Opinión

8 de junio de 2019 12:30

Revalorizar la participación de los jóvenes


“4 de cada diez personas viven en situación de pobreza, pero 10 de cada 10 podemos hacer algo para cambiarlo” es el slogan que maneja la Fundación TECHO, una fundación que trabaja por superar la situación de pobreza en la que viven miles de personas en el país y que construyó una vivienda transitoria para María y su familia. María vive en Hampaturi, un distrito a solo unos minutos de la ciudad de La Paz, junto a su esposo y sus 4 hijos (uno con discapacidad). Vivian todos en una sola habitación con dos camas y que además les servía de cocina y comedor. El cuarto les fue prestado por la hermana de María. Ella trabaja como vendedora y su esposo como albañil. El dinero que ganan les alcanza con mucha suerte para alimentación y ropa. Esta es una de las miles de familias que hoy viven en situación de pobreza en el país y a las cuales el Estado no llega.

TECHO, la fundación que trabajó con María, tiene una característica por la cual se diferencia de otras que trabajan en este ámbito: está conformada en su totalidad por jóvenes voluntarios. De esos que salen una vez al año a las calles en las ciudades de La Paz y Santa Cruz con sus alcancías, que te paran en cada esquina, que no te dejan en paz hasta que les des una monedita, de esos que luchan por un país sin pobreza con su granito de arena.

A menudo se escucha que a los jóvenes de hoy no les interesa nada más que ellos mismos, las redes sociales y los videojuegos. La juventud de hoy como despreocupada de la política y los asuntos sociales del país es la percepción generalizada que tiene una generación adulta que la compara con aquella juventud política de los años 70 y 80 reaccionaria a las dictaduras y participe en el proceso de la recuperación de la democracia en el país.

La realidad hoy es otra y lo que está claro es que hay una fuerte ruptura de los valores tradicionales. Hoy los jóvenes se mueven en dinámicas distintas, tienen valores diferentes a los de sus padres, creen en la capacidad del individuo para generar cambios y sus preocupaciones están en causas como el medio ambiente, la violencia de género o el maltrato a los animales. La acción social en forma de voluntariados, organizaciones, colectivos o movimientos se convirtió en su principal medio de participación ciudadana.

Ante la creciente desconfianza hacia el sistema político partidario, ser voluntario es hoy la forma que asumen los jóvenes para poder transformar efectivamente tu realidad con un impacto inmediato. Pero es además una forma de mejorar y crecer como persona ya que permite salir de la burbuja en la que uno se desarrolla y entender (dependiendo el enfoque de cada organización) lo que es la pobreza, la contaminación, la discriminación la violencia de género o el maltrato animal, sin recibir remuneración por ello. El trabajo voluntario permite conocer el país, entenderlo y trabajar por transformarlo con pequeñas acciones quizá pero acciones al fin; hoy cada vez más jóvenes están inmersos en estos. La juventud no es indiferente y con nuevos medios, herramientas, valores y formas de organización está trabajando en la transformación de su realidad. El desafío: transformar esas acciones en políticas públicas por un Estado y una estructura institucional que aún no comprende ni canaliza estas causas y formas de accionar.

Estefani Tapia es licenciada en Negocios internacionales y estudios en Ciencias políticas.
Twitter: @EstefaniTapia95

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