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Opinión

29 de diciembre de 2021 12:08

Boconas, malcriadas y el feminismo de Gloria Anzaldúa


Los feminismos históricamente han generado un fuerte rechazo de las sociedades conservadoras. Las feministas cuestionamos la subordinación a la que las mujeres hemos sido sometidas por siglos; una situación de opresión que ha sido normalizada y legitimada por el discurso masculino misógino. Una de esas premisas es que el reducto “natural” de nosotras es el ámbito doméstico. Así, debemos ser madres, casarnos y ser obedientes a nuestros maridos/parejas. Las mujeres que cuestionamos esas premisas somos objeto de insultos y estigmatización.

Durante este 2021 he escuchado, en diversos momentos, pensamientos misóginos que me han sorprendido por su crudeza. Así, en una reunión social escuché decir que “si eres feminista, no les vas a gustar a los chicos” y además “si eres bocona o malcriada, nadie te va a querer”. Aquí la idea implícita es que una feminista está condenada a la soledad y a la tristeza por defender la igualdad. Desafortunadamente, estas frases altisonantes se reproducen con frecuencia en el espacio público. En el mes de noviembre durante una marcha en contra de la violencia de género en la Villa Imperial,  oí a un grupo de personas vociferar: “Estas mujeres [las manifestantes] están locas” y “a estas mujeres les falta un hombre”. Estas expresiones estigmatizan a las mujeres que cuestionamos el orden social establecido. Para estas personas el ideal de mujer es el de un ser obediente, callado y que acepte su rol subordinado en la sociedad. La pregunta que nos hacemos es cómo y por qué estas visiones antifeministas tienen tanto arraigo social.

Una de las autoras que ha explorado los orígenes históricos y culturales del antifeminismo y la misoginia es Gloria Anzaldúa (1942-2004). En 1987, ella publicó su famoso libro titulado Borderlands/La Frontera. La Otra mestiza. Este texto es una reflexión sobre la situación de las mujeres mexicano-estadounidenses (que ella llama chicanas) y el rol del patriarcado en el diseño de sus vidas. Un concepto central de su trabajo es el de la tiranía cultural. Por ésta, ella hace referencia a la forma cómo la cultura tradicional ha subordinado a las mujeres y las ha relegado a su calidad de madres (siempre bajo la tutela de varón), de aquí nace la idea de la familia tradicional. La cultura según Anzaldúa está hecha por quienes tienen el poder, es decir los hombres. Ellos hacen las normas y las leyes a su entero beneficio. Sin embargo, Anzaldúa señala que hay una colaboración femenina. Las mujeres (y muchas veces las madres) transmiten esas ideas misóginas y discriminatorias. Una cita suya es elocuente:

“ ¿Cuántas veces he oído a madres y suegras decirles a sus hijos que golpeen a su esposa por no obedecerlos, por ser hociconas, por ser callejeras (por ir a las vecinas y chismosear con ellas), por esperar que sus maridos ayuden con las tareas de la casa y con la crianza de los niños, por querer ser algo más que amas de casa? (...) La cultura espera que las mujeres muestren mayor aceptación del sistema de valores que los hombres y mayor compromiso con él.”.

Aunque pensadas para las mujeres mexicano-estadounidenses, estas reflexiones de Anzaldúa tienen enorme vigencia y actualidad en Bolivia. Las frases misóginas y violentas son comunes en espacios públicos y privados. ¿Qué hacer ante esta situación? Retomando a la propia autora, podemos decir que debemos desobedecer esa tiranía y sustituirla por un sistema de igualdad. Así, un discurso de equidad de género y una nueva concepción de la masculinidad son las alternativas para construir una sociedad más justa.

Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata

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