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Opinión

5 de febrero de 2022 08:00

Lecciones del contrato YPFB-IEASA

ESCRITORIO 1

La postergada firma de la sexta adenda del contrato de compraventa de gas entre Bolivia y Argentina deja lecciones que merecen ser asimiladas.

La primera es que se ha disipado el sueño de hacer de Bolivia una potencia gasífera regional. De hecho, estamos viviendo el fin del ciclo del gas; el tercero, tal vez último, sin duda el más corto, de los ciclos económicos de nuestro país. El gas se acaba porque es un recurso no renovable, pero también porque se ha descuidado y obstaculizado la reposición de las reservas mediante una política falta de sentido común y pletórica de ideología. ¡Evo y Álvaro lo hicieron, para la historia!

En efecto, el año 2006 consolidamos el mercado argentino mediante un contrato que podía haber “gatillado” un nuevo ciclo de exploración. Sin embargo, hasta Néstor Kirchner tenía sus dudas pues, en esa circunstancia, afirmó: “si esas pícaras no invierten, hágame un telefonazo e invertimos nosotros”. La historia es conocida: las “pícaras” empresas petroleras no invirtieron en exploración (por las condiciones leoninas impuestas por YPFB), no se descubrió más gas y Néstor cambió el número de su teléfono.

La segunda lección es que el mercado de Argentina está definitivamente perdido, aunque seguirá requiriendo gas por un tiempo más hasta concluir el gasoducto al norte que transportará el abundante gas de Vaca Muerta hasta las regiones fronterizas con Bolivia. Junto a ese mercado terminará de morir también la planta de separación Gran Chaco, otro monumento a la improvisación. Urge, por tanto, rediseñar la política de comercialización, rompiendo la falsa dicotomía entre mercados externos y mercado interno y reemplazando la vieja consigna de “gas para los bolivianos” por el nuevo lema: “energía para los bolivianos”.

Una ulterior lección es que, al perder el mercado argentino, Bolivia pierde una fuente de divisas que hoy necesita más que nunca. Lo paradójico de esa situación es que seguimos quemando gas en nuestras termoeléctricas a un costo de 1.3 $/Mpc cuando ese mismo pie cúbico, exportado, valdría entre cinco y seis veces más. Es un sinsentido, porque podríamos sustituir la termoelectricidad por hidroelectricidad (de la cual ya existe importante potencia ociosa) complementada con fuentes renovables no convencionales. Pero, si bien se tiene un Sistema Interconectado Nacional (SIN), la generación eléctrica sigue siendo regionalizada (hidroeléctricas para el Altiplano y los valles, termoeléctricas para el oriente), sin que exista la capacidad de trasmisión necesaria para la interconexión a gran escala. Urge por tanto realizar ajustes al sistema eléctrico interconectado que permitan reemplazar paulatinamente las termoeléctricas.

Finalmente, debido al incremento incontrolado del parque automotor y a la disminución de la producción de gas no estamos lejos de que la balanza comercial energética se vuelva negativa: lo que se recaudará por la venta del gas no alcanzará para importar diésel y gasolina. Se equivoca rotundamente el gobierno de Luis Arce al buscar panaceas en los biocombustibles, cuando en la realidad son solo paliativos costosos que tienen el efecto perverso de seguir estimulando el uso de vehículos a combustión interna. Urge una vez más un plan de transición energética que fomente, gradual y sectorialmente, la electromovilidad, empezando por el transporte urbano masivo, y que desincentive la circulación de vehículos a diésel en las ciudades.

En fin, la temática de la VI adenda le señala al gobierno la urgencia de emprender ya un plan de transición energética, que seguirá teniendo al gas como un actor relevante, para hacer frente a los desafíos actuales y para prevenir la grave crisis energética que se acerca.

Francesco Zaratti es físico y analista