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Opinión

11 de abril de 2022 09:22

Bolivia, un país N.A.P.R.T.

ESCRITORIO 1

El mes pasado hice mi primer viaje de turismo luego de que se desatara la pandemia a principios del 2020.  Me fui al Paraguay, donde descubrí un hermoso país, poblado por gente muy amable, y donde me topé con algunas sorpresas, entre otras, que en una de las zona más aras de Asunción, hay una calle que se llama Mariano Melgarejo. También me pude percatar que todo cuesta un poco menos allá que acá, salvo la gasolina que cuesta el doble, lo cual me hace sospechar que la brutal subvención que el estado da para que la gasolina sea barata, en realidad es un “gasto insulso”, porque las cosas podrían adquirir un orden económico, respetando las leyes del mercado.

Para ir al Paraguay solo necesité mi carnet de identidad, el carnet de mis vacunas, y pare de contar, porque como ya tengo más de 60 años, tampoco se me exigía la vacuna para la fiebre amarilla. Fue fácil y amable, el retorno fue otra cosa, primero porque la aerolínea canceló el vuelo, y solo vuela dos veces por semana, y segundo porque se me exigió un PCR para volver a la patria, dicho sea de paso, este me costó el equivalente a 300 bolivianos, dije que el Paraguay es más barato que Bolivia.

Ya aquí, me vengo enterando, que los turistas que quieran visitar Bolivia, no solo necesitan el famoso PCR, sino también, un seguro médico que les cubra específicamente un tratamiento contra el covid, además se pide que los pasajeros declaren en una página del ministerio de migraciones donde están alojados, y esto último a lo largo de toda su estadía, vale decir que deben registrar sus pasos, cada vez que cambian de ciudad.

Los requisitos para visitar Bolivia son onerosos, incómodos y absurdos, y desalientan al turista, y al agente de viajes a organizar un periplo por este bello país.

Curiosamente los requerimientos en los países aledaños, incluido Chile, son menores. El Perú solo exige tener dos dosis de vacunas, y un llenado de un formulario sobre eventuales síntomas, al igual que el Paraguay, el Brasil exige solo una prueba de antígeno, que es más económica y más fácil de acceder.

Las autoridades bolivianas están disparando contra el rubro de una manera muy eficiente, haciendo más difícil el poder llegar al país, esto tiene consecuencias muy graves para la reactivación del rubro que más ha sufrido durante la pandemia.

El turismo no es la más importante actividad económica del país, y nunca lo será, pero significa no solo ingresos frescos para el país, sino que además buena parte de esos ingresos se redistribuyen de una manera verdaderamente democrática, ganan todos, desde los bancos ( y sus empleados), que prestan el dinero para los emprendimientos, hasta la persona que vende agua embotellada en una esquina o a la vera de un camino, pasando por supuesto por todos los profesionales y técnicos involucrados en la actividad.

Bolivia tiene que tener una política muy simple respecto al turismo, facilitar la llegada de los turistas, no exigir visas ni requisitos absurdos, y cerciorarse de que los ingresos al país, en aeropuertos y fronteras, (Desaguadero es de pesadilla), sean amables.

Y no se crea que así se estaría descuidando la seguridad, (ciudadana o de salubridad), a Bolivia entra el que quiere sin pasar por controles, en parte porque tenemos esas inmensas fronteras, y en parte porque hasta los puestos de control están diseñados para ser violados.

Bolivia debe dejar de ser un país N.A.P.R.T. (No apto para recibir turistas).

Agustín Echalar es operador de turismo