sentido, el ser humano es el único que representa, simboliza un futuro y manifiesta las intenciones de un porvenir más benévolo. El hecho de depositar la esperanza, no es un acto menor; pues se trata de colocar la energía y la intención en tener días renovados, y un mundo más afable.

Este año que se va ha sido de revueltas, protestas y manifestaciones en varios puntos del planeta: Haití, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile, Bolivia, Francia, España, Hong Kong, Iran, Irak, Sudán, India y la lista es larga de los países que tuvieron revueltas, en protesta contra el modelo económico, y cuestionando a los gobiernos por el tipo de democracia que ejercen en su seno. Las protestas oscilaron desde demandas concretas, otras fueron de carácter más global, como el caso del cambio climático. En suma, la sociedad civil llegó a un hartazgo, y a un cuestionamiento de un modelo económico inhumano, que genera desigualdad social, que oprime y estrangula a amplios sectores de la población que no están dispuestos a rendirse, y manifiestan su descontento y desatención.

En el caso de Latinoamérica, ni el modelo de desarrollo neoliberal, ni el neodesarrollista  surtieron efecto positivo y, al parecer, llegaron a su límite. A esto se suma que millones de personas viven en las ciudades, en condiciones insalubres donde cunde además la violencia, las actividades ilícitas y el miedo.

Este 2019, nos deja entonces la lección de la existencia de protestas interpeladoras. Una de las movilización que tuvo efecto dominó fue el gestado por la joven Greta Thumberg, contra el cambio climático. En estas movilizaciones los jóvenes jugaron un rol central. Y no se puede marginar el papel de las mujeres en la protesta contra la violencia hacia las ellas, un fenómeno generalizado. A esto se suma el éxodo emprendido de grandes contingentes que migraron de Centro América, hacia el norte, y del continente africano hacia Europa. Nuevamente el común denominador es la búsqueda de mejores días.

En el 2020, al parecer, las calles seguirán albergando las protestas, en distintos puntos del planeta, porque la crisis es general, el planeta se nos muere, un modelo económico nos asfixia, la democracia no funciona y las relaciones sociales se fracturan. Serán principalmente, las mujeres, los jóvenes y los movimientos populares e indígenas que darán las directrices de las diversas luchas y encontrar salidas ante tal panorama.

Gabriela Canedo es socióloga y antropóloga

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