Opinión

9 de abril de 2019 18:08

Bolivia en el papel


Hace algunos días, el economista Julio Alvarado alertó sobre la credibilidad de los datos estadísticos presentados por el Gobierno Nacional, haciendo mención a un estudio realizado por World Economics (Gran Bretaña, 2016) el cual presentaba el Índice de Calidad de Datos en el que se evaluaba diferentes aspectos que hacen al cálculo y administración de estadísticas oficiales en los 154 países que se evaluaron.

Según World Economics Bolivia tiene una valoración de credibilidad del 21% en este ranking de Calidad de Datos (2016) situándose por encima únicamente de Haití (11,8%) ambos, tal cual señala la investigación, son los peores valuados a nivel Latinoamérica. No debemos dejar de lado el hecho de que el estudio en cuestión pone en tela de juicio los datos referenciales que defendían a ultranza diversas voces oficialistas en variados eventos incluso uno tan significativo como el mismísimo informe de gestión del 6 de agosto a cargo del primer mandatario Evo Morales.

Más allá de los fines políticos que lleven al Gobierno a tergiversar los datos para encuadrar la estadística oficial a los resultados y logros publicitarios ampliamente difundidos por todos los medios de comunicación disponibles, existe una preocupación totalmente justificable en Alvarado que tiene que ver con la conducción efectiva de las políticas públicas del Estado y su impacto en los verdaderos problemas que atañan al país en sus diversas dimensiones (económica, social, ambiental, cultural, etc.)

Para empezar, es necesario aclarar la gran diferencia entre el Producto Interno Bruto Nominal (a precios corrientes) y el Real (a precios constantes). El PIB Nominal registra el volumen de producción bajo los cambios coyunturales de precios, por ende, tiene un componente de inflación incorporado. Entre tanto, el PIB Real registra el nivel de producción de una economía a precios constantes ligados a un año base preestablecido, en el caso boliviano ese año referencial es el 1990, eliminando así cualquier efecto derivado de la inflación.

Ahora bien ¿Qué datos presenta el Gobierno, los nominales o los reales? Bueno como es predecible el Gobierno se basa en el PIB Nominal para representar el logro de su nuevo modelo económico que según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) asciende para el 2017 a 37.239 millones de dólares. Los datos correspondientes para el año 2018 aún no se encuentran disponibles en el sitio oficial del INE, sin embargo, muchas autoridades ya dan por sentado que nuestro PIB asciende a 40.000 millones de dólares. 

Sin embargo, el PIB Real para el mismo año (2017) alcanzaba tan solo 6.643 millones de dólares, existe una diferencia de 460,57% entre lo Nominal y Real, este efecto es un mero reflejo de las fluctuaciones en el nivel de precios, mismos que no responden a un incremento del nivel de la producción en la economía boliviana, lamentablemente el Gobierno Nacional deja de lado esta pequeña aclaración y solamente presenta una imagen sobredimensionada de Bolivia en términos del PIB.

Otro hecho que debe llamar poderosamente la atención es que el Gobierno destaca continuamente el nivel de crecimiento del país en relación a sus pares de la región, para llegar a esas cifras promedio mágicas de 5,1% anual (2006-2014) o 4,91 % anual (2006-2017) el gobierno recurre sorpresivamente a los datos del PIB Real, pero ¿Cuál es la razón de volcarse hacia un indicador menos “favorable” que el Nominal?

Pues bien, si el Gobierno tendría que explicar ritmos de crecimiento anual entorno al 12,96% (2006-2014) o 10,84% (2006-2017) se encontraría en una situación por demás incomoda, ya que no solamente expertos en el área económica sino también la población en general tendría problemas para asimilar que un nivel tan alto de crecimiento no se traduzca en mejores condiciones de vida, empleo, progreso y desarrollo. 

Estoy en condiciones de afirmar que el PIB como indicador económico ha sido utilizado a conveniencia del Gobierno Nacional para proyectar una Bolivia exitosa solamente visible en los datos del INE, informes del Ministerio de Economía y Finanzas, publicidades del Ministerio de Comunicación, o los nefastos informes de gestión de cada 6 de agosto del presidente Morales; han transcurrido 13 años, donde los bolivianos hemos sido testigos de la construcción de un proyecto de país teórico, records por ahí records por allá que han dejado en un segundo plano la esperanza de mejores días de los bolivianos. 

La Bolivia en el papel que nos presentan no es más que una utopía que quedará en el olvido, porque políticas públicas basadas en una imagen artificial del país terminan por desnudar la otra Bolivia, la que todos evidenciamos día a día cuando salimos en busca de un empleo formal cada vez más escaso, cuando vamos al mercado y tenemos productos importados en lugar de productos bolivianos, cuando presenciamos una migración continua hacia las principales urbes del eje desvaneciendo cualquier atisbo de futuro en el área rural, cuando cierran empresas a consecuencia de un sofocamiento por parte del Estado, que pena al emprendedor y se muestra contemplativo con el informal.

13 años de políticas de papel para un país encumbrado en el papel.

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático
Twitter: @CharlieCardozo