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Opinión

14 de marzo de 2022 09:49

Autocomplacencia

ESCRITORIO 1

La sociedad boliviana tiene un gran defecto, a pesar de darle muchas vueltas, pensar y pensar acerca del porqué de su mera existencia no existe respuesta racional que logre satisfacer con cierto éxito la interrogante, por supuesto me refiero a la autocomplacencia.

Hace algunos días en conmemoración de otro Día Mundial de la Mujer, varias autoridades del Gobierno Nacional aprovecharon las circunstancias para llevar agua a su molino, entre las mismas apreciaciones de asombro por el incremento de la violencia de género, aplaudir que existen Leyes exclusivamente destinadas a defender los derechos de las mujeres, al mismo tiempo que se jactaban del actual nivel de participación de la mujer en política a partir de la paridad de género es decir, los mismos discursos que año y año simplemente devalúan las luchas por jornadas laborales menores y nivelación salarial de las mujeres trabajadores de Chicago.  

El grueso de la población cree ciegamente en que el problema radica en el grado de dureza de las leyes y se pliega a la clase política en su afán por legislar y aprobar leyes que solamente son efectivas en el papel, los problemas reales siguen ahí afuera, la violencia en general no tiene ningún obstáculo delante. Seguimos aplaudiendo la aprobación de declaraciones de buenas intenciones que no funcionan ni siquiera para secar las lagrimas de más y más victimas del corrupto Sistema de Justicia, que abusa y atropella a hombres y mujeres sin distinción de géneros, ante sus ojos ambos son vulnerables sin capacidad real de defenderse.

Otro ejemplo de la autocomplacencia de la sociedad boliviana, tiene que ver con la elección del próximo Defensor del Pueblo, entre los varios nombres que surgieron el de María Galindo es el que más controversia generó, nuevamente el pensamiento conservador se deja llevar por las formas y pierde de vista que es de las pocas personas que realmente hace algo para contrarrestar la impunidad e injusticias que a diario sufren tantas mujeres. No se trata solamente de apuntar el dedo para señalar a los golpeadores y asesinos que salen libres luego de “tranzar” con jueces y fiscales, sino de visibilizar a los operadores de justicia que permiten en primera instancia que “animales” así de siniestros continúen circulando en las calles. Esta vez opositores al gobierno prefieren a alguien que sea abiertamente contrario al oficialismo que tanto detestan, sin embargo, pierden de vista que el flagelo que hoy se sufre consecuencia de la Administración de Justicia no se resuelve con operadores políticos sino con personas activas comprometidas con una causa clara y concisa.

Por el contrario ¿qué es lo que primero ven? El exterior, la superficialidad de lo ajeno, lo foráneo que contrasta con lo preestablecido, lo familiar, lo aceptable. El prejuicio puede más que hacer el intento por romper el statu quo, siguiendo un ejercicio beneficio/costo los beneficios siempre salen derrotados en la mayoría de los casos simplemente porque las viejas usanzas que han contaminado tantas mentes, han sucumbido ante el colectivismo moral que parece guiar a la sociedad en su conjunto.

Esta vez la autocomplacencia viene por parte de la sociedad que valida cualquier comportamiento cercano a la conducta ideal del ser y hacer preestablecido como vestigio del pasado glorioso. Curiosamente la clase política dominante va en un sentido más “progresista” a su manera trata de importar agendas que no nacen de la sociedad boliviana sino más bien planean reemplazar a la vieja escuela que no pierde el sueño si las muertes se van acumulando siempre y cuando el orden de conducta y protocolo de buenas costumbres no sea condicionado, perturbado o alienado por personajes tan excéntricos y controversiales como Galindo.

Finalmente, la cereza sobre el pastel fue el supuesto caso de discriminación sufrido por un cantante cruceño cuando se le solicito abandonar las instalaciones de un restaurante so pretexto que este no cumplía con el código de vestimenta adecuado. Como era de esperar, las grandes autoridades en este caso Jorge Silva, Viceministro de Defensa del Consumidor actuó inmediatamente aplicándose una sanción de 100.000 Unidades de Fomento a la Vivienda (UFV) al propietario. La discriminación es una bandera que permite separar a los enemigos de los amigos, a los aliados de los contrarios, a los ricos y poderosos de los pobres y humildes.

Y si de políticas públicas para los humildes hablamos, el Gobierno tiene uno de sus últimos cartuchos invertidos ahí, con una ley en contra la discriminación que hace las veces de comodín para ajustarse al “objetivo”. No obstante, realmente ataca una hebra muy sensible en la sociedad, el clasismo que ha sido moneda común a lo largo de la historia previa Revolución del 52 y posterior a esta. Podría decirse que logra reivindicar una lucha histórica por ser reconocido por el Estado y sus instituciones. Es una respuesta casi obvia inclinarse por el débil encarnado por el marginal, el desposeído, el pobre que en una lógica bastante forzosa repara todos los abusos, atropellos y limitaciones vividas por sus antepasados.

El propietario del restaurante como buen empresario privado es prepotente y trata de humillar y cercenar los derechos de ese pobre comensal, cuyo único error fue acudir con los hombros descubiertos mientras el resto utilizaba ropa casual o común y corriente, vaya privilegiados que se dan el lujo de cumplir con las altas exigencias del dueño del restaurante.

No hay mayor daño para una sociedad que reforzar acciones y conductas totalmente injustificadas, atrapadas en el colectivismo y la falsa moral que trata de imponerse al mismo tiempo que se valida a si misma, bajo la falsa sensación de que se hace las cosas bien.

Mientras tanto, los problemas estructurales, siguen intactos y se van fortaleciendo ante la atenta mirada de los autocomplacientes, conformados con la inanición y la lenta agonía de una sociedad atrofiada por la cotidianeidad de la rutina.  

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía