Sociedad

17 de abril de 2017 19:45

A un mes de la trágica muerte de Eva, su familia se vuelve a reencontrar

Alan Quino el hermano mayor de la familia cree que su vida está mejorando. Aldeas Infantiles SOS alquiló una vivienda para la familia. Sus padres dejaron el hospital y dos de sus hermanos fueron inscritos en la escuela.

WhatsApp Image 2017-04-17 at 18.31.29 Alan Quino en el albergue transitorio donde permaneció con sus dos hermanos. Foto: ANF

Nancy Vacaflor G.

La Paz, 17 de abril (ANF).- Alan Quino está más aliviado porque su familia se ha reencontrado. Pasó un mes desde de la devastadora muerte, por desnutrición crónica, de su hermana menor, Eva. Las Aldeas Infantiles SOS alquiló para su familia de siete miembros una vivienda donde han podido reunirse nuevamente.

Es hijo de Lourdes Quino (44) de una anterior relación, su padrastro es Eliseo Vega (63) con quien su progenitora tuvo a sus cinco hermanos: Antonio (13), Andrés (9), Serafina (8) y Paola la menor (3). Eva murió a los 12 años, sufría de epilepsia y murió con un cuadro crítico de desnutrición, en la ciudad de El Alto.

El fallecimiento de Eva marca un después para la familia Vega Quino, porque avizora mejores días en su vida. Aldeas Infantiles SOS alquiló una vivienda para que toda la familia la habite; dos de los niños fueron inscritos en la escuela; Alan tiene trabajo. Pero lo más importante es que se vuelven a reencontrar.

Este lunes 17, la familia volvió a juntarse, Alan sabe que sobre él pesa una gran responsabilidad, pero el deseo de mantenerla unida es más fuerte. Le tranquiliza contar con una fuente laboral y un sueldo de 3.420 bolivianos que se convierte en un colchón para su vida.

“Estamos juntos al fin”, dice reconfortado. La muerte de su pequeña hermana reveló la miseria en la que vivían y los problemas de salud de sus padres. Quienes estuvieron hospitalizados. Su madre tiene una “infección muy grave”, dice a ANF, aunque los médicos no le han dado mayor explicación. La condición de salud de Eliseo es igual de débil.

Sus dos hermanas estaban en una guardería mientras que él y sus dos hermanos varones en un Albergue Transitorio. Habían quedado dispersos después de la muerte de Eva.

Ana María Saavedra directora de Género del Gobierno Autónomo de El Alto comenta que “están ansiosos” por irse a la nueva casa donde vivirán hasta que el Gobierno nacional les entregue su vivienda que comprometió regalarles.

La tragedia de la familia

Alan cuenta que los problemas le siguieron desde pequeño. Tiene una hermana mayor de la primera pareja de su madre. Ella decidió dejar su casa e independizarse molesta con su progenitora porque consumía bebidas alcohólicas y desaparecía dos o tres días del hogar.

“Una vez vino a vernos y nos dio de comer”, pero también tiene su familia reconoce Alan. Quién sabe de parte de su hermana las dificultades que desde niños tuvieron que atravesar.

Pero el drama de la familia Vega Quino empezó cuando el dueño de la casa, ubicada en Senkata, donde vivieron durante 14 años, decidió venderla. El nuevo propietario ingresó con un tractor para destruir los cuartos y construir un edificio. En ese momento, la familia sintió como si su vida hubiera quedado entre los escombros.

Hasta entonces su madre trabajaba de ayudante de cocina y limpieza, mientras que su padrastro era artesano en tejidos. “Nuestra vida era normal”, cuenta con una tristeza profunda al recordar ese momento que quebró sus vidas.

Consiguieron un cuarto de 4x4 metros, todos entraron ahí. La depresión consumió a los padres, porque no solo se vieron sin un techo, sino sin trabajo y con su salud deteriorada, al igual que la de Eva.



La desesperada búsqueda de trabajo

Alan conoció en carne propia lo difícil que es para los jóvenes tener una oportunidad laboral. Salía cada día a buscar trabajo. “Como yo soy hermano mayor, tuve que ir a buscar trabajo. Me sentía desesperado. El primer día que fui a buscar no encontré nada y así fue durante una semana. Yo quería hacer cualquier cosa con tal de ganar algo de plata”, cuenta a ANF.

