Opinión

20 de enero de 2016 00:00

UN ANIVERSARIO MÁS Y NO HAY MUCHO QUE CELEBRAR

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A dos días de recordar el séptimo año del nacimiento del Estado Plurinacional, cabe hacer un balance, pues en el Continente la fundación del Estado boliviano bajo la figura de lo Plurinacional no es un asunto menor.

Uno de los preceptos centrales del Estado Plurinacional, ni duda cabe, fue el reconocimiento del actor indígena y de todo aquello que discursivamente aludía a la idiosincrasia del mismo. Recordemos el osado artículo segundo de nuestra Constitución Política del Estado, que reconoce la autodeterminación de los pueblos indígenas, es decir se reconoce la principal demanda de los grupos indígenas. A siete años de la Fundación del Estado Plurinacional existen hechos que han sacudido el discurso del gobierno: la cerrazón y capricho de la construcción de la carretera atravesando el TIPNIS, la arremetida contra los marchistas indígenas que se oponían a dicha carretera, la división y fractura que se ocasionó en el seno de organizaciones indígenas, a través de la cooptación. Recientemente la corrupción en el Fondo Indígena, la permisividad a empresas petroleras para que procedan a la exploración en áreas protegidas, el aliciente al desarrollo del “Dakar” por nuestras tierras y la testarudez en seguir promocionando ese tipo de competencia foráneas a nuestra cultura  y de “yapa” y de manera irónica, pidiendo permiso a la Pachamama para atravesarla y pisotearla. A todo esto, debo confesar que la gota que derramó el agua del vaso fue la desaparición del Lago Poopó. Todos los ejemplos citados, son hechos que desmitifican una construcción genuina del estado Plurinacional y la lucha por el reconocimiento de los pueblos indígenas que es de larga data.

Cabe resaltar –que además del ámbito indígena- otro de los ámbitos de la sociedad civil que también fue embestido en este último año fue el de las ONG, y el sector de los comunicadores y periodistas críticos. En suma, se pretende vetar el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, condiciones sine qua non de una sociedad libre, democrática y soberana. 

Por último, la arremetida contra la democracia, cuya salud hoy en día está en juego y que en el referéndum del 21 de febrero veremos si se robustece y los bolivianos le decimos sí a la rotación de cargos –siguiendo la filosofía andina-, le decimos no a la perpetuación de dos personas en el poder. Caso contrario, la democracia estará lánguida, debilitada, desmejorada.

Con todo, es necesario reconocer que la Bolivia de hoy no volverá a ser jamás la de antes, y esto va en positivo, hemos avanzado, el camino de superar las dictaduras y construir una democracia ha costado literalmente “sangre” y la pérdida de vidas muy valiosas e imprescindibles hoy en día. Las brechas de las desigualdades se han aminorado, y no hay que desfallecer ni perder de vista que ante todo es la principal tarea, lograr una vida digna para todos los que habitamos Bolivia. Y es ese verdadero “vivir bien” el que nos interpela como país a cambiar nuestro modelo extractivista y ser consecuentes con el discurso de respeto a la naturaleza, al interior como exterior del país

Entonces en este séptimo aniversario del Estado Plurinacional, no hay mucho que celebrar, sin embargo aún podemos soñar, pedir deseos y no tirar por la borda todo lo que hasta ahora como sociedad boliviana hemos logrado. Aunque en esta etapa de campaña, de “amigos/enemigos” sea como pedir peras al olmo.








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