Opinión

12 de marzo de 2018 18:45

¿Dónde irá a parar la niñez fuera de las cárceles?


Ciertamente, la gran mayoría de la población afirma que no hay mejor lugar para los hijos que con sus padres. Entonces se hace difícil comprender que cada niño o niña que vive en la cárcel pueda estar mejor en otro lado. Sin embargo, es difícil no imaginar que en aquel lugar destinado a “punir” a adultos mujeres y hombres, no haya probabilidad de riesgo para aquellos menores.

Los niños que están domiciliados en las cárceles del país no cuentan con las libertades y derechos de cualquier otro niño, y más allá de las prerrogativas explícitas en la normativa vigente respecto a sus derechos, la realidad es que mientras menores de edad vivan en cautiverio, “acompañando” a sus padres, jamás podrán ejercer un desarrollo íntegro (normal) y tener la oportunidad de sus otros semejantes. Vivir en esta situación, junto a otros reos es ya una vulneración de derechos.

Ahora bien, respecto al escandaloso caso de una niña abusada por su propia madre y pareja mientras realizaba visita a la cárcel, el Gobierno Central ha asumido una posición que considero debe ser apoyada por la población. El retiro de niños y niñas mayores de 6 años de las cárceles, pasados a tutela de familiares o a centros de acogida mientras los padres cumplen su condena, es una medida importante, quizás acertada o por lo menos atenuante. 

Empero, al determinarse esto, es importante reflexionar sobre la situación de estos centros de acogida -a la familia le dedicaremos otro texto-, mismos que desde ahora serán el hábitat de muchos niños y la reflexión sobre algunas de sus características es imperante. La realidad es que los centros de acogida son también espacios donde niños y niñas pueden correr similares riesgos a los de la cárcel, las características físicas de una gran cantidad de estos no cumplen con lo mínimo indispensable, sus vinculaciones con centros de educación son complejos y muchos cuentan con un poco estructurado y maduro espacio de apoyo psicológico, social y emocional. No obstante, conocemos que estos apoyos, determinarán la situación de los niños y niñas hacía adelante.

He visitado varios centros de este tipo en la región, sin embargo, recuerdo con precisión el primero en la ciudad de La Paz. Este era un centro que cobijaba a más de 30 niños, ellos eran de diferentes edades, tenían distintas procedencias, así como dificultades y capacidades diversas. Sin embargo, su espacio físico estaba deteriorado, la comida era poco balanceada y nutritiva, pero principalmente era clara la reducida cantidad de “maestras”, “madres sustitutas” o “tías” para la gran cantidad de infantes, siendo ellas quienes tenían el rol de definir sus condiciones hacia el futuro hacían prácticamente malabares para ofrecer a éstos niños lo mejor que podían con lo que tenían.

Las características de estos centros de acogida u hogares, respecto a las características de las personas que interactúen con las niños y niñas, determinarán los niveles de violencia infantil y hacia adelante, las situaciones de violencia doméstica, violencia hacia la mujer, hacia la población en general o por el contrario determinarán sus posibilidades de complementariedad, sociabilidad o apego a la justicia.

Si bien celebramos la decisión de limitar el acceso a niños a la cárcel, esta no será completa, sino se integra con una política específica alrededor del problema, tampoco logrará los cambios de situaciones que tanto necesitamos. La niñez no es el futuro de nuestro país, la niñez es el presente y no basta con la demanda al gobierno y/o gobiernos, tampoco a las instituciones que trabajan con ellos, pero es imprescindible la movilización, una movilización que promueva la prevención, que llame la atención a esta la situación social y que proponga al gobierno, medidas integrales alrededor de este y otros temas.

Claudia Quintanilla es socióloga
Twitter: @ClauQuintanill