Opinión

10 de mayo de 2018 11:17

UN PERIODISMO LIBRE Y SIN MIEDOS


Con ocasión de la LII Jornada de las Comunicaciones Sociales, el Papa Francisco ha escrito un mensaje cuyos ejes son el cuestionamiento a las Fake News o noticias falsas, desde el compromiso con la verdad y las personas, y el llamado a un perdiodismo de paz, a propósito del cual reescribe la oración de san Francisco de Asís, sobre ser instrumento de paz.

A propósito de algunos de los tópicos que el Papa señala es oportuno, también en el contexto de la celebración del día de las y los periodistas en Bolivia, apuntar algunos elementos al diálogo y la reflexión desde un pensamiento crítico pero siempre basado en la primacía de la persona humana por sobre las ideas y las cosas.

El Papa ataca la viralización de las noticias falsas, porque en ellas se contienen aparentes elementos de verdad, que se mimetizan con ésta y hasta pueden resultar plausibles o verosímiles, apelando a la sensibilidad y las emociones más que a las razones o los hechos. Señala que son “informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”.

Detrás de la generación de noticias falsas están oscuros intereses de poder, económicos, de ambición, vanidad, egoísmo e incluso odio. Por ello el periodismo, ejercido desde la libertad y la responsabilidad, debe poder confrontarse sin miedo no sólo contra los contenidos que distorsionan la verdad sino para develar y evidenciar los intereses que detrás de aquellos se esconden.

En otra parte el Papa señala que “el drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio”. Y esto es terrible alimentar, financiar o encubrir en sociedades que dicen ser democráticas.

Por ello, en la labor periodistica se impone un sano cuestionamiento crítico, sabiendo que nadie es poseedor absoluto de la verdad pero que cuando se actúa con libertad se está más próximo a ésta, a la vez que un discernimiento para separar lo que hace bien de lo que hace mal, o de lo que aparentemente es bueno; debe desenmascarar la mentira, sin miedo ni compromiso con el poder, pues es un servicio que realiza por el bien de la sociedad. “Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer”.

Continúa diciendo Francisco “el antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad…el mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje”.

Los y las periodistas, en un contexto de presiones y abuso de poder disimulados -en otros más bien explícitos-, no deben tener miedo al poder. Su función es cuestionarlo, desenmascarar su disimulo, ayudar a la transparencia de la información y al goce efectivo de derechos.

El y la periodista son custodios de las noticias, su función es preguntar y preguntar y seguir preguntando hasta aproximarse a la verdad, pues se debe a otros seres humanos que tienen el derecho de estar verazmente informados, “tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas”.

Ni el poder, ni el dinero, ni los privilegios para comprar conciencias y silencios nunca lograrán acallar un periodismo crítico, libre e independiente.