Opinión

12 de abril de 2018 09:35

EVA, NAOMI, ALEXANDER Y VALERIA


Un año más se celebrará el Día del Niño y la Niña en Bolivia. Y el carácter simbólico del mismo no debería reducirse a actos que en el día a día no significarán nada. De nada sirve nombrarlos alcaldes, concejales o parlamentarios por un día, si todos los demás días la situación de nuestra niñez no cambia. Es oportuno que como sociedad y como Estado dejemos de reproducir año tras año simples espectáculos que no afectan ni inciden en la vida real el resto de los 364 días del calendario.

No se niega que actos simbólicos puedan tener elementos positivos lo que es preciso cuestionar es si efectivamente nos interesa como sociedad la vida íntegra de nuestros niños y niñas. 

El 2017 el país reportó la escalofriante cifra de 87 infanticidios y en lo que va del año son 21 más de uno por semana. Honrar a la niñez es cuidar su vida, amarla y cuidarla. Una solo vida segada por la violencia es un golpe duro a nuestra humanidad,más aún cuando se trata de seres débiles, indefensos, necesitados. Si queremos celebrar el día de la niñez en Bolivia trabajemos en las familias, escuelas, iglesias, centros de salud, hogares de acogida para que su vida y dignidad sean respetadas absolutamente.

Eva murió en marzo de 2017 por desnutrición crónica, por hambre, pero junto a ella había otros niños, sus hermanos que también eran acosados por el hambre. Naomi, la joven que fue llevada a La Paz desde Guanay pesando 7 kg a sus 14 años de edad ¿cómo vivió de niña y cómo llegó a ese estado? Sin el cuidado de su familia aún viviendo con ella. Naomi también tiene hermanos menores, a la fecha fue dada de alta con una mejoría en su peso. El bebé Alexander murió en circunstancias que no han sido aclaradas hasta hoy, en un Hogar de acogida de la Gobernación de La Paz. Todo el problema se ha reducido a buscar algún culpable para enviarlo a la cárcel, ¿a quién le importó en verdad lo que le sucedió al bebé? Al revisar el decurso del proceso de "investigación" y el judicial la respuesta evidente es que no ha importado conocer la verdad de los hechos y ahora Alexander sólo puede vernos desde el cielo, ojalá sintiendo compasión por nuestra mísera humanidad.

Valeria es un caso distinto, ya no es menor de edad, dejaba su niñez con el trauma de la violación sufrida pero ha logrado encontrar ayuda y atención oportuna; hoy quiere ser un icono de la lucha que encara la Defensoría de la Niñez del municipio de La Paz, para mostrar las situación que experimentan miles de niñas y niños, por la violencia ejercida contra ellos. Qué triste resulta comprobar que hay personas capaces de violentar la vida de niños y niñas. Por ello todo esfuerzo es pequeño a la hora de conseguir para ellos y ellas una vida feliz, sana y digna.

Desde distintas instancias se está trabajando con compromiso por nuestra niñez, tanto desde la Dirección de la Niñez del Ministerio de Justicia y algunas defensorías municipales. Es mucho más lo que queda por hacer pero lo más importante es que cada boliviano, boliviana tome conciencia de la importancia de cuidar y amar a niños y niñas así como respetarlos y luchar porque ninguno, nunca más tenga que sufrir malos tratos, violencia, abandono o muerte.