Opinión

16 de agosto de 2018 11:13

TODOS A LA CARCEL


Se decía con cierta ironía que en el hospital psiquiátrico de Sucre “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Algo similar se puede decir de la realidad de las cárceles en el país, pues como se ha podido evidenciar en distintas investigaciones de la Agencia de Noticias Fides (ANF) y en información sobre prisión para inocentes, hay muchas personas que no correspondería que estén en la cárcel pero ahí están, castigados (as) por algo que o bien no cometieron o bien no correspondería una detención en un recinto carcelario; y por el contrario también se evidencia que hay personas que deberían cumplir sentencia en la cárcel y se han beneficiado con otras medidas por razones incomprensibles.

Tal como se mostraba en marzo de este año, con el reportaje ¿Inocentes o culpables? presos sin sentencia permanecen por años en detención preventiva;se ha convertido en la regla y no en la excepción la detención preventiva, con la cifra escalofriante de que siete de cada diez personas están en la cárcel sin sentencia. Lo cual, evidentemente, se debe a la retardación de justicia (por muchos factores) y genera hacinamiento en las cárceles de todo el país (con efectos también terribles, como se pudo exponer en el reciente reportaje El precio de la vida en el penal de San Pedro”),siendo que hay cerca de 18 000 reclusos y reclusas en éstas, que tienen una capacidad para 5000.

Por otro lado, por las mismas condiciones estructurales de las cárceles, conviven personas que lo mismo están ahí por robar celulares que por asesinar a alguien o violar a menores, personas con amplio prontuario o desórdenes psiquiátricos lo mismo que personas encerradas porque en la “investigación” se parecía al delincuente (ver Seis historias de personas "condenadas" por "errores" judiciales y policiales)

En muchos casos no se sigue el debido proceso o se presume la culpabilidad antes que la inocencia (ver El dilema de la (in)justicia: ¿Presunción de inocencia o presunción de culpabilidad?). Y en medio de todas estas injusticias conviven niños y niñas, unidos a la tragedia de sus padres y madres, sin culpabilidad alguna (https://www.noticiasfides.com/especiales/ninos-en-las-carceles-bolivianas)

Las cárceles tienen la capacidad de ser un micro reflejo de lo nefasto en nuestras sociedades y ahí se llega, también, porque hay una sociedad que empuja a ello.

Pareciera que todo se resuelve con desear y lograr que la gente entre a la cárcel, que la única comprensión de justicia que se tiene es penalizar, castigar, reprimir y condenar. Todos y todas deben ir a parar a la cárcel, más allá del tipo de acciones, circunstancias y grado del daño ocasionado.

Al menos una parte de la sociedad parece sentirse segura y satisfecha al conseguir “meter a la cárcel” a quien ha provocado tal o cual hecho, es más hay manifiestos deseos de venganza que parecen funcionar como catarsis para la sensibilidad individual. ¿Cómo se concibe la justicia entonces? En que se logre la cárcel para quien hizo un mal cálculo en las cuentas del presidente, o para la señora que mató un perro o para quien cortó un árbol o para quien se opuso a eso, para quien se autoincriminó siendo inocente o para quien hizo mal uso de unos bienes que son de todos.

Lo más grande y lo más pequeño (sin negar que puede tratarse de delitos) tiene una resolución punitiva y con aquello se cree haber resuelto todo. ¿Qué beneficio otorga a la sociedad que haya personas encarceladas, en casos en los que podrían establecerse otro tipo de penas, cuando las consecuencias pueden generar fracturas familiares, falta de cuidado y atención a los hijos, espirales de violencia y corrupción, destrucción de una carrera profesional, enfermedades crónicas, pobreza extrema y una larga cadena de situaciones?

Hay personas que deben estar en las cárceles por el tipo de acción cometida, sí, pero eso no implica en ningún momento que toda persona, por cualquier acción, deba terminar en la cárcel; y esa parece ser la lógica de nuestro sistema de justicia y aún más de nuestra sensibilidad como sociedad.

No tenemos capacidad de discernir y generar alternativas ante las situaciones particulares, analizando el contexto, las causas y consecuencias y por ello estamos condenando a miles de personas a sufrir la violencia de la cárcel, pues eso tranquiliza nuestra conciencia. Y por el contrario, hay quienes deberían estar encarcelados y disfrutan de diversos privilegios y ninguna condena, normalmente porque tienen dinero y poder.