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4 de junio de 2021 15:02

27 de mayo: ¿Día de saludos?

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Matilde se levanta a las cuatro de la mañana, cocina para su familia y deja la comida envuelta sobre la mesa. Prepara jugo de quinua para vender en el mercado Chuquimia, ubicado en la Villa Imperial de Potosí. Tiene cuatro hijos: de uno, cinco, siete y nueve años. La abuela, de más de 60 años, se queda al cuidado de los hijos de Matilde. A las  5:30, Matilde agarra su aguayo y carga a su wawa más pequeña, prepara el carro de jugo de quinua y se dirige a su fuente de trabajo. Ella en las tardes también vende fruta en el puesto que heredó de su madre. 

El pasado 27 de mayo celebramos el Día de la Madre Boliviana. El Ministerio de Trabajo decretó un asueto de media jornada: “considerando la importancia de la labor que desempeñan en el seno de cada hogar y a favor del desarrollo del Estado Plurinacional, se dispone tolerancia de media jornada laboral…”. Queda claro que esta disposición romantiza la abnegación y entrega de las madres que dan la vida por su familia.

Los políticos de todos los partidos hicieron declaraciones saludando a las madres abnegadas, adhiriéndose a estas disposiciones. Pareciera que desde sus espacios de poder no logran ver la realidad llena de obstáculos a la que se enfrentan estas mujeres diariamente, que además son creados por el Estado y que son el resultado de una crisis económica que es parte de la estructura jerárquica que acrecienta las brechas de desigualdad. 

En Bolivia tenemos una clase política que acepta las condiciones precarias y la doble jornada laboral del grueso de las mujeres que se encuentran dentro de la economía informal, como Matilde. A través de sus redes sociales estos políticos felicitan, agradecen y admiran a las mujeres “luchonas” por tanto sacrificio. Sin embargo, después de estas efemérides, los políticos regresan a sus actividades y olvidan mejorar las condiciones de las mujeres que homenajearon efusivamente el día anterior. Las madres agasajadas vuelven a su rutina de trabajo, del cuidado de la casa y de los hijos/as.

Tenemos una sociedad que ha naturalizado la entrega y abnegación de las madres aún a costa de sus proyectos vitales. Ellas se enfrentan cotidianamente a días difíciles, muchas son solteras y educan con total dedicación a sus niños. Han renunciado a la educación, a su propia preparación, quizás a otras aspiraciones, todo  por cumplir con este mandato social. 

Las ferias son parte de la cotidianidad potosina en las que un 80% son comerciantes mujeres. Históricamente sabemos que las mujeres han sido las grandes figuras de las ferias, en la actualidad esa figura no ha cambiado. Las calles potosinas se han convertido en espacios laborales para estas mujeres acompañadas de sus wawas. Que venden ya sea como ambulantes de diversos artículos. Las más estables entre ellas, con puestos establecidos donde ofrecen comida, dulces, ropa, productos para el hogar, etcétera. 

La economía informal que se ha constituido en un fenómeno cada vez más presente en las calles y lo que es peor se la ha normalizado. Ésta afecta de manera desproporcional a las mujeres dado que además de tener un trabajo sin beneficios sociales, tienen la responsabilidad de la crianza de los hijos y del cuidado de la casa. 

En este escenario, es necesario promover iniciativas económicas más justas e igualitarias. Es justo que las madres informales bolivianas tengan mejores oportunidades de trabajo. Que la clase política deje de romantizar el sacrificio de las mujeres, cuando es desde el Estado que se deben promover políticas públicas para que las mujeres tengan más derechos y libertades. Es necesario que el rol de cuidado del hogar sea compartido y no recaiga únicamente en las mujeres.

Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata

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