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Sociedad

19 de noviembre de 2020 14:30

Piedras, derrumbes y desmontes: el bloqueo que asfixió a los pacientes con Covid-19

El convoy llegó a Mizque a las 08.00. Una piedra de considerable tamaño y grandes montículos de tierra que se divisaban desde lejos, advertían que por el lugar sería imposible el paso de los vehículos, recuerda Daniel. Cerca de las 22.00 del mismo día, los integrantes de la caravana perdieron la esperanza de seguir avanzando.

Ilustración: Sofi Cadena

La Paz, 19 de noviembre (ANF).- “Comíamos unas galletas, pan y refresco en los pocos momentos de descanso”, cuenta Daniel, voluntario con más de siete años de experiencia en ayuda social, de la Cruz Roja Boliviana, que fue parte de la travesía del convoy de oxígeno que intentaba llegar de Santa Cruz hasta la ciudad de La Paz. Daniel dice que se trató de una de las experiencias más importantes de su vida, hasta ahora. 

El 3 de agosto de este año la Central Obrera Boliviana (COB) inició un paro indefinido con bloqueo de carreteras para exigir elecciones generales el 6 de septiembre. La protesta se inició en medio de la pandemia del nuevo coronavirus (Covid-19).

Al paso de los días los bloqueos se fueron intensificando, organizaciones que conforman el Pacto de Unidad, afín al Movimiento Al Socialismo (MAS), se sumaban a la extrema medida de presión en medio de una pandemia que no daba tregua a los bolivianos. El 7 de agosto el país sobrepasó los 87.000 casos confirmados de coronavirus con más de 3.400 fallecidos. Las principales carreteras estaban bloqueadas con piedras, escombros, llantas y con cientos de personas movilizadas.

Miles de vehículos quedaron parados en las carreteras en al menos 70 puntos de bloqueos en el territorio nacional, mientras cientos de pacientes esperaban oxígeno y medicamentos, para poder sobrevivir en los hospitales, clínicas y centros de salud, sin contar a las personas que requerían oxígeno para tratamiento ambulatorio. 

En ese escenario complicado, jóvenes voluntarios de la Cruz Roja, en Cochabamba, se sumaron a acompañar a la caravana de vehículos y junto al representante del Defensor del Pueblo y asambleístas, estudiaban la forma de cómo pasar por los bloqueos sin agudizar el conflicto.

El convoy de vehículos, al que se sumaron, había partido de puertas de la empresa Praxair, en Santa Cruz, resguardado por un fuerte contingente policial y militar. El objetivo era llegar hasta la sede de Gobierno con el oxígeno. Se decidió que la columna de vehículos vaya hacia La Paz por Sucre, Chuquisaca, para evitar la mayor cantidad de bloqueos en el camino.

El convoy con 66 toneladas de oxígeno líquido que partió el 10 de agosto de Santa Cruz, llegó a Cochabamba el 11 de agosto, sin mayor contratiempo. El 12 de agosto partió hacia Sucre y no directamente rumbo a La Paz debido a amenazas con dinamita de grupos organizados y a la gran cantidad de rocas y tierra que existe en Sayari, en el tramo que une al valle con Oruro. El convoy desvió su ruta por Sucre-Potosí, retrasando su llegada a Oruro y La Paz, dos departamentos con mayor problema por la falta de oxígeno. 

A los pocos minutos del inicio de la travesía desde la ciudad de Cochabamba, el primer obstáculo se hizo evidente en el sector de K’ara K’ara, donde los denominados “autoconvocados” bloquearon la avenida Petrolera, al sur de Cochabamba. La intervención del representante del Defensor del Pueblo logró que se abra el paso. Las personas movilizadas comprendieron que se trataba de una acción humanitaria y que pacientes graves requerían de este elemento esencial para la vida: el oxígeno.

Mientras avanzaba la caravana, la alfombra de piedras y escombros iba tomando forma. El camino era largo y el diálogo con los bloqueadores, a cada punto que se llegaba, se hacía cada vez más difícil. 



