Opinión

23 de noviembre de 2021 08:46

Bits entre bolivianos

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La definición de Bits de acuerdo a Urban Dictionary señala lo siguiente: dícese de un chiste “interno” válido entre un grupo específico de personas. Bueno si de algo puede jactarse el boliviano es de su buen humor, su creatividad y la capacidad de reír incluso durante sus momentos más difíciles.

Por ejemplo: el famoso Tilín se convirtió en un sobrenombre para el propio presidente Luis Arce Catacora, el mismo hace alusión a las actitudes sumisas de este en relación al líder cocalero tal cual sucede con el niño que protagoniza el video viral que genero su fama en las redes sociales.

Sin embargo, el problema se presenta cuando la excesiva susceptibilidad y total malinterpretación de la realidad lleva a los miembros de una organización política a censurar, atacar y criminalizar cualquier pensamiento e incluso “bit” que un ciudadano boliviano pueda lanzar.

La supuesta “discriminación” se convierte en la guillotina social para cortar cabezas incluso cuando de bromear se refiere. El uso del término “masista” como calificativo despectivo no es un acto de discriminación, no hace alusión a un estrato social en particular, o alguna de las categorías pluriculturales que tan de moda están entre los ideólogos y políticos modernos de ideas arcaicas.

El término “masista” hace simple alusión a cualquier persona, repito cualquier persona que distorsiona la realidad una y otra vez con el único objetivo de que esta coincide con la verdad única que se le impone verticalmente al extremo de caer presa del ridículo. Pasado en limpio: un pelele sin juicio y opinión crítica que es capaz de ridiculizarse las veces que sean necesarias.

Esto también involucra a los colectivos como feministas, indigenistas, ecologistas, religiosos, LGTB que distorsionan cualquier tipo de pensamiento libre en contra de su lógica oleada y sacramentada como verdad absoluta a través del descredito del portavoz de dicha opinión o pensamiento. Hemos llegado al extremo de autocensurarnos para evitar ser linchados por la opinión pública.

Hablando de mayorías y minorías que es el juego que se nos vende como democracia, bueno ustedes minorías serán respetadas y tienen derecho de participar, pero no olviden aquí ganamos nosotros, somos MAS y bueno tenemos la autoridad para hacer y deshacer cuanto queramos y esté al alcance de nuestra voluntad. Pero ¡hey! No se preocupen los escucharemos, bueno por lo menos daremos la impresión de hacerlo.

Bolivia está ante un curioso caso y espero que ustedes puedan encontrarle el sentido a este, les presento la madre de todas las preguntas. ¿Cómo es posible que un gobierno guiado por las mayorías, termine siendo contrarrestado por las minorías; y al mismo tiempo las mayorías deban reclutar a otras minorías para que estas puedan defenderlas de las primeras minorías ante la amenaza de asestar un golpe al legítimo y democrático gobierno respaldado por las mayorías?

¿Qué? ¿Una mayoría temerosa de una minoría? Me pregunto si alguien en el gobierno le dio una revisada a este tipo de huecos argumentales porque seguramente le costara el trabajo a más de un burócrata. No hay de que señores masistas.

Tal vez el país se encuentra tan convulsionado porque existe una idea equivocada acerca de las mayorías y minorías. ¿Qué es un 55% de apoyo votante si en la práctica las leyes las construyen en una sola oficina en la Casa del Pueblo? lo sé es toda una ironía. Bolivia y su historia en general es una sola ironía.

Con el pasar del tiempo los bolivianos nos dimos cuenta que no eran solo esos cuantos pobladores de las ciudades de La Paz, Oruro, Potosí y Sucre. Habíamos descubierto que existían otros bolivianos en el área rural, aquellas cuyas lenguas desconocíamos, quechuas y aymaras que trabajaban para grandes hacendados, campesinos que pagaban impuestos, pero eran invisibles en todo el sentido de la palabra.

Luego Oriente y Occidente se dieron cuenta de su coexistencia en el mismo país, en primera instancia a través de la Guerra del Chaco. Luego a través del decaimiento de la minería nos volcamos al esperanzador futuro del petróleo, agricultura del oriente, las urgencias del Estado para mantener la economía a flote a cualquier precio ni más ni menos.

Hace algunos años los bolivianos se madrugaron con la existencia de 36 naciones indígenas que se trató de hacer ver como el surgimiento de algo nuevo, un nuevo despertar para el país. Sin embargo, sin temor a equivocarme creo que la historia da cuenta que mientras nuevos grupos sociales son “reinvindicados” mayor tensión y conflictividad social se genera, no por las diferencias entre los viejos y nuevos “bolivianos” sino por la permanente intervención del Estado como articulador de la sociedad.

Estamos en un fuego cruzado entre masistas y no masistas, entre burócratas y trabajadores del sector privado e informal. Estamos en un fuego cruzado entre bolivianos.

Parafraseando al icónico comediante afroamericano David Chapelle en su último show (The Closer) donde hace alusión a sus diferencias con el movimiento “T” perteneciente a los LGTB habla sobre la empatía:

“La Empatía no es negra, la Empatía no es Homosexual, la empatía es bisexual, va en ambas direcciones”

Lamentablemente no solo basta la voluntad de los ciudadanos, no olvidemos que estamos ante un Sistema Corrupto, mismo que incentiva a los ciudadanos a polarizarse, violentarse, victimizarse entre más y más “tribus”. Los ciudadanos somos presas de un conjunto de fuerzas que emanan de ese Gobierno de las mayorías, que encuentra en las minorías que dice representar un buen combustible para imponer una agenda mucho más minoritaria aún. La del poder.

Por favor señores del gobierno dejen de imponerse a los ciudadanos.

No se confundan soy un ciudadano, libre, con pensamiento propio que me regocijo en la dicha de estar equivocado, la imprudencia en voz alta es algo tan raro en estos días que espero que sus hijos y nietos queridos lectores jamás tengan que entender su significado a partir de un diccionario.

Siéntanse en la libertad de discrepar conmigo, por favor insisto. ¿Saben por qué? por el simple hecho de tener la opción de hacerlo. Que gran privilegio, uno que damos por sentado.

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía

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