Sociedad

12 de mayo de 2022 20:41

Miedo y ansiedad, el impacto de la pandemia en las enfermeras

Elena es otra enfermera con más de 15 años de experiencia en Neonatología y que también califica a la pandemia como la “peor experiencia”.

TAPA Una enfermera en un hospital público de La Paz. Foto. ANF
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La Paz, 13 de mayo (ANF). – Desde la llegada de la pandemia a territorio nacional, en marzo de 2020, los profesionales  de salud se vieron obligados a cambiar su rutina en los hospitales de un día a otro debido al brote repentino de la enfermedad del coronavirus, entre ellos el uso de equipos de bioseguridad para evitar contagios. Hoy, si bien las cifras de infecciones bajaron en el país, el impacto emocional se hace evidente en el personal de enfermería que sufre ansiedad, miedo e incluso estrés.

Carla (38) trabaja hace más de 10 años en el hospital de la Mujer de la ciudad de La Paz. Tiene una mirada triste y al hablar sobre la pandemia se encoge y mueve la cabeza de un lado a otro y suspira. “Ha sido la etapa más difícil”, relata con la voz apagada y comienza a relatar su experiencia durante la atención de pacientes positivos en ese nosocomio.

Cuenta que desde que se conoció sobre los primeros infectados en el país, el miedo se apoderó de los trabajadores en salud. ¿Qué es ese virus? ¿Vamos a morir? ¿Qué va a pasar? Esas eran las preguntas que hacían todos los días, pero sin respuestas. Hasta ese momento, antes de la pandemia, el personal de enfermería al igual que los médicos cumplía turnos de seis horas, pero con la enfermedad, la sobrecarga laboral se triplicó por la sobredemanda de pacientes, según Carla, pues ahora tienen que permanecer en el hospital hasta por 12 horas.

“En la primera, segunda y hasta tercera ola se ha trabajado 24 horas seguidas porque los pacientes llegaban todos los días, era agotador”, cuenta y al mismo tiempo recuerda que tenían prohibido tener contacto físico con las pacientes para evitar riesgos de contagio. Sin embargo,  como las pacientes son mujeres que a punto de dar a luz, muchas veces Carla tuvo que romper las reglas y dar la mano a las pacientes para trasmitirles calma, aunque por dentro ella temía por su propia salud y la de su familia.

“He bajado de peso”, revela y muestra sus brazos delgados. Se acomoda en una silla de madera que hay en la reducida sala de enfermería y afirma que en la primera etapa de la pandemia fue las más críticas para los profesionales en salud debido a que desconocía sobre el virus y que muchos contrajeron la enfermedad, incluso ella, pero aún así tenían que seguir atendiendo a las pacientes que llegaban a dar a luz.

 Elena es otra enfermera con más de 15 años de experiencia en Neonatología y que también califica a la pandemia como la “peor experiencia” en su trayectoria, lo que más temía era llevar el virus a su hogar donde estaba dos pequeños hijos que la esperaban todas las noches, algunas veces por seguridad tuvo que aislarse en el hospital.

“Ha sido triste vivir esa etapa, hasta ahora yo no puedo superar, me da ansiedad y tiemblo”, agrega, mientras señala que unos de los cambios que más la agobio fue tener que utilizar el mameluco o traje de bioseguridad las 24 horas del día, la máscara facial, guantes y doble barbijo que le impedían respirar con facilidad y eso le generaba taquicardia. Tuvo que resistir para no contraer el virus.

“No podíamos ni respirar, era bien difícil caminar con el mameluco y con dos barbijos, era eso o contagiarte. En las noches te dolían las orejas por las ligas de los barbijos, la cabeza por la máscara facial, era bien complicado”, cuenta.

Elena y Carla revelan que durante la primera, segunda, tercera y parte de la cuarta ola, los espacios para atender a las pacientes eran reducidos, en una sala pequeña había siete camas, cuando solo espacio daba para dos y no se cumplía el distanciamiento social para evitar contagio, esa situación les generó ansiedad y miedo a contraer la enfermedad. También le causó estrés.

