Opinión

10 de febrero de 2019 09:09

El Papa y Venezuela


La situación que vive hoy Venezuela se asemeja a un banco en quiebra cuyo gerente, para no ser destituido por los accionistas, monta un auto atraco con el apoyo de sus colaboradores bien armados. Como en todo atraco, hay rehenes que sufren por la falta de alimentos y medicinas y que, por eso, merecen ser atendidos primero. Hay también negociadores que buscan soluciones razonables a la crisis, mientras los asaltantes van bajando sus pretensiones a medida que pasa el tiempo y descubren que no tienen apoyo ni escape. Una opción razonable sería llamar a una Asamblea de socios para elegir al nuevo gerente, sin presiones ni intromisiones, pero esa solución es rechazada por quién sabe que nunca jamás será repuesto en el cargo ¿Cuál será el desenlace? ¿El violento, con un alto costo de vidas humanas, o el negociado, en el que los asaltantes terminan cediendo a cambio de mínimas concesiones?

En este contexto, sigue causando fuerte controversia, especialmente en las redes sociales, la actitud del Papa Francisco. La mayoría lo acusa de no pronunciarse claramente y de ese modo amparar la permanencia de Nicolás Maduro, agravando el sufrimiento del pueblo. Hay quien cree hallar la razón de esa actitud en sus raíces peronistas y sus simpatías ideológicas con las corrientes populistas de izquierda. En mi opinión, el Papa actúa con base en tres principios.

El primero es que los problemas internos de cada país incumben a los Obispos de ese país; son ellos quienes deben pronunciarse y orientar a la Iglesia local cuando las circunstancias lo ameriten. De hecho la Iglesia de Venezuela (Obispos, religiosos y laicos) ha recogido valientemente el sentir del pueblo en varias ocasiones. La más reciente es el mensaje del 5 de febrero que pide evitar un baño de sangre; aboga por una salida política, mediante elecciones limpias y supervisadas; busca un alivio a las dramáticas necesidades del pueblo, el fin de la persecución política y la recuperación de las instituciones democráticas. La duda es si el silencio del Papa se justifica en casos de ataques violentos a religiosos y lugares de culto, como ya ha sucedido.

El segundo eje del actuar de Francisco es la prioridad del diálogo, como único camino a la paz, pero un diálogo sincero y productivo, todo lo opuesto de lo que Maduro ha buscado con la complicidad de políticos impresentables como Zapatero o Samper. No se trata solo de evitar que el régimen madurista tenga más oxígeno, sino  de dar soluciones rápidas, eficaces y duraderas al hambre de pan y libertad de todo un pueblo. Una vez más se extraña el silencio del Vaticano ante los desaires y mentiras de Maduro en esos “diálogos”.

En tercer lugar, el Papa es consciente de su rol como Jefe de Estado, además de máxima autoridad de la Iglesia. En efecto, la diplomacia vaticana es conocida y respetada por su alta profesionalidad que no se deja manipular por los intereses estratégicos de las grandes potencias ni por el discurso rimbombante y vacío de Maduro. Es una diplomacia que no actúa a través de la prensa sino mediante negociaciones pacientes y perseverantes en busca de soluciones pacíficas  y de largo alcance. De hecho, un bien informado sitio vaticanista (ilsismografo.blogspot.com) revela señales de hastío del Vaticano hacia Maduro quien, en una carta (manipuladora y desesperada) al Papa, se autoerige como “Paladín de la causa de Cristo”; un paladín cuyas manos están manchadas de sangre inocente.

Por último, en el vuelo de regreso a Roma desde los Emiratos, Francisco ha aceptado mediar “como en el diferendo del Beagle” si ambas partes se lo piden y se comprometen a acatar incondicionalmente  la solución que el Papa disponga. ¡Aun a sabiendas que no lo harán!

Francesco Zaratti es físico

Twitter: @fzaratti

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