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Opinión

16 de marzo de 2022 17:06

La década perdida de occidente

ESCRITORIO 1

Este es el título del libro escrito por Mauricio Rios Garcia, economista boliviano, que allá por el año 2015 nos alertaba sobre el desfiladero al que la economía mundial se enfilaba y que hoy ya es una realidad innegable.

La teoría de ciclos económicos expuesta por Ludwig von Mises en su libro “Teoría del Dinero y el Crédito” (1912) permite comprender las dinámicas entre auge y crisis económica. Las mismas cobran sentido cuando se incorpora en el análisis la expansión permanente del crédito, una política pública para reconducir la economía a su comportamiento normal que contrario a lo que muchos economistas del mainstream explican, lo único que hacen es incubar una próxima crisis que supera cualquier beneficio “coyuntural” a partir de la fijación artificial de un contexto de auge financiado a partir del capital formado efectivamente por el ahorro privado.

Rios Garcia es claro al exponer los patrones que, a lo largo de la historia económica desde la Gran Depresión en adelante, se ha encumbrado la idea equivocada que los periodos de crisis solamente pueden remontarse a partir de la generosa y benévola mano del Estado y sus políticas públicas. Políticas que utilizan la coerción, sobre el sistema financiero, para bajar artificialmente las tasas de interés y generar aluviones de créditos que financian proyectos de dudosa calidad, mismos que solamente cobran sentido en ese contexto, es decir en un escenario totalmente envilecido.

Haber sido testigos de uno de los periodos más traumáticos para la economía boliviana, el gobierno de la UDP, que generó una hiperinflación solamente comparable con el periodo del saliente Víctor Paz Estenssoro de la Revolución de 1952. Todas las medidas asumidas por el Paz Estenssoro de 1985 hubieran cerrado con broche de oro las reformas estructurales si solamente cerraban la puerta al Banco Central para continuar su control hegemónico sobre la moneda nacional, la posibilidad de ampliar la base monetaria o crear dinero fiduciario sin respaldo alguno en futuros escenarios en los que el Gobierno deba darle el hombro al poco confiable sistema de mercado. Vaya error.

La economía sigue un curso de colisión inminente mientras la expansión crediticia sigue su camino, uno cada vez más caro si es que se desea sanear la economía, un costo político innegociable para todos los gobiernos. El crecimiento permanente de los precios, solamente es compensado con incrementos en los salarios que dado el escenario de permanente “crecimiento” impiden un despabile en la sociedad que confía que pronto ese incremento de precios que genera más señales erradas en el mercado llegue a su fin. Señales que continúan llamando a ofertantes a arriesgar en condiciones altamente especulativas que solamente cobran sentido dentro del libreto propuesto por sus gobernantes.

Dando un salto a nuestros días vemos como la invasión rusa a Ucrania ha generado una presión aún más fuerte en la economía global, dicho sea de paso, economías que se han visto obligadas a incrementar el gasto público consecuencia de la pandemia COVID-19. No obstante al parecer nadie se percata que este ciclo ininterrumpido entre auge y crisis parece haber llegado a su punto más álgido y es insostenible continuar con un incremento del crédito para seguir pateando el problema fuera del siempre optimista corto plazo.

La fragilidad del dólar como moneda no es una casualidad, la encrucijada de la zona del euro, con una Alemania acorralada por su alta dependencia al gas ruso, rival coyuntural, y por otro lado mantener una disciplina monetaria tal que permita sostener los vaivenes de los miembros más desbocados en materia fiscal. China que también tiene sus propios problemas, con una crisis inmobiliaria gestada nuevamente por los mismos objetivos, generar un escenario artificial de falso crecimiento a partir de una expansión del crédito dirigidas hacia el sector de la construcción e inmobiliario (deuda para 2022 de 100.000 millones de dólares americanos).

En síntesis, el envilecimiento del valor real del dinero fiduciario a merced de políticas públicas cuestionables desde todo punto de vista, solamente podrán ser reseteadas dando pie a una crisis que formatee y depure las malas inversiones acompañado de un periodo disciplinado de ahorro y formación de capital que en el largo plazo permita nuevamente financiar inversiones reales y acordes a un entorno de “carne y hueso” despojado de cualquier maquillaje que lleve a los ciudadanos de a pie a incurrir en errores que pagan con sus ahorros, su patrimonio, su futuro.

La Década Pérdida de Occidente por Mauricio Rios García cuantos problemas nos hubiéramos ahorrado si tan solo hubiéramos escuchado sus palabras inmortalizadas en este libro, cada día que pasa es un día desperdiciado para sacarnos del despeñadero. ¿Algún político tendrá los cojones para hacerlo?  

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, presidente de Fundación Lozanía