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30 de noviembre de 2020 07:54

El arte de dimensionar las cosas


En mis clases de Física solía proponer este problema: “¿hay más moléculas de agua en una gota o gotas de agua en el Lago Titicaca?”. La respuesta consistía en estimar el “orden de magnitud”.

Conociendo superficie y profundidad media del Lago, se deduce un volumen aproximado de 2 mil km3. A su vez, una gota tiene un radio del orden de un milímetro y la molécula casi el radio de un átomo. El resultado es que los dos valores son comparables. Por tanto, si bien una gota y una molécula son objetos pequeños, la dimensión de esa pequeñez es muy diferente: una molécula en una gota es como una gota en el Lago.

La capacidad de “dimensionar” un asunto referente a diferentes aspectos de la vida es fundamental en el desarrollo del pensamiento crítico. Veamos algunos ejemplos.

En muchas conversaciones sale a la luz que no hay que apoyar a un político porque es corrupto, ladrón o inmoral. La defensa suele ser la siguiente: todos los políticos son corruptos, todos son inmorales y todos son ladrones. En la realidad hay Corruptos (con la C, que todo lo resuelven corrompiendo o chantajeando) y corruptos (por saltar la burocracia irracional); Inmorales (que no miden las consecuencias de hacer trampa al pueblo) y pecadores (los que no saben resistir ante una tentación); Ladrones (que roban a los enfermos en plena pandemia o que derrochan el dinero del pueblo) y aprovechadores de la papelería de la oficina.

A este respecto, me viene a la memoria el cuento del cuidador que reprocha a un señor por orinar en la piscina. “Todos lo hacen”, se defiende el sujeto. “Tal vez”, le retruca el encargado, “pero no desde el trampolín”.

El confuso anuncio de un impuesto a la riqueza (¿al patrimonio o al ingreso?, ¿se aplica al 0.01% de la población -unos mil super ricos- o a unos cien?) suena muy populista, pero se afirma que no recaudaría más de 15 M$; menos de lo que se recaudaría si cada cocalero pagara 100 Bs mensuales, que fácilmente puede transferir a los super ricos de su cadena de negocio.

Si en Potosí se exige una indemnización desorbitante a una concejala por fiscalizar hechos de corrupción, en Sipe Sipe un reclamo para acelerar la entrega de la canasta escolar ha llevado a unos padres de familia a cometer atrocidades contra su alcaldesa. Es la misma desproporción que llevó en agosto a bloquear el transporte y el paso de oxígeno solo para ratificar una fecha electoral.

Un bife entre dos tostadas de pan se llama sándwich, pero un elefante entre dos tajadas de pan cruzando una frontera se llama contrabando. Una marcha de protesta es diferente a un ejército civil (armado o no) que se empecina en cruzar un puesto de bloqueo policial y militar que le impide ir a “tomar” una ciudad, desde luego “pacíficamente” (¿existe un adverbio más abusado en nuestro medio?). Las eventuales muertes son causadas por las balas, no cabe duda, pero también por la irresponsabilidad de quienes no supieron o quisieron prevenir ese enfrentamiento. Porque la vida se defiende evitando muertes innecesarias, no solo reclamando, post factum, por las víctimas, casi siempre inocentes.

La “salvaje” Ley de Moisés no instituyó el “ojo por ojo” para fomentar la venganza, sino para poner límites a la reacción ante un ultraje o un delito. Una herida se paga a lo sumo con una herida, no con una vida. Un robo, por más angustiante que sea para un pobre y honrado ciudadano, en ningún caso justifica un linchamiento.

En fin, se trata de poner las cosas en su justa dimensión, para así cortar la cadena de la venganza y el odio. Me pregunto si esto está sucediendo hoy en Bolivia con el cambio de gobierno o si esa cadena está destinada a alargarse con nuevos eslabones, a la espera de la siguiente revancha. 

Francesco Zaratti es físico.

Twitter: @fzaratti

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