Opinión

11 de octubre de 2021 11:12

El Pumakatari y un sueño de modernidad


La inauguración del servicio de transporte municipal hace unos años, fue un hito en la vida de La Paz, un sistema de buses públicos casi mejor que en el primer mundo, porque no solo se trataba de buses muy limpios, nuevos, con personal muy amable, sino que tampoco permitía aglomeraciones en las horas pico, solo un número limitado de pasajeros podía viajar de pie, manteniendo una honorable distancia, era pues un servicio de gran nivel.

Aunque algunas líneas eran poco prácticas, vivo en Irpavi, y para llegar a mi destino desde el centro es menester dar una enorme vuelta, es un placer viajar cómodo, en un ambiente civilizado, en el verdadero sentido de la palabra, en un ambiente en el que los paceños empezaron a ser amables entre ellos, a ser más respetuosos con los discapacitados y con los viejos, (“tercera edad” suena mucho peor que “viejo”, dicho sea de paso). El Pumakatari se convirtió en un símbolo de modernización, y daba la sensación de que era el comienzo de una nueva era que terminaría arrinconado a los minibuses que tan mala prensa tienen.

La realidad es otra, este magnífico servicio, no puede autosostenerse, (como sucede con los minibuses), sus recaudaciones no llegan a la quinta parte de lo que cuesta su operación y mantenimiento, y eso significa un déficit, que ninguna economía puede sostener, pero que pueda acabar con la economía de una ciudad pobre como la nuestra.

¿De cómo nos enteramos de eso ahora?, Ahí está lo interesante, porque cambiamos de gobierno, porque tuvimos elecciones limpias, y el alcalde anterior se fue a su casa, y uno nuevo fue elegido. Este es buen ejemplo para entender las bondades de la democracia, y de la alternancia.

El alcalde Revilla no fue un mal alcalde, fue posiblemente un buen alcalde,  y su plan del Pumakatari, tal vez era una idea interesante que podía tener un cierto futuro, pero las cosas no salieron como se esperaba, y su administración no tomó cartas en el asunto, tal vez por una negligencia ligada a un encariñamiento del proyecto, o en su defecto, a un no querer aceptar que este no estaba funcionando. Si no hubiera habido cambio de gobierno, es posible que se hubiera persistido en el error. Es la alternancia la que hace que iniciativas problemáticas puedan ser corregidas, (más allá de que también puede suceder todo lo contrario).

El Pumakatari le costaba al Municipio aproximadamente 100 millones de bolivianos al año, una suma demasiado alta para hacernos pasar por modernos, y que beneficiaba a un porcentaje mínimo de los usuarios.  Es podría decirse, una bella mala idea. 

Lograr de que ese servicio sobreviva sin que sea tan costoso, sin que tenga un déficit insensato, es una desafío enorme para la actual administración, pero los ciudadanos tienen que estar conscientes de que si el servicio empeora, esto será por el bien de todos.

Conocemos la situación del Pumakatari, no estamos al tanto de la misma manera respecto al Teleférico, que es más bello que el Bus, pero que tal vez este costando mucho más que este.

Esta historia nos tiene que hacer reflexionar sobre el todo del manejo de la cosas pública, no todo lo que parece bueno, y hasta lo que parece justo, es factible, simplemente porque los déficits no son sostenibles. Por el otro lado el manejo irresponsable de las finanzas, por más que parezca modernizante, es un mecanismo demagógico, y muy injusto, porque distrae dineros que deberían ir a necesidades más apremiantes.

El sistema de transporte Urbano (no solo de La Paz), está en crisis y debe ser replanteado, pero parece ser que eso no va vía empresas estatales, o municipales. Aunque muchos quieran ir camino al socialismo, y el presidente Arce diga que ve en un Cuba un ejemplo a seguir.

Agustín Echalar es operador de turismo

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