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Opinión

12 de agosto de 2022 10:21

Elvira Parra, desde la cárcel


“Soy Elvira Paula Parra Villca de Chuquimia, nacida en el departamento de La Paz, provincia Ingavi, municipio de Tiwanaku. Primera Directora Ejecutiva Nacional del ‘Fondo de Desarrollo para Pueblos Indígenas Originarios y comunidades Campesinas’(…) vivo hace 7 años y 2 meses detenida preventivamente”, son líneas de la carta abierta que, desde la cárcel, dirigió Elvira Parra a toda la opinión Pública, para dar a conocer la injusticia que atraviesa.

Elvira Parra, fue dirigente de la Confederación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa.  Asimismo, fue asambleísta en la Asamblea Constituyente por el MAS y primera directora del FONDIOC del 2009 al 2012.

Ante el estallido del millonario desfalco producido al interior del Fondo Indígena, Elvira Parra fue aprehendida un 02 de marzo de 2015 y desde entonces se encuentra presa ya más de siete años. Su caso es similar al de Marco Antonio Aramayo, quien falleció por las consecuencias inhumanas de tener más de dos centenas de juicios. En el caso de Elvira Parra, sobre ella pesan más de 180 querellas. Al igual que a Aramayo, se le propuso un juicio abreviado, pero ella sostiene que aceptar el mismo es inculparse, y aceptar que es corrupta, siendo que no desvió ningún centavo en beneficio personal. Se mantiene íntegra y pretende demostrar que ella no ha robado nada.

Cuando la paciencia y la esperanza flaquean, su esposo, y ella atisban que el camino que debe recorrer es el mismo que el de Marco Antonio Aramayo. La salud se deteriora, pues las condiciones físicas en la cárcel y psicológicas a causa de gigantesca carga judicial que lleva, no son de las mejores. Sufre de gastritis, hipertensión, inicios de diabetes y por supuesto está afectada psicológica y emocionalmente. A esto se suma, el reciente traslado a la cárcel de Palmasola en la ciudad de Santa Cruz, que implica alejarla mucho más de su familia, quien ahora debe viajar para visitarla y apoyarla. Detrás de Elvira y su situación, hay un contexto familiar, pues tiene 3 hijos. El menor tenía 11 años cuando lo dejó el 2015. Su esposo, Joaquín Chuquimia, quien trabaja en una fábrica textilera y la acompaña en el sinuoso camino de búsqueda de justicia, dijo que era angustiante enfrentar tantos procesos paralelos en varias regiones. Ya no cuenta con recursos económicos para costear el traslado de su esposa a los distintos departamentos donde se la cita a audiencias, que más de las veces son postergadas ni para contratar abogados para que la defiendan en tantos casos. Por este motivo, en varios de los juicios han solicitado un abogado de la Defensa Pública.

Llama la atención que altas autoridades como la Ministra de ese entonces Nemesia Achacollo, goce de libertad para defenderse. Aramayo y Parra sostuvieron que ellos como directores cumplían lo que una Asamblea General a la cabeza de la Ministra decidía. Sin la firma de la ministra, no salían los recursos.

Ella sostiene que quiso, como muchos dirigentes, trabajar de manera transparente y verdaderamente por los pueblos indígenas, originarios, no corrompiéndose. Concluye que toda la injusticia que está viviendo es una mala lección que se les da a las generaciones futuras.

Ante la impotencia de una justicia lenta, corrupta y deshumanizada, recurrió al presidente Luis Arce, para hacerle conocer su situación. Asimismo, envió cartas a los presidentes de las cámaras del legislativo, Andrónico Rodríguez y Freddy Mamani, y no obtuvo respuesta de ninguno. Ha mandado una carta a todo el pueblo boliviano, y ¿será que también recibe silencio como respuesta?.

Existe un reciente antecedente vergonzoso de injusticia cometido contra Marco Antonio Aramayo, quien murió derrotado por un sistema judicial podrido. ¿Por qué Elvira Parra no puede defenderse en libertad? ¿Por qué se le niega el derecho de estar cerca de su familia y preservar su salud? ¿Por qué a siete años de no comprobársele de aquello que se le acusa se la sigue con detención preventiva? ¿por qué otras personas que tenían mayor poder de decisión que Elvira Parra gozan de libertad y/o no se las investiga? ¿en qué quedaron los equipos técnicos y ejecutores de proyectos y quienes eran responsables de la administración de dinero? ¿Será que se está esperando que Elvira y su cuerpo sucumban al igual que Aramayo, ante la hediondez de esta “justicia”? tantas preguntas sin respuestas, mientras Elvira sufre desde la cárcel.

Gabriela Canedo Vásquez es socióloga y antropóloga

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