“En la sala de prepartos hay espacio para tres camas, pero por la sobredemanda de pacientes había siete hasta ocho camas y no se podía ni caminar porque te chocabas y lo peor es que no había ventilación. Hemos tenido que trabajar así y eso te causaba estrés, se caía mi cabello. He llorado varias veces de impotencia porque nos hemos arriesgado harto y gracias  a Dios seguimos con vida”, afirma Elena.


Una de las salas reducidas en el Hospital de la Mujer. Foto. ANF

De acuerdo a datos del Colegio Médico de Bolivia, al menos 500 médicos y salubristas fallecieron a causa del Covid-19 en el territorio nacional.

Secuelas emocionales

La presidenta del Colegio de Psicólogos de La Paz, Verónica Alfaro, comenta que el impacto emocional de la pandemia ha generado alteraciones en el estado de ánimo y ansiedad en los profesionales de salud, incluso algunos desarrollaron los trastornos adaptativos que muchas veces afectan su rendimiento.

Alfaro agrega que no se prioriza la salud mental de los salubristas y muchas veces desencadena en depresión u otro tipo de enfermedades.

“En los centros de salud el nivel de contagios ha sido terrible, en algunos casos han muerto muchos médicos y se desencadena en depresión, bajan las defensas. Hay que entender que los vínculos en el área laboral son fuerte y cuando un jefe, colega o amigo muere por Covid-19 hay depresión, afectación emocional”, agrega.

La profesional considera que es importante que los nosocomios implementen el apoyo psicológico no solo para las pacientes, sino para el personal de salud que ha quedado con secuelas emocionales a raíz de la pandemia debido a que son los que han soportado la carga principal de la enfermedad.

“Son importantes los programas terapéuticos, el apoyo y la contención emocional. Hay que intervenir y no esperar hasta lo último, la salud mental es de suma importancia”, indica.

“Las carencias agravan el sufrimiento del personal sanitario”

Las deficiencias y las carencias en el sistema de salud agravan la salud emocional del personal de enfermería, revela otra profesional del Hospital de Clínicas y que pidió no ser identificada por temor a represalias.

“Sobrellevar y solucionar la pandemia ha sido un poco incómodo porque al principio, el coronavirus ha sido nuevo para todos. Pero al usar la vestimenta, como los mamelucos los pacientes nos veían y nos reñían porque pensábamos que nosotros teníamos la respuesta sobre el virus, pero no sabíamos ni qué era o si era mortal. Teníamos que mantener la calma para no transmitir eso a los pacientes”, agrega.


Un grupo de enfermeras y médicas atienden a un paciente. Foto. ANF

Coincide con sus colegas del hospital de la Mujer que la carga laboral fue lo primero que aumentó y tenían que realizar turnos dobles o permanecer las 24 horas del día para atender a los enfermos positivos que llegaban.

También cuenta que cada que llegaba un enfermo positivo, desde los enfermeros, camilleros y médicos se encomendaban a Dios porque no sabían a qué se enfrentaban. En algunos, había sentimientos de miedo al contagio y morir como otros de sus colegas que atendían a pacientes Covid, se contagiaban y ya no despertaban.

“Escuchar que un médico o compañero ha muerto por Covid era terrible, todos estaban tristes, todos los días parecían funeral, había miedo de todo y nada, pero lo que más afectaba era la falta de camas en terapia intensiva, los enfermos y sus familias lloraban por atención, cuando uno se moría nos culpaban, ha sido terrible, son cosas que uno quiere pasar y ahí te preguntas por qué elegí este oficio. Hasta hora, me estreso  el hecho de pensar que podemos volver  a pasar todo eso”, indica.

“Me he deprimido harto porque me quedaba aquí (en el hospital), no podía ver a mis hijos y cuando iba  a mi casa no podía tocarlos por miedo a que se contagien, parecía hipocondriaca (Obsesión con la idea de tener una enfermedad grave no diagnosticada). Antes trabajamos seis horas, en ese tiempo hacíamos hasta 24, pero ahora seguimos con 12 horas, pero a veces eso no se cumple porque nos quedamos más horas”, indica.

Carla, Elena y la otra profesional de salud exhortan a las autoridades del Ministerio de salud, la gobernación paceña y el Sedes, además de los directores a priorizar la salud mental de los trabajadores pues consideran que es necesario el apoyo psicológico para transmitir la estabilidad a los enfermos que día a día a acuden a esos establecimientos de salud en busca de atención.

/MLA/





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