No entiende por qué a pesar de existir trabajo, no le querían contratar, “parece que desconfiaban”. “Cuando regresaba a mi casa desanimado, la Paola me decía ‘tengo hambre’. Yo solo decía que no había encontrado trabajo”.

Cuando al fin le contrataron de ayudante de albañil, apenas duró  dos semanas, ganaba un jornal de 50 bolivianos, 250 bolivianos a la semana que le cancelaban a la conclusión de ésta.

Alan es delgado y de baja estatura. Su rendimiento laboral era igual y por eso le reclamaban: “no estás trabajando bien”, le decían los obreros, sin saber que el joven tenía días de mala alimentación. Días en los que solo había comido una vez en la jornada.

“Me aguantaba de comer. Durante cinco días he dejado de comer, tomaba agua. Así iba a trabajar, por eso me decían ‘50 bolivianos te vamos a pagar no estás trabajando bien’. No tenía fuerza para trabajar”, añade.

Con el pago de las dos semanas de trabajo compró arroz, azúcar, pan, huevo, leche, algo de fruta; pero las provisiones no duraron mucho tiempo. Las últimas dos semanas ya no tenían nada que comer.

Alan forma parte de la tasa de desempleo en Bolivia que de acuerdo a datos del 2016 subió de 3,5% a 4,4%. Según un estudio del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario del 2013, en El Alto, la tasa de desempleo era de 15% entre los más jóvenes, disminuye al 13% entre los que tienen 20 a 24 años y al 10% entre los mayores de 24 años.

El drama en los últimos días de vida de Eva

Una semana antes que Eva muera ya no se levantaba de cama, había perdido hasta las fuerzas para convulsionar provocadas por la epilepsia. Hubo momentos que convulsionó 10 veces durante el día y otra cantidad similar en la noche.

El desconocimiento y el temor a que le cobren por la consulta médica a su hermana, determinaron que Alan no la lleve a un hospital. Optó con sus escasos recursos económicos a comprar unas pastillas que le aliviaban a Eva, pero tampoco pudo sostener la medicación por el costo.

El último alimento de la niña fue yogurt. Su hermano compró con “cinco bolivianos” que tenía dos pequeños vasos de yogurt “le hice comer a la Eva, comió, pero ya fue muy tarde”, comenta.

“La última semana tenía 20 bolivianos, pero solo duró dos días. Ya no estábamos comiendo nada durante cinco días. Mis hermanos ya estaban muertos de hambre”, recuerda.

Aunque las cifras del Instituto Nacional de Estadística señalan que del 2005 al 2015 la pobreza disminuyó de 59,6% a 38,6% y la extrema pobreza de 36,7% a 16,8% y la economía ha sido de bonanza, Alan cree que la pobreza todavía golpea a muchas familias "tal vez no como a nosotros, pero todavía existe", afirma.

En la madrugada del 17 de marzo, Alan tuvo la primera sospecha que la fatalidad había llegado cuando advirtió que su hermana ya no respiraba, prefirió no pensar en lo peor y con sus hermanos optaron por creer que seguía dormida. Eva murió de acuerdo al diagnóstico por desnutrición crónica.

Cuando llegaron los funcionarios de la Alcaldía Municipal de El Alto se dieron cuenta que la niña había muerto. Y que la familia vivía en la extrema pobreza.



Aunque la familia desde esta semana volverá a reunirse para empezar un nuevo tiempo, la Alcaldía asegura que continuará haciendo seguimiento y guiando a Alan quien se ha convertido en el pilar de su familia.
 
La Directora de Género precisa que los padres están vivos por lo que afecto y cariño es algo que no les faltará a los niños y niñas. Añadió que contarán para este tiempo con los recursos recaudados tras la muerte de Eva que alcanza a 6 mil o 7 mil bolivianos.

Alan no ha perdido la esperanza de volver a estudiar, terminó el bachillerato y espera hacer una carrera universitaria una vez que encuentre la estabilidad de su hogar.

Con sus 19 años, no ha perdido la esperanza de mejorar su vida y la de sus hermanos, aunque lamenta que para esta nueva situación que vive, su hermana haya tenido que morir.

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