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Opinión

23 de mayo de 2022 09:30

1809, Sucre en deuda con Charcas

ESCRITORIO 1

25 de mayo, Primer Grito Libertario de las Américas, una fecha especial por su alta significancia para Sucre, centro del poder legal de la Audiencia de Charcas, así como sede de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca (27 de marzo de 1624) donde jóvenes de toda la región estudiaban.

Una educación escolástica, donde se impartía el conocimiento de leyes, que no era ajeno a las nuevas líneas de pensamiento ya que en la clandestinidad circulaban los ilustrados (españoles y franceses).

Bernardo Monteagudo alumno de esta casa de estudios, cautivaría e inspiraría con su obra anónima, 1809, “Diálogos entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Elíseos” que narraba una hipotética conversación entre estos dos jerarcas, el del incario y el español ambos apresados y despojados de sus reinos. El trasfondo buscaba una reivindicación para los pueblos de las Américas, rescatar los principios de un gobierno justo para todos como alternativa al yugo español. Si bien se idealizó bastante al incaico en cuanto a sus formas de gobierno lo que queda es esa sed de liberación y pasar del simple sinsabor que dejo la sublevación indígena de Tomas Katari a un movimiento independista que germiné poco a poco en los pobladores de Charcas.

Pocos creerían en el poder de estas palabras para inspirar a otros a ver la insurgencia como un camino obligatorio para buscar y soñar con esa anhelada libertad. Esos primeros retumbes harían eco en toda América y el resto ya es historia.

La Sucre de hoy, ha perdido esa mística, esa Universidad donde florecía el pensamiento, donde los ideales surgían de las aulas, de sus profesores y alumnos ahora sea un paraje marchito donde nada crece.

Las aulas estériles, no producen conocimiento, no miran al mundo como una oportunidad sino como una amenaza, se forman burócratas, piezas intercambiables en un sistema desgastado que conocemos como Estado.

Alzan la mano para pedir monedas al Gobernante de turno, hacen uso de su única muletilla para justificar su existencia: la educación superior es un derecho, sin darse cuenta como devalúan la misma al punto de hacerla accesoria, como tener una distinción o un viejo título de nobleza.   

La economía más deprimida del país, solamente por delante de Beni y Pando, no por mucho el tiempo es un enemigo inmisericorde. Un reflejo del vacío que deja su universidad, la pontífice que vive de su historia porque su presente no es suficiente.

Sus autoridades cual eunucos, solo montan guardia para que la siniestra maquinaria Estatal mantenga la producción de esclavos sin interrupciones. Pagadores de impuestos, ciudadanos “ejemplares” solidarios con el “pueblo imaginario”, los sacrificables, prescindibles que trabajaran para sostener en sus espaldas a los poderosos. Despojados de su individualidad, sumidos en la colectivización.

Elegido por la “democracia” de las mayorías, mismas mayorías sin educación, castradas mentalmente, que son inofensivas por su obediencia y su predictibilidad.

La generación de valor para los chuquisaqueños solo es posible fuera de su territorio, allá donde el verde de la prosperidad y la oportunidad abre las puertas y les permite quitarse ese polvo del pasado glorioso que solo frena los engranes de la actividad privada.

Ya puedo oír los mismos discursos, el gobernante trayendo unas cuantas piezas de pan para entretener a sus esclavos, sus representantes locales aplaudiendo incluso a sabiendas que la suerte de sus hermanos es morir en la desesperanza y el olvido.

“Aplaudan a su autoridad, que es generosa con el dinero que ustedes mismos ponen en sus bolsillos, él vela por ustedes así que sean agradecidos, no renieguen por lo que les toca, alégrense porque algo les llegó” vaya sinvergüenzas.

Reivindico a los jóvenes estudiantes de Charcas cuya hambre por conocimiento los llevo no solo a repetir sino a proponer, incomodar al poder y buscar verdaderas transformaciones. La virtud de haber sido formado para ir un poco más allá y no para llenar moldes de piezas intercambiables en el Estado: funcionario, juez, fiscal, autoridad jurisdiccional, fiscalizador, ministro, legislador.

Que bonita ha de haber sido esa primera sensación de libertad, resquebrajar el poder y convencerse así mismos de su existencia, de todo ese potencial. Por eso en honor a los insurgentes criollos:

¡Muera el mal gobierno, viva la libertad carajo!  

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, presidente de Fundación Lozanía