Opinión

27 de abril de 2020 14:09

Abracemos la Tierra

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Varios cientistas sociales, politólogos, filósofos, biólogos, han hecho una serie de análisis de la sociedad que a futuro emergerá de esta pandemia. Una de las premisas de las que se parte es que la especie humana es el verdadero virus. El ser humano hoy, recluido, arrinconado, es el único que destroza su propio hábitat. Sin embargo, a lo largo de la historia se constata que esta misma especie que destruye y devasta es la que crea, inventa, sueña, avanza, llega a la luna mediante la poesía o una nave, y tiene actitudes altruistas. En estos meses, las acciones y muestras de solidaridad se han dejado sentir, principalmente con los ancianos y sectores vulnerables. Pues un imperativo es el aprovisionamiento de alimento. En varios países bajo carteles “si necesitas toma, si te sobra dona”, las evidencias de cooperación mutua han salido a flote.

Podemos ir más allá, investigadores peritos en materia de pandemias y virus, están buscando y probando el tratamiento eficaz y la vacuna para el COVID 19 que nos ataca. De manera sorprende y extraordinaria, yendo contrareloj, varias universidades, han puesto a toda máquina sus departamentos de investigación. La inteligencia, el conocimiento, nos sacará de esta situación. No todo está perdido.

Hemos hecho tanto daño a la naturaleza, con un modelo extractivista y de explotación, por supuesto bajo el presupuesto que ella estaba a merced nuestro. En esta cuarentena, ante el silencio y quietud de las ciudades, muchas son las fotos que muestran la manera en la que la naturaleza se está recuperando. Los animales han ocupado calles, parques, jardines, plazas, fuentes de agua en varios lugares del planeta. A modo de recordarnos que ellos tienen un lugar importante en el planeta, osos, lobos, monos, ciervos, elefantes, ardillas, vizcachas, peces, delfines etc, se han hecho sentir. Circulan en las redes, fotos en los que una manada de elefantes cruza una carretera en Tailandia. Monos y ciervos, en avenidas, osos y especies de animales no domésticos en parques, peces ocupando las aguas de los canales en Venecia. La contaminación atmosférica bajó, se ha dado una mejora en la calidad de aire en ciudades donde la polución mataba gente. Los canales de Venecia se tornaron cristalinos. En un área más local como nuestra ciudad, “el río Rocha turbió”, al ritmo de la canción. El aire se halla más puro, las montañas que semanas antes no se divisaban producto de la contaminación, ahora se las puede admirar. Los trinos de las aves y pájaros han regresado y son el único sonido que se escucha en las plazas. Un panorama que nos dice que aún, que no todo está perdido. Abracemos la Tierra.

El no contacto, nos ha arrinconado a la individualización dicen varios análisis, sin embargo, hemos encontrado medios para acortar distancia, y la tecnología –gran invento- ha permitido hacer frente a la soledad y lograr acercamiento, con cualquier ser querido de cualquier lugar del planeta. Las redes sociales, los celulares, teléfonos y las teleconferencias, nos han posibilitado vernos los rostros, escucharnos las voces, dedicarnos tiempo, y conversar para sentirnos acompañados y acompañadas. Una muestra más de que no todo está perdido, podemos ante las adversidades tender puentes de comunicación y cariño. Y estamos convencidos de que si el problema es profundo estructural, en este barco estamos todos, por tanto la salida es colectiva.

Por último, frente a la frivolidad y al consumismo, de aquello que damos más importancia, la cuarentena, también nos ha dado un respiro para consumir solo lo imprescindible y lo estrictamente necesario. Gran lección que nos da un resquicio de esperanza, de que no todo está perdido, de que hay la posibilidad de organizar la vida de otra manera. Que las calles y avenidas, sean ocupadas por la bicicleta y el peatón. Que respire el planeta Abracemos la Tierra. 

Gabriela Canedo V. es socióloga y antropóloga

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