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Sociedad

18 de enero de 2021 13:17

Las nuevas élites tienen capital económico, social y simbólico, pero no identidad política, según sociólogas

Ambas sociólogas coincidieron también en otro rasgo peculiar de esos sectores emergentes, como es la globalización de su comercio, sobre todo con China. Zegada citó el caso de los vendedores del mercado paceño de la Uyustus, quienes viajan dos veces al año a China para comprar productos específicos, Según Quilali, la red principal es con China, pero también abarca a España, Brasil, Argentina y Chile

FOTO1 (1) Las sociólogas Tania Quilali (iz) y Marí Teresa Zegada (vía zoom) participan en la tertulia "Hablar de Bolivia con una taza de café", moderada por el periodista Juan Carlos Salazar. Foto: Claudia Morales/ANF
SEPTIEMBRE 1

Por Juan Carlos Salazar

La Paz, 18 de enero (ANF).- Las nuevas élites de Bolivia tienen capital económico, social, cultural y simbólico, como los llamados qamiris (ricos) de origen aymara, pero no una identidad política clara, coincidieron las sociólogas Tania Quilali y María Teresa Zegada al analizar el tema de las élites emergentes en el país en las últimas décadas.

Quilali, autora de la tesis premiada “Qamiris pasantes y fraternos: la economía pasional en una comparsa del Gran Poder” y Zegada, que ha realizado varias investigaciones al respecto, abordaron el tema en el programa “Hablar de Bolivia con una taza de café”, de la Agencia de Noticias Fides (ANF).

Zegada señaló que la sociedad boliviana cambió drásticamente en los últimos 20 o 30 años, no solamente con la llegada del Movimiento al Socialismo (MAS), sino por el desplazamiento de una vieja estructura de élite, la estructura social que había en Bolivia desde la época republicana, las viejas oligarquías, y de los sectores que aparecieron a partir de la revolución de 1952. 

Estos nuevos sectores, como los qamiris -agregó-, son los más llamativos en la emergencia de las nuevas élites, pero también existen estos desplazamientos en otros sectores del país. 

Según la también politóloga, son sectores con mucho poder económico, numéricamente muy grandes, pero que no tienen una identidad política clara. “Han hecho apuestas en determinados momentos por partidos políticos, pero no se ve con claridad, como en el caso de los mineros, por ejemplo, que apostaban por los partidos de izquierda, o por los empresarios, que se apoyan en partidos más conservadores”.

Tania Quilali definió a los qamiris como migrantes de primera y segunda generación de origen aymara que han llegado a acumular un capital económico alto, pero que “no solamente poseen un capital económico, sino que también poseen un capital social, un capital cultural y un capital simbólico”.

Agregó que “no son una élite política, sino una élite social que está en otro espacio y, obviamente, no tienen una clara identificación con algún partido, con alguna ideología; están en otro espacio, un ámbito como más comunal, más globalizado y más con cosas culturales propias de ellos”. 

En este sentido, no los caracteriza como una “burguesía chola” o una “burguesía aymara”, porque a su juicio no son una burguesía como tal, puesto que por definición “una burguesía tiene una cierta influencia en el Estado, en la política, en el gobierno, y (los “qamiris”) aún no la tienen”.

Según Zegada, en realidad, la política no es un factor fundamental para estos sectores, porque la política está asociada al acceso al Estado y a ellos lo que les interesa es más bien aislarse un poco del Estado, porque el Estado les significaría su “formalización”. “Normalmente lo que ellos hacen es sortear la presencia institucional y estatal porque obviamente les resulta un obstáculo las aduanas o tener que pagar más impuestos. Por tanto, no se visibilizan de una manera tan clara como un grupo de poder”, señaló.

Agregó que la migración es uno de los factores del desplazamiento de sectores y el surgimiento de las nuevas élites a partir de la creciente tendencia de la urbanización de la población, con amplios sectores de las áreas rurales que se trasladan a las ciudades, que, si bien abandonan su lugar de origen, no olvidan su estructura de relacionamiento social o de prácticas culturales.

Y esto se da no solamente en el caso de los qamiris en La Paz y El Alto, sino también en Santa Cruz y otros escenarios, con personas asociadas a un potente poder económico que pertenecen a sectores indígenas quechuas y aymaras y que están ocupando espacios importantes en el comercio, el transporte, los servicios, entre otras áreas, según Zegada.

Hacer plata sin plata: la pasión por ganar dinero

Quilali coincide en que la migración “ha volcado las pirámides” poblacionales porque gran parte de la población rural se ha asentado en las urbes sin nada de capital, sin ingresos. De ese hecho viene el dicho de que los qamiris “hacen plata sin plata”, porque mediante el comercio llegan a acumular capital poco a poco, gracias a “su espíritu y su pasión, digamos, por ser comerciantes, por ganar dinero”.

La base de su capital económico, según Quilali, es el capital social y el fundamento de éste son las redes sociales. “Su actividad comercial y económica depende de las redes sociales, redes que se estructuran en la fiesta, la mayor expresión de los qamiris. Son las comparsas donde se relacionan, mediante redes festivas, donde participan también sus compadres, sus ahijados y otro tipo de allegados”.

“Yo diría que su máxima expresión como qamiris es la fiesta del Gran Poder, donde se los visibiliza. Es verdad, no hay nombres de millonarios, como en otros países, pero sí hay comparsas, las que tienen más poder o se ven como que tienen más poder económico o más prestigio. Otra forma de externalización de esta riqueza son los chalets, como una expresión de su éxito económico”, subrayó.

Zegada coincide en que la fiesta es la representación del poder económico de estas élites. Son los prestes, el auspicio de las fraternidades, donde se da la visibilización de su riqueza, de su prestigio y de su posicionamiento social.

Ambas sociólogas coincidieron también en otro rasgo peculiar de esos sectores emergentes, como es la globalización de su comercio, sobre todo con China. Zegada citó el caso de los vendedores del mercado paceño de la Uyustus, quienes viajan dos veces al año a China para comprar productos específicos, cuyos fabricantes agregan el sello o la característica particular que les solicita el comerciante.

“Pero, a pesar de estar conectados con un mundo tan hipermoderno, no han perdido sus características culturales fundamentales, los lazos de parentesco, las redes sociales, los momentos de festividad y de ostentación y de vinculación social, de prestigio social”, señaló.

Según Qauilali, la red principal es con China, pero también abarca a españa, Brasil, Argentina y Chile, donde se reproduce la lógica del relacionamiento económico y social, “la lógica de la fiesta”.

//JCS//ANF





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