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8 de abril de 2021 15:06

"Se te muestras todita, peligras solita"


Todas las mujeres hemos escuchado en nuestro círculo decir cosas como: “cuidado con andar sola”, “cuidado con vestirse provocativa”, “cuidado con beber demás”, “cuidado con andar muy tarde”; es tan normal que si desobedecemos estas advertencias, somos culpables si sufrimos una agresión sexual.

Algunos de estos estigmas dieron mucho de qué hablar estos últimos días con la denuncia de violación de Icla Kahlo a través de sus redes sociales. Ella denunció a los violadores Alejandro Archondo y Alejandro Cambero, quienes la transgredieron siendo amigos de “confianza” por muchos años. A esto añado dos casos atroces que ocurrieron en febrero y marzo: una adolescente de 14 años fue víctima de una violación grupal en el municipio de Betanzos; otra, de la misma edad, en Uyuni, fue inducida a beber en exceso por jóvenes, quienes la ultrajaron sexualmente.

A estos vejámenes sumamos las medidas del Viceministerio de Seguridad Ciudadana, encargado de planificar, dirigir políticas de prevención y control en materia de seguridad ciudadana, que nos manda un mensaje a través de la campaña “Si te muestras todita, peligras solita”. Ésta fue suspendida por las fuertes críticas, pero es necesario analizar ciertos de sus matices. 

“Si te muestras todita, peligras solita” manifiesta la doble moralidad del Estado, el fracaso de su discurso de despatriarcalización y la insuficiencia de la Ley 348. Refleja que las mujeres somos un instrumento únicamente discursivo, porque cada funcionario/a que aprobó esta campaña es quien solapa al amigo violento, quien ejerce violencia en casa, quien juzga a las mujeres por cómo visten y, lo peor de todo, justifica e invisibiliza al agresor. 

La desprotección de las mujeres por parte del Estado es evidente, al igual que la complicidad de gran parte de la sociedad. Principalmente por la falencia de las instancias públicas para persuadir a los hombres de no violentar nuestros cuerpos y nuestras vidas, porque no pueden ni con sus propios funcionarios. Con este tipo de mensajes se da el permiso a los agresores de torturar, vejar, violar y encima culparnos a las mujeres por no cuidarnos y provocar. 

Estos matices están fuertemente arraigados al imaginario social, fundado en constructos machistas y patriarcales. El hecho de “mostrarnos todita” implica directamente un dominio ajeno sobre nuestros cuerpos;  es decir, nos expropian de nuestro propio territorio. Desde la infancia nuestros cuerpos son controlados por la familia, la sociedad, la religión, la cultura y el Estado. Nos enseñan a sentir vergüenza, a sentir culpa, a naturalizar la represión y el poder que tienen sobre nosotras. Es por ello que ante una agresión sexual se da importancia al consumo de alcohol, al atuendo; que si estaba con muchos “amigos”, si era muy tarde y otros aspectos que encubren el problema estructural de la violencia hacia las mujeres. 

Cada día mujeres de todas las edades son violentadas por conocidos y desconocidos. La FELCV atendió hasta marzo 8.220 delitos contra la mujer. Muchas violaciones son por parte de los propios padres de familia. ¿Acaso una niña de siete años se “muestra todita, y peligra solita”?

Urge desmontar los códigos patriarcales en la sociedad, en el Estado, en la religión y la cultura. La culpa y la vergüenza recaen únicamente en las mujeres y esto debe cambiar de bando, porque quienes deben sentir culpa y vergüenza son los agresores, quienes justifican y solapan a los violentos y los funcionarios o autoridades que se llenan la boca del discurso de despatriarcalización sin  siquiera comprender la realidad de las mujeres bolivianas.

Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata.

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