Opinión

28 de agosto de 2020 10:28

"Tristes trópicos"

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Tristes trópicos, es una de las obras magníficas de Claude Levi Strauss, escrita en 1955, producto del trabajo de campo que el etnógrafo hizo en la amazonía brasilera. Un elemento central del libro se resalta en el prefacio, el breve verso que retoma del poema Rerum Natura del filósofo y poeta romano Lucrecio, que según la traducción señala “Todas las cosas que te precedieron están muertas, de la misma manera que las que vendrán después de ti sucumbirán”.

En la descripción que Levi-Strauss hace en esta etnografía, resalta el éxtasis y la imaginación de un continente donde “cada animal, cada árbol, cada brizna de hierba tenía que ser radicalmente distinto”, para él fue el descubrimiento de un nuevo mundo; y escribe “¿podré volver a encontrarme en ese estado de gracia?”, recordando la sensación de aquel momento en el que recorrió la amazonía y conoció a los grupos indígenas que la habitaban.

Esa amazonia de Tristes trópicos, ardió el año pasado, y arde en estos momentos. ¿habrá alguien que la defienda? , ¿dónde quedan los derechos de la naturaleza?. Es así, que hace unos días, se llevaron a cabo las audiencias ante el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, denunciando una serie de violaciones cometidas a la misma en el país.

Entre julio y septiembre de 2019 y ahora en plena pandemia, la Chiquitanía, Chaco y Amazonía boliviana ardieron en llamas. El relato en las audiencias de cómo vivieron los incendio, in situ los indígenas, se puede resumir en las palabras de doña Zoila Zeballos, (presidenta del Comité de gestión Tucabaca): “Fueron 70 días que vivimos esta zozobra. Los niños tuvieron que ser puestos a buen resguardo y las mujeres y hombres se quedaban para apagar el incendio. Pedimos que se respeten las normas vigentes para la prevención de incendios y la anulación de las normas que favorecen a los desmontes”.

Alrededor de seis millones de hectáreas se quemaron. El testimonio de Elmar Masay, cacique general de la Central de Comunidades Indígenas  Originarias de Lomerío, señala “Los incendios de 2019 han afectado gravemente la Casa Grande. Todos los que dependemos de los bosques hemos sido afectados de una u otra manera; la muerte de los árboles, animales, y el daño a la misma tierra ha ocasionado un daño a la vida”. 

El fuego arrasó con la vegetación y ecosistemas existentes durante miles de años. Alega don Felipe Castro, cacique de Tierra y Territorio de la Organización Indígena Chiquitana, que “un sinnúmero de animales murieron Los animales silvestres llegaban a la casa y uno podía agarrarlos y darles agua, eso fue lo más doloroso que hemos vivido. No tenemos agua en nuestras comunidades, nuestros animales han consumido el agua contaminada por las cenizas y murieron; íbamos de pesca y los peces estaban muertos”.  “Los tigres que eran feroces se volvían mansos porque buscaban ser protegidos”, añade la vicepresidenta de la Organización Monkor de la Chiquitanía, Germinda Casupá.

El fallo del tribunal declara responsables de semejante ecocidio, a las políticas de Estado de Evo Morales y Jeanine Añez, así como al agronegocio, pues viabilizar la expansión de la frontera agrícola, para el desarrollo de la ganadería y la agricultura en detrimento de 36 territorios indígenas y el incalculable número de animales muertos y flora afectada, es un delito aberrante. El ecocidio se constituye en un crimen de carácter internacional, debido a que afecta a la naturaleza y a los seres que de ella dependen, pues implica la destrucción masiva del sistema ecológico.

El panorama infernal de los incendios, recabado de los testimonios de indígenas, bomberos y testigos que vivieron de cerca el siniestro, dio paso a que el Tribunal emita el fallo que conmina a la abrogación del Decreto Supremo 3973 entre otros, que autorizaron la quema indiscriminada en los departamentos de Beni y Santa Cruz, para ampliar la frontera agrícola. Incluso, para colmo, mediante una ley departamental en el Beni, se modificó el uso del suelo, todo con el afán de extender la práctica de la ganadería y la agricultura, para favorecer a los agroindustriales. Todo esto implicó, un incremento de los chaqueos, y se generaron “perdonazos” o impunidad frente a estos hechos. Por último, se dictamina la eliminación de las leyes que dan vía libre a la producción de semillas modificadas (transgénicas), aprobadas en plena pandemia.

Las determinaciones del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, no son vinculantes, sin embargo al ser una instancia ética exhorta al Estado boliviano a preservar los derechos, esta vez de las regiones de la Amazonía, Chiquitanía y del Chaco. Hoy más que nunca está vigente el temor de ver sucumbir aquello que nos antecedió, áreas de las más riquísimas en biodiversidad de mundo, y heredar de manera implacable a futuras generaciones, unos tristes trópicos”.

Gabriela Canedo V. es socióloga y antropóloga.

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