El convoy llegó a Mizque a las 08.00. Una piedra de considerable tamaño y grandes montículos de tierra que se divisaban desde lejos, advertían que por el lugar sería imposible el paso de los vehículos, recuerda Daniel. Cerca de las 22.00 del mismo día, los integrantes de la caravana perdieron la esperanza de seguir avanzando. Las condiciones eran muy adversas. Los montículos de tierra sobre la vía principal terminaron por desanimar a los voluntarios. Decidieron pernoctar esa noche en los vehículos y esperar un mejor momento por la mañana para dialogar con los pobladores y pedirles ayuda, pero grande fue la sorpresa de todos –recuerda Daniel- cuando los ruidos de palas, picotas y el murmullo de personas jóvenes, mayores e incluso niños, despertaron a los miembros de la caravana. “Eran pobladores, a quienes no les importó la hora ni el frio de la zona y se pusieron manos a la obra a desbloquear el camino”, relata. 

Sin embargo, solo se lograba pasar por los puntos de bloqueo si lo autorizaban los dirigentes que acataban la medida de presión.

“Si la dirigencia del lugar no autorizaba el paso no podíamos hacer nada”, dice Felipe, joven voluntario y estudiante de Medicina, quien entendía la importancia de que el convoy llegue a los departamentos de Oruro y La Paz, donde el oxígeno estaba al límite y los enfermos, principalmente con Covid-19, corrían el riesgo de fallecer si dejaban de consumirlo.

“En un solo sector, no recuerdo la comunidad, eran mineros quienes no nos dejaban pasar, era en uno de los puntos radicales”, recuerda Felipe. 

Como en cada medida de presión, el diálogo fue determinante para lidiar con la dirigencia y las bases. Los movilizados daban a conocer sus pedidos y demandas. Desde la comisión que acompañaba el convoy, se dio la alerta sobre la premura de que el avance debía ser lo más rápido posible ante el riesgo de muerte para muchos pacientes. 

“El convoy de oxígeno está varado en la ruta Cochabamba-Sucre”; “El convoy se retrasa y la crisis llega a hospitales rurales”. Con titulares como estos los medios de comunicación reflejaban el paso de las cisternas hacia Sucre. Los obstáculos en el camino continuaban durante largos kilómetros. El asfalto de la carretera, el sol implacable y el trabajo de retirar piedras, tierra, llantas y todo obstáculo del camino, agotaban al personal con facilidad. “El calor en los pies se sentía con cada paso, y más aun con las más de 20 horas de viaje y con solo una hora de descanso”, recuerda Felipe. 

Los dos voluntarios contaron que tuvieron las manos lastimadas por el esfuerzo de mover piedras pesadas, pero debían continuar. “Estábamos arriesgando nuestra seguridad, tuvimos miedo, pero llegamos a Aiquile”, refiere Felipe.

“Llegamos a Aiquile y era el paraíso, la gente nos recibió, las autoridades y también la Cruz Roja filial Sucre”, señala. En adelante, hacia Sucre, los puntos de bloqueos eran menos y más fáciles de superar, por lo que el avance fue mucho más rápido. De Aiquile a Sucre hay una distancia de 138 kilómetros.

El convoy llegó a Sucre el jueves 13 de agosto por la noche y fue recibido por la población en sus puertas y ventanas, sacudiendo banderas y aplaudiendo el paso de los vehículos. A las 07.45 del viernes partió rumbo a Oruro, ya no a Potosí por los bloqueos instalados en esa ruta. 

Luego de una travesía de cinco días, desde su partida de Santa Cruz, la denominada “Caravana por la Vida” llegó a Oruro y fue recibida con los brazos abiertos. La región atravesaba una aguda crisis por falta de oxígeno y los fallecidos por falta de este insumo fueron denunciados por las autoridades. Un día después, el sábado, le convoy llegaba a La Paz, su destino final, después de seis días.

Los días de retraso ocasionados por los bloqueos causaron una crisis sanitaria por la falta de oxígeno, principalmente en los hospitales de La Paz y Oruro. La desesperación se apoderó de las familias y del personal médico de los centros de salud que públicamente pedían a los bloqueadores que dejaran pasar al convoy con oxígeno. En esos días la tragedia se hizo presente para varias familias que tuvieron que ver morir a sus seres queridos, ahogados por falta de oxígeno. 



/ANF/




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