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Opinión

2 de julio de 2021 16:03

Pariente del Presidente


Levi Strauss, en su obra Las estructuras elementales del parentesco, trata la importancia y el rol de las relaciones del parentesco en la constitución de las sociedades tribales en todas sus esferas.

Si bien en estas sociedades el parentesco era una pieza clave para su funcionamiento, en las sociedades modernas existe una separación entre las esferas pública y privada, por tanto, la administración del Estado debe regirse institucionalmente. Cuando priman las relaciones de parentesco en el manejo de la cosa pública, se incurre en prácticas dolosas como el nepotismo, el tráfico de influencias, etc. Sin embargo, en Bolivia es natural y está normalizado que este tipo de influencias prepondere para la consecución de trabajos, licitaciones, y el goce de privilegios en el sistema sanitario.

En el contexto de crisis sanitaria, Bolivia ocupa el décimo lugar en muertes y contagios por la Covid-19 en el continente. La tercera ola produjo un porcentaje de letalidad alarmante. Y claro urgía la vacuna, pero había que aguardar que los adultos mayores, y personas con enfermedad de base sean atendidas, al ser los más vulnerables. Los jóvenes debían esperar.

La aplicación de las distintas marcas de vacuna, se inició con los médicos y el personal que trabaja en el área de salud, por estar en riesgo al tener contacto con personas infectadas. Luego se procedió a la vacunación de la población en general, iniciando por los adultos mayores, de más de 80 años. Y poco a poco se fue descendiendo a otros rangos de edad. Había impaciencia porque la vacunación avance, pues la tercera ola, no respetó a jóvenes, y la Covid-19 se los llevó antes de tiempo. Sin embargo, de acuerdo al cronograma de vacunación, los jóvenes tenían que esperar su turno.

Esto no pasó con Eva Liz Morales, hija del expresidente Evo Morales, de 26 años de edad, quien se “cólo”, se adelantó, se saltó el cronograma del proceso de vacunación, pues sin que sea la fecha que le correspondía para inocularse, fue vacunada. La joven hasta el día de hoy no pidió disculpas, y tampoco le cayó alguna sanción, sino que la cabeza de quien rodó fue la del gerente médico de la Caja Bancaria Estatal de Salud, quien fue destituido. Hasta el momento, las consecuencias no llegaron al nivel de donde salió la orden, y es muy probable que no ocurra.

Evo Morales tampoco se disculpó, salió en defensa de su hija, sosteniendo que al ser funcionaria pública le correspondía recibir la vacuna, cosa que no se hizo con el resto de los funcionarios. El país no tiene una política preferencial de vacunación para funcionarios públicos de cualquier edad, excepto para los del sector salud. Si la vacunación se abre a otros rangos de edad, tiene que ser para todos, y no solamente para una élite del partido de gobierno. En ninguna situación debía existir la vacuna VIP y menos en un gobierno que se dice socialista y popular.

Sin embargo, se halla tan normalizado este tipo de acciones y comportamientos, pues se los hace de manera tan automática y espontánea, que la institucionalidad, los protocolos, etc., quedan en el olvido. Y estoy segura que ni rubor produce en la joven Eva Liz, ni en su padre, ni en el gerente médico destituido. De hecho, posiblemente no sabían que estaban incurriendo en una acción antiética. Y si lo sabían no les importó. Tampoco les importó a las autoridades del Ministerio de Salud, pues suspendieron el sistema de acceso a la información sobre la población vacunada, socapando y generando mayor sospecha de que haya habido como éste, muchos otros casos más.

“Soy la ahijada del presidente”, exclamó una joven que se encontraba en estado de ebriedad, y que participaba de la celebración del aniversario de la CSUTCB. Lo dijo frente al trabajo de inspección que realizaba la Guardia Municipal de La Paz. La señorita sacó a relucir su parentesco con el presidente del Estado, como mecanismo de intimidación para no ser detenida por hacer caso omiso de las restricciones en plena pandemia.

Estas prácticas de abuso de poder tan arraigadas en el país, son tanto de derecha como de izquierda. El nepotismo, el tráfico de influencias, y el abuso de poder, al parecer no discriminan. Izquierdistas, socialistas con el puño en alto, y que abrogan el derecho a llevar adelante una transformación, tienen que estar conscientes de que si no existe una transformación moral, el “proceso de cambio” del que tanto hablan se limita a solo un cambio de los aprovechadores de turno.

Gabriela Canedo Vásquez es socióloga y antropóloga

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